domingo, 31 de agosto de 2014

La Luna del Polvorín y por eso el sol de #Aragua #Guayabita #Turmero

La Luna del Polvorín
y por eso el sol de Aragua


Rafael Luna de Polvorin
¡Cuidado!, mucho cuidado y no se confunda mi querido lector que no se trata de la luna en femenino. ¡No!. No es la compañera enamoradísima de la tierra que coquetea y asoma su rostro a trozos para dar lumbre a ciertos enamorados y mortales. ¡No señor! Mi escrito versa sobre una Luna varón, una Luna macho. Esta narración es sobre un hombre de apellido Luna que a lo largo de los
años ha regado con trabajo duro y esfuerzo denodado la tierra de sus antepasados y de sus herederos en una parcela de su propiedad, ubicada en la ruta hacia la población del Polvorín, en nuestro querido Estado Aragua.

Luna es hombre recio hecho para la brega y
amante de la naturaleza y de su familia. Y cuando me refiero a su familia entiéndanla como la ampliada, es decir, tendrán que incluir visitantes, clientes y además, todos sus animales que son varios y de diversas especies. En la finca de Don Rafael Luna será cordialmente recibido por una imponente manada de perros que moviéndote la cola le darán la bienvenida. Pero entérese, ese
amor muere en el ocaso, porque después de las seis y media de la tarde puede buscarse un problema si entra sin avisar y sin que el señor Luna organice su jauría de perros de todas las razas. A Don Rafael Luna le gustan todos los animales: con pelos, plumas, pequeños, grandes y
pare usted de contar. En algún tiempo, él, se dedicó a la ganadería, a la cría de caballos estelares y cuando los fines de semana el compadrazgo llamaba, hasta los toros quedaron coleados por los bríos de Don Rafael Luna. Este hombre nacido y criado en las tierras que hacen límite en la ruta hacia el Polvorín de Turmero está hecho para renovar la vida rural.


Su fauna es variada. A veces hay ardillas que comen pan con leche y suben y bajan a través de los pantalones de los visitantes ofreciéndote alguna hojita y revisándoles los bolsillos a los compradores de su colorido y multioloroso vivero. Constituye el popurrí tornasolado de luces y plantas que conforman su gran escenario para recibir a los visitantes. Otras veces son los loros que cantan, bailan y hablan de política si usted introduce el tema cerca de los emplumados.. Por
cierto, algunos están a favor del gobierno cantando Chávez corazón del pueblo… y otros de la oposición diciendo Hay una camino… Luna ha cuidado el equilibrio político entre sus loros. También supe de un zamuro que fue, durante algún tiempo, su mascota y cuando vio su adultez lo visitaba permanentemente aunque él decretó su libertad total, pues ningún animal está preso en los límites de la tierra del señor Luna. Igualmente se cuentan cochinos rescatados de los ríos que terminan comportándose como perros y hay que mencionar al
inconmensurable Neptuno, un rottweiler negro, con ojos y dentadura de infierno, mansito como un bebé, que saludaba mientras todo el mundo se petrificaba de espanto, con los ojos cerrados por varios instantes. Neptuno era un monumento canino. Un perro de raza perfecto. Un ejemplar de concurso tan hermoso como las perfectas rosas rojas del señor Luna.


