viernes, 15 de agosto de 2014

El último drama de la Batería OFF en Venezuela... ahora peor... y sin bateria

El último drama de la Batería OFF en Venezuela

Una historia Verdadera


Traspasé el portal del estacionamiento, caminé hacia el automóvil, abrí la puerta, acomodé mi humanidad en el asiento del conductor y giré la llave en el arranque para ir al trabajo e iniciar la brega del día. Y oh! Sorpresa fantasmagórica, el carro no encendió, no había corriente. La conexión estaba muerta entre la energía y el montón de metales. 

De inmediato salí despavorida buscando ayuda, pues, según mi pueril y desubicado criterio, necesitaba algún cristiano de buena voluntad que me auxiliara
con el mecanismo de cables y trompa con trompa vehicular, para encender el automóvil y poder acercarme hasta el establecimiento de la esquina donde me compraría mi nueva batería. 

- Seguramente más cara-; pensé yo, por aquello de las 5 devaluaciones lineales en menos de un año. Nada que la chequera de mi marido general no pueda resolver. Para eso tengo un general en casa, para que traiga comida importada,
consiga electrodomésticos a buen precio y me colabore con la cría de los cinco hijos que durante nuestro maravilloso matrimonio de 20 años, hemos sostenido a fuego y pólvora.

De pronto, llegó el señor Renatto, el dueño del estacionamiento donde aparco mi carro hace 20 años también. Llegó presto ayudarme. Yo apuraita. Él, con paso longevo me detuvo con sus lacerantes frases de siempre. 

- Profesora, no hay baterías para la venta, ni en la esquina, ni más allá- . Allí me informó que las baterías escaseaban de forma alarmante. Que había que hacer cola y anotarse en listas de espera desde las 4 de la madrugada, a ver? Que además los precios se triplicaban y que ya este dato no era importante pues lo sustantivo era poder conseguirlas. 

Explicó, asimismo, que para comprar alguna debería entregar la batería vieja, ya que los distribuidores las solicitaban para convertirlas en lingotes de plomo que se usaban como materia prima en la nueva mercancía, pues acabaron con el mercado de plomo puro en polvo, materia prima base para la elaboración de estos bienes. Igualmente, me alertó que me olvidará de las garantías, que eso ya no existe en Venezuela. 

Entonces, llamé a mi esposo y me dijo que estaba
ocupado, desbaratando guarimbas y poniendo preso a los estudiantes. Que resolviera yo sola.

Renatto respiró profundo y continuó diciendo que el principal problema era la alta deuda con los proveedores internacionales, que ascendía a 203 millones de dólares y que dicho sector requería que les cancelaran “ya las solicitudes de más de 150 días de retraso, lo cual representaba unos $126 millones”. 

Luego, me alertó que también escaseaban los aceites, grasas, resinas y grafitos. Finalmente, Renatto bajó la cabeza como toro cuando cornea al torero, me miró con sus ojos marinos alegando que si la conseguía tuviese cuidado pues había bandas roba baterías y cauchos en toda Venezuela, además del saqueo Colombiano fronterizo de siempre. Pero que, yo no tenía problema por aquello de mi pariente el general, tan cerca de Dios y de mi camita.

Súbitamente desperté de la horrible pesadilla. Estaba soltera y sin prole épica, gracias a Dios. La angustia me obligó a tomar manzanilla. Me puse la ropita, brinqué a la calle, agarré el autobús y llegué al trabajo desde donde les cuento que en Venezuela la batería está off. Apagada.
 




Gracias a Dios que desperté!!!!!!

Cóctel Económico

Cóctel Económico

Para ir reflexionando sobre una 
nueva economía en Venezuela

La economía es una acción inherente a la vida humana y su ciencia apertura el nacimiento de la ciencia social desde los anales del siglo XVIII. Hoy, es tema cumbre en Venezuela pues el epicentro de la economía es la satisfacción de las necesidades humanas, con recursos escasos, y mientras más escasos, más caros son los bienes económicos.

La paradoja económica en Venezuela no ha cambiado desde hace más de cien años: país rico en recursos naturales, amplias potencialidades, múltiples recursos en los tres sectores económicos, población joven, abundante energía y, sin embargo, persiste una gran
pobreza multifactorial con una terrible dependencia tecnológica e industrial, lo cual, se ha traducido en el recurrente debilitamiento del aparato productivo, la desinversión y un desaceleramiento de la producción de riqueza.

La política económica desde hace más de cinco décadas intentó la sustitución de importaciones y el desarrollo hacia adentro, finalidades éstas que siguen vigentes en el repertorio de los últimos gobiernos, sin éxito consumado hasta el día de hoy. Pues, lo que ha mostrado la inmensa
bonanza en los últimos años en Venezuela ha sido que, tener abundantes recursos es una condición necesaria para el crecimiento económico, pero comprometerse con una excelente administración y gerencia de los recursos es la condición para incorporarse en la esfera de los desarrollados.

No basta tener mucho, es necesario administrar bien para que florezca la economía. Una política económica que garantice únicamente crecimiento no permite el desarrollo. Se requiere de una suerte de “coctel”
constituida por elementos “extra económicos” para que los bienes escasos puedan florecer y crear verdadera riqueza.

Las divisas que han ingresado a Venezuela por más de quince años no han aportado más que cinco grandes obras relevantes ejecutadas por compañías extranjeras, gasto público exorbitante y crecimiento de la deuda pública. Hemos sembrado en el aire y dilapidamos una inmensa fortuna. La peor administración es aquella que no hace nada con eficiencia, pero despilfarrar un patrimonio tan inmenso es inmoral.