Pero las virtudes de este hombre de campo no se agotan en las fronteras de la veterinaria, la cría, la pesca y el manejo de todo tipo de animales, grandes y pequeños. Su fama le trascendió y lo
sobrepasó desde hace varios años atrás, cuando la Universidad Central de Venezuela y otras Academias científicas lo catalogaron como el “ingeniero de la naturaleza” y más aún. Se ha hecho acreedor de metáforas como “artista de la naturaleza”. Imagino que en este punto el querido lector se preguntará si
estas denominaciones responden a una verdad fáctica o son puras imaginerías o charlatanerías de pueblo. Sepa mi alucinado lector que la prueba empírica, cierta, real y viviente de tales denominaciones comparecieron ante mí en el momento que fui llevada frente a un árbol raro. El señor Luna sacó su afilada navaja del pantalón y me dio a probar mandarina, pero
del mismo árbol desprendió una naranja resplandecientemente amarilla como el sol denominada California, grande y jugosa. Luego, tomó del mismo árbol una naranja más modesta poseedora de un sabrosito jugo dulce y para cerrar con broche de oro la polifonía cítrica del heterogéneo árbol, me invitó a que abriera mi mochila y vació un centenar de limones, unos criollos y otros más grandes, de fuerte olor para que la prueba de mis investigaciones fuese
patentada con agua y azúcar. Don Luna es un verdadero doctor de la sabia y del injerto en plantas y sus cítricos le han conferido premios municipales el día del árbol y en varias oportunidades patrias. El dedo verde lo llamé yo, el hombre sabia lo denominó el otro ingeniero que me acompañó y quedó extasiado ante la perfección natural de sus árboles, flores y demás plantaciones.


Finalmente, es un deleite sus explicaciones sobre las plantas ornamentales, particularmente, los rosales. Hay una intensa variedad de rosas que me hacen enajenarme ante la fuerte belleza de la naturaleza florida, cuando Rafael Luna nos invita a contemplar su plantación de rosales y arbustos
exóticos. Es como contemplar un cuadro de Claude Monet, un estallido de colores, un deleite y un relax vislumbrar su campo de rosales. Es una obra de arte. Me suenan acordes internos de los antepasados que aún reclaman notas desde el siglo XX español. Suenan en mi cabeza acordes del pasodoble “Luna de España” interpretado, primeramente, en la comedia musical “Hoy como Ayer” en 1945. Aún
Marujita Diaz Y "Luna de España"
recuerdo a la Diva de postguerra Española Marujita Díaz en el film “La Corista” de 1.960. Entonces me inspiro y como soy coplera Aragueña me pongo cantarina y canto:


La Luna es un varón
Y por eso el sol de Aragua
Anda que bebe los vientos
Por si el hombre se emborracha.

Como la Luna sale tanto de noche
Una amante le aguarda en cada esquina
Luna, Luna de Aragua, cascabelero,

Luna de ojos de río cara morena…Y Olé


Luna de Aragua

Rafael Luna y su perro Picaso
La coplera de Aragua

domingo, 24 de agosto de 2014

Cuando las letras saltan solas Trompicones de poder en Aragua

Cuando las letras saltan solas
Trompicones de poder en Aragua
o la historia de una revolución



Ampliamente difundido, documentado y extendido que desde los tiempos de la Guipuzcoana la presunta rivalidad de la partidocracia es sólo cuento de hadas para niños y niñas, a los fines de mantener a los incautos descerebrados, insuflados con banderas patrias, para a la hora de dar y acoger la orden de ir a votar por el  poder de turno en
la urna electoral. Dan cargos, dinero y controlan la libertad. Ni modo? Pues el poder está en relación directamente proporcional a los reales y al control de la chequera fiscal. Pero, no quiero ahondar en esto, pues rojos, blancos y verdes municipales siempre se sientan en las mesas del cabildo y terminan en fraternales acuerdos que llevan suculentos regalitos en metálico, siempre por debajo de la misma mesa, donde minutos antes, se insultaron y a la vista de todo el público, se despedazaron ideológica y políticamente. Esta es la historia del compadrazgo político en los municipios de Venezuela y de muchos oscuros rincones de América Latina y del mundo desde hace centurias.


Se trata de los acuerdos de los poderosos sobre el lumpen proletariado que toma la decisión y tienen el poder, tan sólo por un día; el día de las elecciones. Pero mi historia es distinta, como dice la ñangara canción, no voy a hablarles de los políticos y concejales venezolanos comunes cuyos actos son ya, para todas las comunidades, tan hartamente conocidos. Voy a contarles la historia de un ser de otro mundo, de una niña galáctica, es una historia querible, amable, besable la de Julieta Janeth Guasare Herrera-Rodríguez Acosta de los Tenorio de Cagua, prima hermana y contemporánea  con la rozagante Beatriz Herrera Guasare, alias Frescolita de Turmero.
 
Julieta Janeth Guasare Herrera-Rodríguez Acosta de los Tenorio de Cagua
 Julieta no es dulce, ni con buenos modales, como su educada prima Beatriche. Por el contrario, dicen que su emparentamiento con el General Sucre, varias generaciones atrás, la caracterizaron por su mal carácter y su sed de justicia a cualquier precio. Es una mujer que el poder lo escribe con su puño y letra. Una tarde, en la esquina de la ferretería Fayad, en Cagua, un grupo de camionetas y motos, con dotes de caravana
casi la matan al moverse a una increíble velocidad. Ella cayó al suelo, su cuerpo sufrió moretones y no se puede decir que se asustó porque ella no conoce de sustos. Es un sentimiento que está fuera de su cuerpo. Despidió la bicicleta dejándola en la orilla del camino y partió hasta los cuerpos de seguridad del pueblo narrando su historia, buscando justicia a cualquier precio.

La mayoría de los receptores la escucharon, más bien con aburrimiento, su emocionada letanía. -¿Pero qué importancia tiene que un grupo de grandes cacaos del pueblo, ya sean empresarios u hombres de negocios, gente del gobierno o pranes, casi atropellen a una adolecente de negra melena rizada y ojos azules, una tarde acalorada, en el centro de Cagua?- Julieta al comprender que su historia no era importante para
nadie, digo, para nadie con poder para resolver y hacer justicia, hirvió como una cafetera exprés, se puso roja de la indignación, traspasó el recibidor del último policía que la atendió y de una sola patada le volteó el escritorio. Salió retándolo y diciéndoles que se arrepentirían de tanta indolencia, después de proferir el consabido insulto y propinarle algunas palabras groseras. En la reunión de familia acordaron dar parte a las autoridades y decirle al primo Pipito Rafael que activara su bufete de Caracas para dar inicio al litigio. Pero Julieta de un manotazo advirtió: -Hagan lo que quieran. Yo resolveré a mi manera-. Así pasó.


Mientras los abogados hablaban con la abuela y con el resto de la familia de las estrategias de la denuncia ante el agravio a la nena, Julieta llamó a todos sus amigos del liceo y de la universidad. Explicó que necesitaban un cambio de ciudadanía. Así comenzaron entre todos a organizar foros, reuniones en todas las cuadras, caseríos, barrios y urbanizaciones. Un trabajo agotador que empezaba con el alba hasta alta horas de la noche, estructurando estrategias para mejorar la vida en común de la gente de Cagua y sus adyacencias. Así, el pueblo comenzó a organizarse y a realizar
actividades de limpieza, seguridad, deporte, ambiente, salud, lectura y actos culturales y hasta se formaron brigadas de vigilancia de día y de noche, custodiando todos los rincones del pueblo con el consabido sistema de inteligencia para la seguridad, organizado con todas las chismosas y entrépitos del pueblo, que mire, como hay muchos, y quedó estructurado perfectamente, de tal forma y manera, que eran la envidia de la CIA y la KGB, juntas. En poco tiempo, nadie solicitaba la cooperación, ni la ayuda de las autoridades del Municipio pues
la auto sostenibilidad integral de las comunidades de Cagua fue de tan perfecta organización que no fue necesaria, nunca más, la intervención del gobierno. Es sistema de gestión vecinal y comunitario fue  envidiable en toda Aragua y en Venezuela también.