El riesgo país aumentó en los últimos años, acompañado de una destrucción paulatina y sistémica del aparato productivo interno que genera escasez y
desabastecimiento crónico, falta de divisas y de reservas. La estrategia de desarrollo endógeno, tan hermosamente dibujada, quedó para el Garnica del futuro. Somos los más pobres de América con títulos de propiedad de un país rico con vastos recursos.



La falta de ética y capacidad gerencial han dado inicio al cóctel de la Venezuela pobre. Se requiere restituir la confianza del inversionista nativo y extranjero, racionalizar el gatos interno, administrar con visión sustentable, reorganizar PDVSA, eliminar las instituciones
gubernamentales del despilfarro, cortar los miles de convenios internacionales fraudulentos y dar estabilidad a la producción a través de leyes que apoyen el factor de mano de obra, tanto como el del capital. La economía es exacta, cualquier alteración en la receta hace que el coctel salga mal (un poco piche) y como esto último, se encuentra la economía nacional.





jueves, 14 de agosto de 2014

Espada de sangre en Guardatinajas

Espada de sangre en Guardatinajas


Cuenta la leyenda que desde el perdido año de 1769 los indios Guaiquires fueron trasladados, con acuerdo del Gobernador, al sitio de la nueva Misión de Santa Bárbara de Guardatinajas, ubicada seis leguas distante y cerca del río Tiznados y desde ese fecha, no hubo tanto alboroto como la noche en que Doña Tula, una bruja mulata colombiana decretó: 
-Hoy mato a esa india del diablo-.

Ese fue el primer y gran relato de recepción en el polvoriento poblado que me recibió. Yo andaba de paso intentando acampar en Monteoscuro pues mis  alumnos de la Universidad me esperaban en Zaraza. El aire seco, con olor a monte y tierra
vieja me envolvía a cada paso del tiempo. Un sol ácido nos cubría cuando indagaba el origen de la extraña sequía del Batey. Era un sitio estratégico de cruce de caminos entre el oriente y los llanos de Venezuela.



Entre las narraciones me enteré que Artemisa Celina alias Doña Tula llegó a Guardatinajas en Corpus Cristi para quitarle un daño a Don José Cantarellas, conocido en el pueblo como Boves, por su fisonomía, origen español y lo sanguinario que resultaba con sus enemigos. Él era, además, un millonario y en prenda por los favores recibido de la bruja, él, la dejó viviendo en una de sus casas del centro del pueblo, apertrechada con una escuálida finca de donde se erigió como una buena comerciante de maíz, entre muchos otros oficios.

-El español es una santo-, decía bufando humo de tabaco que compartía con el blanco quien, semanalmente, le donaba tres
Iglesia de Guardatinajas, Guarico
cajas de habano, aguardiente, diez gallos y un saco de algún tubérculo de la cosecha del momento para mantenerlo espiritualmente limpio de todo maleficio. Tula, iba a misa pero el cura no quería darle la comunión por bruja y libertina hasta el día que ésta le relinchó con odio en plena misa; 
- Si insiste en la guerra contra mi persona, le digo a Benito que usted se acuesta con su esposa-

Ese día, en la iglesia, comenzó la tragedia y el cura permitió, a regañadientes, la comunión de la colombiana. Tula y la India Rosa eran vecinas, amigas, confidentes. Sin embargo, un buen día, fin de semana y como todos los sábados, Rosa se percató que Benito, el congito, como le decían a su marido, cruzó por detrás la verja desde el zaguán de la colombiana y desembocó en su casa. El hombre alegó que Tula le retiraba un daño y que
el trabajo duró toda la noche, historia que Rosa nunca creyó, pues sabía de las predilecciones sexuales de su vecina, de su voracidad por el dinero y de su condición ninfomaníaca.-Yo necesito sexo todos los días, esa es la fuente de mi hechicería-repetía la Tula, a los cuatro vientos, sin casto pudor. Rosa le declaró la guerra a Doña Tula desde ese día por traicionarla con su marido Benito.

Yo me sentía desfallecer no sólo por el sopor caliente del mediodía sino por la perorata parlanchina del bodeguero que además, hacía de médico, contador y jefe de la policía del pueblo, sin contar que entre otras actividades coordinaba la manga de coleo y las ferias que todos los cuatro de Diciembre se le celebraban a la Santa Bárbara patrona de Guardatinajas.


Santa Bárbara Bendita
Saque el pañuelo almidonado y me enjugue dejándole una película de sudor y tierra incrustada en los hilos. Parecía que todo el sol y el calor de la tierra se concentraban a la doce y media, en la plaza de Guardatinajas. Sólo el viento nos guiaba la ruta, brisa cocinada en Mastranto, bosta seca y casuchas descoloridas con techos de zinc y árboles frondosos nos servían de utilería del momento. Viré la cara a mi asistente replicándole:


-¿Y dicen que Venezuela llegó al siglo XXI?; No será por estos lares- inquirí. Él respondió: 
-Deme una cerveza y refrésquese usted también, mi doctor, mire que el camino es largo en el llano-


Yo, sin pensar mucho, recibí el frasco helado y dejé que el divino sabor de cebada me reconfortara hasta el alma.

Así estuvimos un buen rato en trio parlanchín, flanqueado por mi asistente y el bodegero intercambiando datos y conversando sobre los cuentos de los llanos. Pero cuando el alcohol hizo que la conversación entrara en confianza y el juego del compadrazgo se hiciere presente, el vendedor nos advirtió:
Cuídense de Tula y de sus fantasmas. Es una bruja mala. En Guardatinajas todos le tienen miedo y es protegida del catire Boves pues es su bruja personal. Muchos dicen que mata y seca a la gente-. En mi interior, entre el alcohol y el cansancio me alegraba la creatividad de los paisanos de la zona, de sus costumbres y de sus advertencias. 

-Por aquí mismito sale una de sus víctimas, la india Rosa. Dicen que la mató porque le rompió los helechos y le robó una morrocoya-. Allí, hizo una mueca socarrona y continuó: 

-Otros dicen que fue por cosas del corazón. Lo cierto es que deben tener cuidado por el centro durante el atardecer. Dicen
que deambula el ánima de la india tratando de encontrar a su marido: por cierto a él lo encontraron abombado hace un año en un zajón, explotado de tanto sol. Dicen que fue la borrachera- replicó pegando la carcajada.

Otros, mientan que fue el ánima de Rosa, mandada por Tula, para que aprendiera a comportarse bien. Cuídense y guarézcanse hasta mañana en la pensión de Fifina, está allá al fondo-; remató el paisano señalando una casita diagonal a la plaza. 

En este punto ya estábamos borrachos, caminamos hasta la referida posada de misia Fifina y allí dormí hasta que el calor se alejó con el sol. Me despertaron los largos ronquitos del asistente y el tumulto retumbe de las aspas del ventilador que seguía soplando aire hirviente. Salí de la casucha, me persigne frente a la iglesia, saque mi estampita de Santa Bárbara entregada por mi madre para que me cuidara y cuando me disponía a descansar en uno de los bancos destartalados de la plaza, una bocanada de humo negro me abordó por la espalda. Su voz cálida me sedujo de inmediato. Al regresar la vista, una mujer negra con cara de pantera me invitaba a su habitación. Sentí escalofríos, luego olor a jazmín e inmensas ganas de tener coito con ella. Se acercó, impúdicamente me toco, besó y cuando tomamos el rumbo hacia su rancho el estridente grito de un descomunal rayo me sacó de mi desacostumbrada obnubilación. La mujer entró en cólera cuando se sintió despreciada. Yo lo sentí en el alma y le pedí escusas.

En ese momento me maldijo con alaridos y me condenó a muerte según sus poderes, dio la vuelta y se perdió en el monte. Sentí que un centenar de espíritus negros recaían sobre mí. Saque la estampa de Santa Bárbara y la estreché a mi pecho pidiendo protección. De pronto, un enorme rayo golpeó sobre el tope de la cruz de la iglesia, bajo a través del terraplén en forma de bola de fuego y terminó en el suelo. Luego, corrió por
en medio de la plaza hasta tomar la calle donde me hallaba. Siguió rotando con millones de luces hasta llegar hasta mi lado.  Entró por mi brazo derecho, recorrió mi cuerpo y salió por el mismo sitio, tomo nuevamente la calle y se perdió en el camino. Yo no supe que paso, pero a partir de ese momento me sentí tranquilo y reconfortado, sin miedo, ni sensaciones diabólicas rondándome. Regrese a la pensión y dormí plácidamente hasta el alba.

Como a las siete de la mañana una escandalera me despertó. Salimos todos corriendo hacia la plaza. La gritería venia de la Iglesia. Todo el pueblo se acercó hasta el lugar. Cuando entramos a la modesta capilla el cura lloraba y encontramos que el busto de Santa Bárbara empuñaba su espada clavada en la garganta de Doña Tula. El comisario inició la investigación y el pueblo dijo que fue un castigo a la mujer por sus fechorías e
inmensa maldad. No sé cuál será la verdad de los acontecimientos, sólo sé que partimos prestos del pueblo rumbo al Batey y que algunas noches siento un viento podrido de pantera que me acecha por la espalda y parece azotarme desde Guardatinajas. Todos los cuatro de Diciembre comparezco ante Santa Bárbara, con sus rosas escarlatas color sangre en Guardatinajas y aún dicen que Doña Tula y sus ánimas asesinadas siguen asustando a los nuevos forasteros.





viernes, 1 de agosto de 2014

Mi padre PC o Erasmo Rotterman

Mi padre PC o 
Erasmo R. 


No es juego, sino una terrible verdad que paraliza de estupor si pensamos en el futuro de la sociedad del rectángulo. Es un problema global la cantidad de personas, particularmente adolescentes, que sólo saben hacer nada más que Internet, viajar a través de las redes, jugar, elucidar con pornografía, comunicación, algo de “aprendizaje” en idiomas sobre todo algunos, los que aún no están completamente locos y mantienen un cable conectado con la familia y la vida. 

Es la pobreza del desarrollo lo que se muestra en la alienación de las nuevas generaciones al Internet, redes sociales y demás espacios tecnológicos gratuitos que permiten esa apetecible alucinación de escape del ser humano. Se trata de la sensación de libertad, poder viajar sin gastar un dólar, encontrar nuevas relaciones con personas de diversas latitudes; en otras palabras, el mundo entero al alcance de un botón de encendido. La ilusión de libertad, seguridad, igualdad y finalmente felicidad, valores éstos que guían a la sociedad mundial actual pero que siempre estarán en el plano de lo onírico para los pobres y los realistas. 

Los ricos y los locos se la pasan de lo lindo pues
logran vivir en ese mundo deseado por ellos y por la mayoría de la humanidad planetaria ya que la vida les ha dado ese poder. Los primeros, por sus dólares; los segundos, por el escape de su mente. Erasmo de Rotterman o Desiderio Erasmo lo patentó perfectamente en su apologético texto Elogio de la locura el cual, parece haber sido escrito en la Venezuela de hoy, por algunos recién idos y aún ni tan idos; y si lo pensamos bien, este texto tiene más vigencia en la sociedad actual que en el Renacimiento. 