Pero me cuenta Julieta que un día, el mismo carro que casi la atropelló meses atrás, se detuvo frente a su casa y estando ella en plena reunión comunitaria, un hombre bajito, con cara de iguana, se acercó hasta ella diciéndole:- con que tú eres la agitadorcita de Cagua-. Ella como resorte brincó hasta clavar sus ojos frente al rostro del hombre y colocándose en punta de pie le gritó en el oído: -no agito, más bien revoluciono para vivir mejor, ¿por qué? ¿Cuál es tu
problema gordo cara de perro?- Fue en ese momento cuando el hombre sacó un fuete e intentó asestarle un latigazo en el rostro de Julieta? Ella lo miraba con odio y sus ojos ardían en candela. Odio respiraban y exhalaban todos los presentes. Odio y violencia. De pronto desperté…

Yo sudaba copiosamente y el pecho estaba acelerado. La escena
me retumbaba en el cuerpo como aguijoneándome la vida. En esta condición de angustia y desasosiego medité que el poder es una posibilidad propia, individual, es el imperio de cada quien. No hay motivo verdadero para que cada sujeto no construya una realidad que le permita, conscientemente, amar u odiar a los otros. Se trata de una decisión y convicción personalísima.
Nadie tiene poder sobre otro, si ese otro, no se lo permite. La organización comunitaria es una necesidad y un trabajo que no está teñido, ni de falsas ideologías, amarres de partidos o a los millardos de los ricos, sean del gobierno o privados. Eran las tres de la madrugada y no pude llamar a Julieta Guasare. Me recosté pensando en estas cosas de ahora, en el odio sembrado entre los
venezolanos, en el poder que tenemos de amar, mientras miraba extasiada la danza de una chicharra saltarina entre los brazos de mi lámpara de terciopelo. Pensé, en mi tía abuela Luna Libertad, jefa de la revolución en San Mateo y en lo mucho que hacen falta buenos líderes en Venezuela en estos momentos.






Dile no al racismo contra el blanco y contra el negro



Dile si a la PAZ de Venezuela en Libertad, Igualdad y Justicia

Todos estamos trasnochados en Venezuela
Pensamos en buenos Líderes

viernes, 22 de agosto de 2014

EL Camino de los Enanos #Cuento para #Menores El camino está aquí

EL Camino de los Enanos

 Cuento Infantil

Todas las noches la anciana bruja de cabellos de oro y ojos bellos, sollozaba la tragedia de lo sucedido en su jardín: un grupo de jóvenes endiablados había cortado las flores para  venderlas en el mercado y comprar trajes nuevos para asistir a la fiesta de la plaza del pueblo.

La vieja mujer, en su indignación por lo
sucedido con su jardín, conjuró a los ladrones y los convirtió a todos, en horribles ranas llenos de escamas y pelos. Y tanto fue el sollozo y la tristeza de la bruja por las
flores, que tres hermosos enanos que siempre estaban escondidos en el campo, al escuchar la tristeza de la anciana, decidieron ayudarla. Por eso, Fifina, la más
joven de las enanas salió brincado desde las piedras y le contó a la vieja bruja su plan de reconstrucción con las flores. La mujer, conmovida por el buen corazón de los enanos les explicó, que a raíz de lo
sucedido había realizado un maleficio en el jardín, para que, cualquiera que  lo pisase durante el día quedase atrapado en él para siempre. 


Pero los otros dos enanos, Manuel y Susana, salieron corriendo a narrarle a la anciana lo dispuestos que estaban por recuperar el hermoso jardín durante la
noche. Fifina, la enana llorona, por fin, se puso a reír  al ver el esfuerzo de los enanos mayores, y muy conmovida, la bruja otorgó el permiso para realizar el trabajo, recordándolas:

- Antes de salir el sol deberán retirarse del jardín porque de no hacerlo como les advierto, quedaran atrapados para siempre. El maleficio no los perdonará -.