Pero no crean mis lectores que se trata sólo de los adolescentes de las mega, hiper ciudades superpobladas donde los jóvenes encuentran familia en los chips y en las redes de la tecnología del XXI. El caso se da en pequeñas poblaciones de Venezuela, lejos, por allá, en perdidos y olvidados municipios, donde el diablo perdió los zapatos y por ello cada vez que se va más la luz, con alta frecuencia de reloj inglés, los jóvenes, adictos tecnológicos, protestan ante lo humano que tienen alrededor para comprar una planta de electricidad pues, el oxígeno de su vida depende de su conexión tecnológica. 

Estos chiquillos sufren en la Venezuela desenergizada de hoy día. Nuestros jóvenes…, unos atrapados entre el mal de la pobreza, con su secuela de droga, hambre y muerte; los de la enclenque clase media, todo el día solos, sin tener con quien hablar más que con una sirvienta de dos días, la gente de la escuela (vaya usted a saber quiénes son, dónde están, cuál es el target y que hacen???) y con padres que asemejan carritos nuevos, que no forman, ni educan para no chocar con los hijos,
pues los ven tan poco, a ratos, que no quieren desgastar sus insipientes minutos en peleas y reflexiones profundas que generen distancias entre ellos. La nueva familia trabajadora profesional perfecta. Traen hijos para entregarlos a las computadoras y a las sirvientas? 

Así, se forma un esclavo, psicópata, perdedor, dejándolo hacer cualquier cosa para quedar bien con su propia conciencia familiar de trabajador pobre clase emparedado. ¡Ay¡, los trabajadores emergentes, son una casta. Esto me lo contaron los jóvenes, lo escuché de labios pueriles narrando entre risitas, como una gracia. 

- Considero a la computadora mi familia. A veces la llamo de varón cuando me refiero a mi padre, a veces de hembra, cuando me refiero a mi madre, siempre tienen nombre. Con ella paso casi todo mi tiempo, incluso en año nuevo, cuando se van a dormir temprano parto el año nuevo con ella. Es mi familia más importante. No sé qué haría si ella no existiera, creo que sería capaz de suicidarme. No entiendo mi vida lejos de la computadora, pues en ella y con ella hago y tengo todo lo que necesito y deseo. Es mi amiga y familia inseparable -. 

Entenderán mis queridos lectores que en este punto del dialogo, mientras los jóvenes mostraban su condición alienada, perdidos entre los virus y
pranes computacionales, yo me imaginaba la Venezuela del futuro llena de personas indiferentes a los verdaderos problemas de su entorno, sin capacidades para enfrentar la vida más allá que las pantallas que los rodean: PC, TV, cine, aipot, teléfonos y demás cajones cuadrados. 

Erasmo de Rotterdam, cuanta falta nos haces en esta loca Venezuela de hoy y la que les espera mañana a los cuatro locos que aguanten vivos. Pero tengamos fé que la tecnología salva. La locura se pega como virus, mira pa eso lo que estoy escribiendo…si no crees pregunta a los que pasan horas en la cola de las compras. Ya se acostumbraron a la locura.





















EL TESISTA (La muerte del drama de todo menos tesis) #Cuento

EL TESISTA
(La muerte del drama de todo menos tesis) 




Marco Antonio, tiritando de frío, se frotaba la barba encanecida, en medio del hedor de sus desagües enfermizos que le auguraban una pronta y atormentada despedida de la vida. El viejo estudiante de metalurgia, como fiera herida, roncaba unos alaridos solitarios y secos, con el único fin de llamar la atención de algún miembro de su familia, para que en medio del silencio ensordecedor de la noche mentolada, le arrimasen el pastillero roído de metal, que repleto de pepitas coloreadas representaban, según él, un alivio a las múltiples laceraciones de sus desgastados riñones.


En la fantasía de las tres y treinta de la mañana y desde hacia ya varios años, las pepitas, de talante multicolor, se convirtieron en la fórmula mental para que el viejo se mantuviese en la vida, a pesar que éstas, no eran más que candorosos caramelos de vainilla, porque ya nada se puede hacer por su salud, dijo el médico, en tono apesadumbrado, ni siquiera por disminuir sus constantes y crecientes dolores y defecaciones, terminó redoblando el viejo doctor en tono cálido a sus familiares, que obstinados lo miraban escépticamente. En ese momento desesperado, mientras el dolor se le derramaba al hombre a través de sus enclenques huesos y con la poca imaginación que los alaridos le permitían conciliar, la puerta verdinegra y ahuecada de su habitación se abrió, de par en par y con elegancia y garbo de protagonista irrumpió, lentamente, la muerte. Ella, desde la altivez de su infinitud abismal, miró al viejo a los ojos desorbitados de dolor y sin más gestos de misericordia que los que su calavera amarillenta y escarpada permitían, resultado del paso inmemorial de los años, lo invitó, con premura, a que por fin el hombre se muriera, aportándole, desde el eco del límite del misterio, un seco: -¡vámonos!, estoy muy apurada-. 

 El anciano levantó la cabeza y se quedó observando a la muerte de frente, con cara seria y sin intimidarse en lo más mínimo, ni demostrar, un solo síntoma de asombro y respondió,  discúlpeme pero que en este momento no puedo acompañarla. Será en otra oportunidad, pues estoy pendiente de concluir un trabajo muy importante para mi futuro

La muerte, con un golpe seco, echó la cabeza hacia atrás y se despojó de su enorme capucha hechizada y dejándole ver a Marco Antonio, todo el vacío de su rostro, sin perder por un instante su cadavérica sonrisa, le interrogó acerca de los motivos de su rotunda negativa. No sin advertirle, que no me gusta perder el tiempo con mortales, viejos, enfermos y caprichosos. Así que hágame el favor de circular, pues, tengo mucho trabajo y voy retardada. Mire que es noche de brujas y a la gente le encanta morirse por estas fechas. 

El añejado personaje desfiguró el rostro, en medio de quejidos adoloridos, explicándole a la muerte que no podía acompañarla por el momento, ya que no he terminado la tesis de grado y por tanto, no me he podido graduar de ingeniero en metalurgia. 

La muerte giró la cabeza hacia los lados como buscando algo y quedó estupefacta al escuchar las palabras del estudiante. Nunca se había encontrado con semejante situación y mucho menos, de voz de un anciano enclenque y putrefacto, con más historia que futuro. 

El estudiante, resueltamente, con rostro de solicitud y en tono delicado le terminó pidiendo a la muerte que le acercara el pastillero, pues, me duele mucho la cadera para agacharme y si no me tomo ahora las medicinas, no podré dormir bien esta noche. He dispuesto el día de mañana para revisar algunos materiales de la tesis y si no lo cumplo, me será imposible comenzar temprano con mis obligaciones académicas. Es que los dolores de cadera me empiezan, generalmente, después de las dos de la tarde, cuando tengo que ir al baño y se me hinchan los pies

 La muerte, clavó la guadaña en el pastillero y lo acercó frente al rostro del viejo, mientras sus ojos vacíos se llenaban de espesura y de un acertijo meridional con estelas de impaciencia. Marco Antonio terminó dándole las gracias, de corazón a la muerte, por la atención de acercarle las pepitas coloreadas y después de engullir como animal, varias de ellas; comenzó, primero


con dificultad y después con más soltura, a comentarle a su interlocutora, los motivos que le impedían acompañarla, ya que, si no concluyo mi tesis de grado, no podré obtener, por fin, después de cuarenta años, el grado de profesional universitario. 

Aún, la muerte, sin comprender a cabalidad lo difícil y extravagante de la situación, decidió tener algo de paciencia con el maloliente viejo, giró hacia el costado contrario de la cama, ataviada de cobijas rayadas, olorosas a sangre y a pernicioso orín, tomó asiento con cuidado en la orilla del catre, no sin antes apoyar la guadaña, delicadamente, en el copete de la cama, cruzó los huesudos pies de color tierra, derramados debajo del largo batolón, hilado con sangre coagulada. Con palabras serenas, la muerte, le indicó al estudiante que estoy cansada de escuchar, a lo largo de los tiempos infinitos, artos motivos para no llevarme a los mortales, pero te confieso, que es primera vez, que un viejo decrepito como tú, me solicita un armisticio de vida por no haber concluido una tesis de grado. No entiendo porque yo, que soy tan responsable con mis deberes, debo dejar de consumar mis responsabilidades por causa del incumplimiento de las tuyas. 

La muerte cruzó los brazos, mientras remató con un celebre: soy toda oídos. El hombre con gran serenidad y con la complacencia reflejada en el rostro por no sentir las pulsaciones en los riñones, encaramó las piernas del otro lado del catre y quedó acostado, con placidez, frente a su interlocutora. Y mientras, Marco Antonio, comentaba que le agradecía profundamente el favor de haberle alcanzado el pastillero con las pepitas de colores, lo que le había permitido, al menos, por ahora, dejar de sentir pulsaciones y puyadas en los riñones, el viejo, comenzó un rosario de verdaderos motivos que me impidieron, de verdad, verdad, por más esfuerzo que hice terminar con la tesis de grado para lograr graduarme de ingeniero en metalurgia. La muerte sin dejarlo hablar, lo miró riéndose y terminó por preguntarle ¿si es que la metalurgia es muy difícil para ti, porque no te cambiaste de especialidad y te inscribiste en civil?. La mayoría de los ingenieros que me llevo por estos lados son graduados en eso. 

Marcos le explicó a la muerte que cuando el inició el estudio de la carrera en metalurgia, fue porque el verdadero campo de trabajo estaba en las calderas. Por eso yo decidí estudiar esa especialidad. Necesitaba ganarme la vida desde muy jovencito. Yo me enamoré adolescente, cuando aún era estudiante, de una vecina hermosa y risueña. A lo cual la muerte, relinchando los dedos fieramente le suplicó que no te pongas romántico y vete al grano, por favor, no soporto a los viejos sentimentales, pobres y cursis. 

Luego, el estudiante, percatándose del mal genio de la muerte, después de haberse liberado del azote de los dolores de cadera le explicó que, de éstos amoríos nació una niña, y me ví en la obligación de buscarme un trabajo a tiempo completo. De esta forma, cuando llegaba a la casa, ya era bien entrada la noche y aunque yo deseaba estudiar, generalmente, me encontraba sumamente cansado para realizar la tesis. Después vinieron dos hijos más, las responsabilidades familiares aumentaron, necesité más dinero, creció la carga de trabajo por lo que descuide, por completo, la elaboración de la tesis. Así transcurrieron diez años, después de haber terminado la escolaridad en la facultad de ingeniería. La muerte escuchaba aletargada con rostro escéptico. 