Inmediatamente comenzaron el trabajo. Julio, el enano reilón se pasó toda
la noche escarbando la tierra y podando las matas mientras reía y se carcajeaba por los cuentos e historietas que le susurraban las flores y las plantas. La enana llorona se sentó en la puerta a pulir las piedras del jardín con las lagrimas que derramaba,
cada vez que Julio, el enanito menor, conseguía un bichito en los huequitos que habría con los dedos gordos de sus manos alegres y Susanita, la enanita de las flores, sembraba las semillas y las soplaba con
un agua mágica que desde siempre había guardado en una botellita de cristal que, celosamente, cargaba atada al cuello.



Toda la noche Fifina, Julio y Susana
cantaron, sembraron y rieron restaurando el jardín. Pero minutos antes del amanecer, cuando todos los arreglos estuvieron listos, los enanos se quedaron extasiados contemplando el murmullo de las flores que conversaban felices y agradecidas
por el trabajo. Miles de colores y aromas rociados por la aurora engalanaron el jardín y el brillo del polen y los finos pistilos comenzaron a abanicar  a los pájaros. 


Tan extasiados estaban los enanos con
lo bello del jardín que, contemplándolo, Julio comenzó a reír desaforadamente, Fifina empezó a llorar amargamente y Susanita se puso a regar sin cesar las flores con el agua de su botellita mágica, mientras el sol, en su teatral cruzada les iluminó el rostro convirtiéndolos súbitamente en estatuillas de piedra.
Desde entonces, todos los habitantes del pueblo recorren el floreado jardín donde tres enanos de piedra: el reilón, la llorona y la jardinera; adornan el exquisito camino donde yacen con cara de placidez los  tres enanos.









lunes, 18 de agosto de 2014

LA BRUJA DE GUAYABITA Y el enano verde... Venezuela llena de enanos verdes ASCOOOO


LA BRUJA DE GUAYABITA

Y el enano verde


Beatriz Herrera Guasare 
“La juventud es un tesoro que no se hereda” es una máxima que reitera mi madre diariamente en el desayuno. “Multiplicar esa riqueza es una obligación familiar” forma parte de la letanía y advertencias, particularmente, a la joven Beatriz Herrera Guasare, alias Frescolita. La niña con cara de ángel quedó presa del afresado apodo por sus redondos y rozagantes cachetes que mantuvo hasta bien entrados su años mozos. Siempre dio muestras de una inteligencia despierta, buen humor pero se caracterizó, hasta la saciedad, por su gusto ante lo exotérico, místico y oculto. A los siete años fue sorprendida en el solar de las guayabas y mangos fumándose el primer tabaco y la abuela para acallar el escándalo de mi madre explicó que,
seguramente, esa muchacha era la reencarnación de la combativa Luna Libertad Herrera, líder mantuana, sempiterna de San Mateo. Que la niña tenía candela incrustada en los ojos y por tanto la dejaran en paz pues, ella se encargaría. Fue por ese evento que se prohibió, terminantemente, llevar ningún tipo de tabaco a la vieja casona. Así lo hicimos.


Pero los niños crecen y alzan el vuelo tal como lo hizo Beatriz con su morral escarlata a cuestas quien se dedicó a realizar excursiones para conocer, milimétricamente, todo el pueblo de
Turmero, desde el alba, hasta bien entrada la noche. Por ella el teléfono repicaba sin cesar pues sus amigos y relacionados la buscaban a toda hora. Tenía una vida social activa la cual acompañó con excelentes calificaciones, manteniendo el aura infantil y mantuano. Pero un día traspasó los pasillos de la casona con una joven alargada, un tanto desaliñada, provista de unos humildes zapatos polvorientos y nos la presentó como su amiga de Guayabita llamándola: 

– Esta es Yaritza, Yaritza de los ríos, del río de Guayabita−, terminó aclarando. La abuela pensó que se trataba de su apellido, pero yo, que tengo los pies en este siglo asumí que estaba ante una ocurrencia de Beatriz y que seguramente la invitada era hija natural. Su alargado y rimbombante apellido
Casita de Guayabita
era todo invento de la astuta Frescolita que, conociendo a la abuela, esperaba su feroz critica ante el que dirán por relacionarse con gente de oscuro pasado familiar. Para la abuela, la moral era requisito indispensable para pertenecer a los visitantes de la casona y a la esfera de las amistades familiares. Mi mente de investigadora se puso alerta al sentir escalofríos cerca de la jovencita.