No se le movía ni uno solo de los huesitos del rostro. Todo el discurso del vejestorio hombre le parecía demasiado común y en el fondo, le producía una repugnancia de cotidiana mortalidad. A la muerte siempre la decepcionó la pobreza y Marco Antonio daba muestras de una escasez, infranqueable, a lo largo del relato. 

Regresé a la Universidad para buscar un tutor e introducir el proyecto de tesis y todas las cosas allí habían cambiado. A lo que la muerte torciendo los huecos de los ojos hacia arriba interrumpió diciendo me lo imagino. Lo único que no les cambia a los humanos soy yo, todo lo demás se les releva constantemente, aunque insistan en no comprender esa máxima tan elemental, terminó murmurando la muerte, entre dientes. 

Miles de obstáculos aparecieron. Ya no conocía a nadie en la universidad. Estaba sin amigos, ni relacionados que pudieran tenderme una manita. Me informaron que el pensum de estudios había cambiado y que para graduarme, debía inscribir tres nuevas materias, pues, había quedado sometido a un régimen curricular especial. Transcurrieron tres años hasta lograr la reincorporación como estudiante normal y poco a poco, como pude, cursé las materias que me faltaban. Así paso el tiempo hasta que llegó el divorcio. 

La muerte estaba casi adormitada ante el relato del viejo estudiante, aprovechando el cuento para descansar. Enderezó la cabeza etéreamente doblada y moviendo los dedos lentamente terminó por increpar un sutil, sigue, sin cursilerías, por favor

La separación de mi esposa Gladis fue devastadora para mí. Me dedique al trabajo con el mismo entusiasmo que a la bebida. Supongo que fue en ese entonces que se me enfermó el hígado y el baso, replicó el hombre en tono reflexivo, mientras la muerte, con acento bucólico gruñó una, ¡aja!, decepcionado. Después vino lo peor, rememoró el viejo con excitación, Gladis me quitó los niños y por más de cuatro años no los pude volver a ver. Fue un tiempo terrible donde dejé de creer en la vida, alegó el anciano apesadumbradamente, mientras la muerte le interrogaba en tono irónico: pero tampoco creías en mi, pues, ni siquiera intentaste un pequeño suicidio, expuso el costal de huesos en aireado acento de romanticismo. No pensaste ni un poquito en mi, terminó concluyendo la muerte incrédulamente. 

No se crea Señora, usted nunca me ha preocupado lo suficiente. Su llegada es de tal inexorabilidad que tan sólo pensar con la idea de detenerla es símbolo de testarudez infinita. Todos vamos a morir, tarde o temprano. El problema no se limita a la irremediable presencia de la muerte, sino más bien, el drama consiste en la gallardía, la magia y la fortaleza con que se enfrenta la vida


En ese momento la muerte alteró su faz de incomodidad por lo que estaba escuchando del viejo estudiante y comenzó a considerar, con seriedad, las palabras del hombre. Yo sufrí mucho con la separación de mis hijos, la muerte de mi madre y la perdición de mis hermanos. Siempre soñé con una vida feliz y sólo he vivido a cambio angustias y sinsabores. Pero créame, muerte, ¿No se molesta si le digo muerte?, interpeló Marco Antonio respetuosamente, mientras ella respondió con un flácido ademán de mano y replicó sin tregua, eso soy y termíname de contar tu historia, mira que me hallo muy apurada esta noche, ya te lo dije Marco Antonio. 

El viejo continuó el dialogo entristecido. Luego conseguí el amor y eso me liberó de usted. A lo cual, la muerte gruñó un te salvó la mujer tuya que por fin pudiste mantener. El viejo continúo como si no hubiese escuchado los comentarios de la muerte. Y en verdad el amor lo había salvado del alcohol pero lo retiró una vez más de la tesis cuando me puse a vivir con Francia no tenia ganas de ir a la universidad. Siempre me gustó compartir con la gorda todas las cosas, la comida, los viajes hasta que nuevamente dio a luz una niña bel...bla, bla, bla.

El viejo se percató de los ronquidos sordos de la muerte y permaneció en silencio. Instantáneamente Roberto abrió la puerta del cuarto de su abuelo y le preguntó ¿cómo te sientes?, ¿ porqué estas descansado con la muerte al lado?, ¿no te dan miedo, tantos huesos sucios cerca de ti.? La muerte se despertó colérica porque más sucios y cochinos serán los tuyos. Dentro de muy poco, mocoso infeliz, te llevo conmigo. Me tienes cansada y no acepto tus difamaciones. Tres veces te he salvado, pero hasta aquí llegaste cabezón

 El viejo continuó con severidad su relato sobre las dificultades de la tesis mientras Roberto, sin inmutarse ante las amenazas de la muerte, se acercó a la cama y se recostó en la guadaña para poder escuchar a su abuelo de cerca. La muerte, enojada, sacudió la guadaña de luna y empujó al joven, no sin reiterarle que eres un pasado y un abusador. Siempre me han molestado estos prodigios humanos. No me toques la guadaña y párate de ahí. Entretanto el jovenzuelo la miraba de reojo sin temor, ni apuro hasta que le expuso con elegancia por favor no me grites. Desde que nací estoy amenazado con morirme pero a pesar que siempre vienes a buscarme yo termino salvándome. Ya no me reconoces, soy amigo tuyo, últimamente, en mis gravedades te has dedicado a jugar conmigo. Soy yo, tu amigo Roberto.


La muerte enfocó bien los huecos de su rostro y metiendo la mano en el bolsillo de su batolón, extrajo unos pequeños espejuelos, los limpió lentamente y se los colocó sobre el rostro. 