Frescolita visitaba a su amiga todos los sábados. Al regreso de sus paseos nunca presentó rastros de nada extraño más que un ligero olor a monte y  humo. Sin embargo, mis alertas se encendieron cuando verifiqué que Beatriz había elaborado un
inmenso altar escondido entre el cuarto de las herramientas del solar. Había recuperado todas las estatuillas viejas y rotas de las mujeres de la familia. El trabajo de restauración era impecable y hermosamente realizado. Con las reliquias familiares había renacido un suntuoso monumento, lleno de frutas y flores. Por esta rezadera de quinceañera algo me dijo que las cosas iban mal. Luego, la vida me lanzó hacia otras preocupaciones. 



Pero una tarde sabatina cuando exploraba los viveros frutales de Guayabita me tope con una feria de gente. Indagué y la respuesta a la algarabía fue que el tumulto esperaba consulta con la bruja de Guayabita. Cuál seria mi sorpresa cuando por
entre la verja divise a Frescolita organizando la fila humana. Brinque de la camioneta, me le pare enfrente y sin pronunciar palabra ella entendió mi reclamo. Dando media vuelta desapareció del patio lleno de rastrojos. Sólo dejamos la estela. 


En el trayecto explicó que únicamente apoyaba a su amiga, pues ésta era muy pobre y vivía de su actividad brujeril. Sin embargo, alegó que no se trataba de una charlatana y que en verdad ayudaba a la gente a resolver sus conflictos. Fue por ellos que la espigada Beatriz Herrera Guasare cooperaba
. Después y por recomendación mía, a Beatriz la arrastramos hasta al viejo mundo para que tomara otro aire. Al tiempo, mientras la niña remojaba su entendimiento entre los castillos y el frío invierno español vino a buscarme la bruja Yaritza. Según ella, el río le advirtió que yo era la dueña de su futuro. 


Me relató de su gran pobreza como bruja de Guayabita y de sus responsabilidades familiares. Yo, únicamente, le sugerí que cambiara de ramo laboral y que estudiara sus potencialidades
propias: era bella, joven y trabajadora lo cual resultaba una tríada perfecta. Así lo hizo, cambió de ramo y se dedicó al comercio.



Estableció un modesto abasto y luego se alió con las fuerzas del gobierno. Al parecer, le fue tan bien que pasó a dirigir la venta y distribución de comida en la zona. Las filas de  personas se mantuvieron idénticas con los mismos rostros pero con distinto sentido. Ya no querían
conocer su futuro sino poder adquirir la escasa comida que quedaba en los anaqueles. Sin embargo, ella prosperó con gran rapidez. Compró un apartamento en el centro del pueblo, un comercio con local propio y me mostró, una de esas tardes acaloradas de Turmero, su nueva camioneta, último modelo. Me alegré por ella y por Beatriz que sonrió a través de la cámara, al conocer la historia.


Una noche de fin de semana, departiendo en un lujoso restaurante de Maracay donde siempre me reúno, alguien me abordó por la espalda. Era Yaritza, bien ataviada, con ropa cara y me agradeció mis sugerencias. Pregunté el motivo de su triunfo y señaló a un hombrecito contrahecho con
rostro de chiripa que al salir del baño y se nos acercó. Ella me susurro al oído; − fue mi enano verde quien me rescató de la pobreza−. El general la tomó por la mano y juntos se perdieron por entre el humo y el tumulto de la noche. Yo me quede pensando en el éxito de la Bruja de Guayabita y la suerte que ciertos enanos verdes le dejan al pueblo.