Después se volteo hacia el muchacho y se le quedo mirando con precisión. La muerte pegó un grito de alegría manifestando un vente para acá amiguito, tenía tiempo que no te veía. La última vez fue cuando te dio la meningitis y jugamos en el jardín del hospital. Pero si eres tu Robertico. Ven y dame un beso. 

 El mozo se incorporó lentamente, abrazó a la muerte, le dio un beso en el rostro y se la quedo mirando de cerca, al tiempo que terminó susurrando en verdad como que ya estas vieja. ¿No me reconoces?. Ten cuidado, por que así vas y te llevas a cualquiera, aunque no le toque. Déjate esos espejuelos puestos cosa que no te vayas a equivocar de muerto. 

 Ella se reía a mandíbula batiente mientras jugaba a darle golpecitos en la barriga del joven y él trataba de esquivarla como en los buenos tiempos verdad mi amor, pregonaba la muerte fascinada con el encuentro. 

Pero ahora dime que tienes que ver tú con este viejo rancio, patético y moralista, replicó en voz baja la muerte en el oído de Robertico. Amiga, él es mi abuelo. Marco Antonio es mi abuelito, no te lo vayas a llevar a él. Sácate a cualquier otro de aquí pero el viejito es muy bueno conmigo, sobre todo cuando me enfermo. Es el único que me consciente, pero además, es un señor muy estudioso. Siempre vive buscando papeles y libros. Chica. ¿ Por qué no lo ayudas, así como hiciste conmigo?. 


Marco Antonio estaba mudo de la impresión al ver la camaradería con que la muerte y el más pequeño de sus nietos se trataban. ¿Y porque tu nunca nos dijiste que veías a la muerte?; eres un desconsiderado Robertico, replicó el viejo. No se trata de eso, sino que yo hice un pacto con ella y lo cumplí. La veía, pero no decía nada, ese era el acuerdo. Respondió el joven tristemente. 

Por que él, sí que es un joven con voluntad y libertad que cumple lo que se propone. Sabe cumplir ordenes, particularmente, las propias. Eso es libertad, poder cumplir las ordenes que uno mismo se da. No como tú, que eres un moralista sin palabra. Nunca has podido cumplir la orden de terminar la tesis. Eres un viejo sin voluntad. ¡Un esclavo!. Remató la muerte rabiosamente. 

 Robertico arrimó de un ladito a la muerte y se sentó al lado de ella y lentamente se le acercó al oído, para que sepas que el es muy sentimental y a todos nos ha ayudado y ha trabajado mucho toda su vida. Pero el solito para todo. Hay cosas que no se puede lograr solo, como la bendita tesis, de la cual se queja todos los días. El viejo esta frustrado por su falta de voluntad y tú, encima, en ves de llevártelo, te sientas a meterle el dedo en la llaga y escucharle sus delirios de tesista frustrado. Es que tú no eres fácil. 

 La muerte enternecida por las palabras del joven Roberto le respondió susurrante ¿Tú lo quieres verdad?, y él, mirándola a los ojos, sin parpadear, remató: mucho, lo quiero mucho y yo creo que en esta casa, ese viejo es el único que me quiere a mí. La telúrica sombra miró el reloj de pared, se incorporó de la cama donde Marco Antonio yacía medio adormitado y con la guadaña tocándole la barriga al viejo le expreso desde mañana temprano te pones a rematar esa tesis. Tienes fecha tope de entrega para dentro de un mes. Robertico te ayudará. Si usted tiene su trabajo yo tengo el mío y lo voy a cumplir de cualquier manera. No soy una esclava que no cumple las órdenes que se da. Por mi voluntad estoy donde estoy, desde hace mucho tiempo, mucho. Increpó la muerte elevando la cabeza en forma altiva. Buena suerte Don Marco Antonio. Nos vemos en el grado. Lo voy a estar esperando. ¡Júrelo!. 

 El muchacho con su pijama de dormir rayado se incorporó de inmediato abrazándose de la muerte, le dio un beso en la áspera calavera reiterándole no te quites más los lentes, mira que puedes causar problemas y a ti no te gustan las equivocaciones. Eso fue lo que me dijiste la última vez. 

 La muerte arremolinó los vientos y salió por la ventana como ráfaga de luz porque esa era una de las formas de agradar al joven. Siempre me ha gustado su espectacularidad y su estilo teatral, es toda una artista esta muerte mía, alegó Roberto. Al día siguiente
Marco Antonio gozaba de excelente salud, reorganizó los libros y escritos mientras Robertico ultimó los detalles burocráticos en la Universidad. El viejo estudiante comenzó la escritura acerca de la investigación metalúrgica que desde hacia largos años estaba realizada. Muchos datos y técnicas desconocidas había logrado precisar el calderero a lo largo de sus años como supervisor del ministerio. 

Marco Antonio era un ingeniero metalúrgico empírico. Su saber se lo arrancó al hacer y a la práctica que adquirió a lo largo de sus años de trabajo como inspector de calderas del ministerio. Porque el viejo calderero era un fanático del aprendizaje y de la creación. Le gustaban los inventos, las innovaciones y disfrutaba mucho con los datos y la construcción de hipótesis. Para él todo era un juego de niños. Pero Marco Antonio nunca soportó la presión de la supervisión. Odiaba ser fiscalizado. Las evaluaciones siempre le causaron profunda preocupación. Por eso, a pesar de su buen trabajo y de sus muchos conocimientos nunca pudo ascender en la jerarquía ministerial. Los cargos que desempeñó fueron de pobre categoría. 

  Cuando sea ingeniero voy a solicitar una reclasificación en el cargo y cuando me aumenten el sueldo me voy a ir de vacaciones con la gorda Francia y con mis muchachos, rumió siempre el viejo soñador. Pero además, era alérgico al método. A pesar del tipo de trabajo que desempeñó a lo largo de su vida, el hombre era distraído y desordenado, a tal punto, que vendió su carro pues nunca se acordaba donde lo había aparcado. Marco Antonio, en ese estado de caos sabía de sus limitaciones para presentar la tesis, afrontar una defensa, ostentar un titulo profesional, asumir nuevas y mayores responsabilidades laborales, responder por la buena marcha de las calderas del ministerio, salvaguardar el vapor y asegurar la vida de los seres humanos que trabajarían con las máquinas tubulares. En el fondo de todo lo que Marco Antonio sentía era miedo. Miedo de hacer, tener, crecer, asumir y ser. Miedo a la vida.



Mientras tanto, Robertico pedía explicaciones y relatos sobre la tesis del abuelo, que embelesado le narraba sus ideas. De esta forma dialogante se fue escribiendo la tesis de Marco Antonio, a través de las conversaciones entre el viejo y su nieto. Porque en la sintomatología miedosa del rancio estudiante, nunca le gustó estar solo. Era el perfecto hombre de equipo, pero no por camaradería, sino por falta de alternativa. Marco Antonio jamás brilló con luz propia, sino con los destellitos pobres que le sobraban o pudo robarle a sus semejantes. 


 De vez en vez, la muerte se asomaba en el cuarto a ver como se iba elaborando el trabajo, pero solo el nieto se daba cuenta de esas visitas. En las noches Marco Antonio se dedicaba a revisar los escritos y los argumentos expuestos y de esta forman surgían nuevas ideas y correcciones que se realizaban al día siguiente. 

Cuando la tesis estaba completamente escrita Robertico le pidió una revisión a su tío Carlos, un profesor de la universidad que se dedicaba a la revisión de las tesis. Las ideas están muy bien, concluyó el doctor, pero el documento no presenta el orden, ni la forma de escritura que exige una tesis correcta. Estos documentos se perfilan con esquemas rigurosos de presentación, un diseño previó, un lenguaje científico, sobre todo para este tema de las calderas y un análisis de datos coherente que desemboque en algunas conclusiones que permitan resolver el problema inicial, remató el profesor mirando por encima de los lentes la cara interrogada del estudiante. 

El nieto se sentó al lado del viejo y comenzó a tomar nota de las correcciones del trabajo no sin antes solicitarle que sea lento por favor, por que yo, no entiendo mucho y éste cuando lo corrigen se queda sordo. Es como un niñito que solo está dispuesto a escuchar lo que quiere y lo que le conviene. Es un abuelo caprichoso. 

A la semana siguiente Marco Antonio mandó a su nieto a buscar una botella de vino para celebrara la finalización de la tesis. Tiempo después y a pesar de los quebrantos de salud que comenzaron a hacer mella en el cuerpo del viejo calderero defendió el trabajo de grado en la facultad y el bachiller Marco Antonio se hizo acreedor del título de Ingeniero en Metalurgia. 

Tres meses después el hombre ataviado con toga y birrete negro, subió lentamente las escaleras del auditorio, recibió el diploma de la mano del rector y regresó hasta su asiento. Al volver, divisó a la muerte sentada entre los asistentes, aplaudiendo con la mano y la hoja de la guadaña el grado de Marco Antonio que además, resultó la atracción de la ceremonia por su constancia en la obtención del titulo. 



El viejo levantó el diploma y saludó a la muerte mientras ésta daba golpes frenéticos y hacia ovaciones escandalosas abrazándose a Robertico que brincaba loco de felicidad entre la multitud delirante. Lentamente Marco Antonio tomó asiento entre los graduandos y a pesar del regocijo por el grado se sentía desfallecer. Todo el cuerpo le dolía al unísono, como si un camión lo oprimiera. Pidió agua a la gente de protocolo y cuando finalizó el acto lo llevaron de emergencia al hospital. 


Allí cayó en coma y estuvo sin sentido por varios días. Luego despertó y fue trasladado a su casa. Su cuarto había sido pintado de color rosado, cambiadas las cortinas y el mobiliario. Le dijeron que todo fue para que te sientas mejor. Tu cama era muy vieja y sucia. Pero la verdad fue que doña Francia alegó ese viejo ya no vuelve. Arreglen el cuarto para la tía Francisca, que a veces no tiene donde quedarse cuando llega a Caracas. 


Marco Antonio entró despacio en su nueva habitación y tomó asiento en un pequeño escritorio cerca de la ventana, llamó a Robertico que aún peleaba con la vieja Francia por lo del cuarto del abuelo y ordenó sus escritos. El viejo le explicó al muchacho que durante el coma, pude estructurar un manual para caldereros. Se trata de un pequeño escrito que serviría a las nuevas generaciones para el manejo de las máquinas de vapor. La muerte se asomó a la estancia y los vio muy entretenidos con el nuevo proyecto. El Manual se convertiría en una ayuda a la humanidad por parte del viejo y en una nueva enseñanza para Roberto. Se veían felices y entusiasmados con lo que estaban tramando. El joven sintió a su amiga la muerte y se la quedó mirando fijamente mientras ella, como siempre, a través de gestos le solicitó que se mantuviera en silencio. Tu abuelo ya no es esclavo, replicó, sigan bien; y sin más palabras la muerte dio la vuelta como un remolino y se marchó.


FIN