martes, 30 de septiembre de 2014

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domingo, 28 de septiembre de 2014

Secuestro en Aragua

Secuestro en Aragua,
la Abuela y el General Suarez Chourio




Mi tío paterno, Moisés Almudena Ríos, nativo del Castaño, Estado Aragua, a duras penas tocó el portalón de la Casona y cuando la puerta se abrió, el pobre se desvaneció sobre los fuertes brazos de mamá Kymbisa,
diciéndole que sus fiebres eran por la peste de la Chikungunya. Hubo alerta general pues la abuela, Catalina Libertad Herrera Herrera, escuchó al hombre y de inmediato armó una campaña para salvarle la vida, al hombro de su lugar teniente la Nana Kymbisa, nuestra niñera por cien años, quien tomó su inmenso tabaco y salió al monte a buscar yerbas para la pócima curativa.


-Otra peste en la familia. Debe ser una maldición-; pensé yo y me dispuse a salir de compras, como corresponde, cuando la abuela y Kymbisa comienzan sus exóticas curaciones. De pronto, suena el teléfono. Atendí y una voz opaca y entrecortada, del otro lado, pidió 150 millones de dólares por el rescate de mi sobrina Frescolita. Fue cuando supimos que la niña estaba secuestrada. Dijeron que
llamarían luego para lo del intercambio y que no dieran parte a ninguna policía porque la matarían. Creo que no saben que Damián, el jefe de policía del pueblo vive en esta casa. 


Estallé en llanto, grité todo el brollo a los cuatros vientos y la casa se volvió un torbellino en instantes. Mi madre cayó desmayada, Juanita, la sirvienta lloraba abrazada de José Tomás, el chofer. Llamaron a mi tío el juez, Jaime Gregorio Mas, para que intercediera ante los plagiarios. De pronto, desde el fondo del oscuro corredor, emergió la abuela, ataviada con una boina negra y vestida de militar, con un uniforme antiguo
de la segunda guerra mundial. Llevaba dos cintas de balas en baldomera y las escopetas al hombro, mientras descolgaban algunas pistolas viejas del abuelo pistolas del cinto de su pantalón de camuflaje.


General Suarez Chourio
Allí empezó a vociferar que buscaran el General Suarez Chourio, que esa era un militar de verdad, revolucionario, que le encontraría a su niña, sin payasadas, ni pantomimas de policías pueblerinos subdesarrollados. También mandó a que le entregaran los dólares en efectivo púes, ella, conjuntamente con el
La Abuela Catalina Guasare Herrera en
Combate durante  sus años mozos
general, harían la entrega a los secuestradores. Al instante, todos nos miramos y no sabíamos si reír o llorar. La abuela entró en cólera sacó una pistola vieja y se la puso al hijo en la sien.

Jaime Mas no tengo tiempo, dame los dólares que quiero a mi niña en la casa-, dijo desesperada. Mi tío, Jaime
era un hombre serio, ponderado, el único que creo cuerdo de la casa se lo explico todo, lentamente, a la abuela.


Ella lo miro fijamente y le preguntó: - ¿Tú me estás diciendo que nosotros somos pobres?-  

El tío tragó grueso y replicó:
-Si madre, no hay más bienes de fortuna que esta vieja casona, todo lo demás se han ido en revoluciones y enfermedades. No queda nada. Nuestros familiares han
regalado la herencia para la revolución cuando el común de los actuales revolucionarios han hecho todo lo contrario, han formado parte de ella para enriquecerse y dejar de ser unos pobretones descastados-, fueron sus palabras de funeral.


En ese punto la vieja se dejó caer sobre el viejo banco del patio y se quitó la boina alegando su desagracia de saber semejante verdad. Despúes, levantó el rostro, secó sus lágrimas e insistió: -llámame al general. Necesito que me ayude; él es un hombre de
combate como yo-. Y mientras todos trataban de convencer a la abuela en que lo sensato era llamar a la policía sonó el timbre de la casona. Fue cuando Kymbisa abrió la puerta para que el inmenso hombre cubriera todo con su sombra.


Nunca supe, como supo él, pero lo cierto es que la imponente figura del General Jesús Suarez Chourio invadió, de norte a sur, la sala de casa. Al verlo, la abuela dio un salto y se enrosco en su cintura como una culebra de jardín. Intercambiaron y hablaron. Todos los teléfonos de la casa sonaban a la vez. La noticia salió en tweeter, radio, en el
tabloide de la tarde y la gente sólo hablaba del secuestro. Sin embargo, Kymbisa, dándole un agua de papelón al general que, sin duda, armó una red cívico-militar para el rescate, advirtió que Frescolita no estaba secuestrada pues sus ánimas se lo habían dicho. Si yo no hubiese recibido la llamada me lo hubiese creído pues los muertos de la Nana jamás se equivocaban en sus alegatos.


Las agujas del reloj movieron sus segundos de plata y la tensión aumentó en el caserón. El general abrazado de la abuela trataba de tranquilizarla y todos reprimían el vapor de una gran angustia.
Luego, se oyó una algarabía y un tintinar de campanas con voces y gritos. -Llegó Frescolita- se escuchó a lo lejos. Final feliz, la niña en casa. No hubo secuestro sino que la cola parar comprar los útiles escolares de sus ahijados era interminable, pues son muchos y en un solo día no alcanza una sola chequera para llenar un bulto de libros hoy.




Luego supimos que la vecina fue secuestrada y hasta la fecha la


siguen buscando. La llamada recibida fue un gran error de los secuestradores. Bueno, después, mi abuela racionalizó los gastos y busca trabajo para mantener a la familia sosteniéndose firme, en la revolución, mientras el resto de la familia trata de explicarle su gran equivocación. El General se despidió y se llevó los buñuelos
de Lairen preparados por Kymbisa. Yo me quede reflexionando porqué tanto secuestro, extorsión, pranización, desvelo, inseguridad y desconcierto en nuestro Estado Aragua, antes ciudad jardín y hoy cuna de la Revolución. ¿Qué falta y que sobra hoy en nuestro Estado Aragua para la buena vida?


La editora con el General de Aragua Jesus Suarez Chourio


El Saman de Guere. La Julia, Estado Aragua, Venezuela



Virgen de la Candelaria. Patrona del Municipio Santiago Mariño, Turmero, Estado Aragua


Los Buñuelos de Lairen de la Nana Kymbisa



Beatriz Guasare Herrera Herrera Alias Frescolita cuando niña



La escritora lista para el rescate de Frescolita


jueves, 25 de septiembre de 2014

LAS TRAPISONDAS DE LA MUERTE Y SU ENAMORADO CONTADOR Una historia de la vida de personas infames en revolución y los Orishas Yorubas

LAS TRAPISONDAS DE LA MUERTE Y SU ENAMORADO CONTADOR

Una historia de la vida de personas infames en revolución y los Orishas Yorubas

Esta historia continuará ... Jueves 2/10/2014

Dedicada a las ánimas de Guasare, QPD

I.  ANGUSTIA AHUMADA

El contador, aún sin haberlo concientizado plenamente, había decidido suicidarse. Su cuerpo sudoroso se deshacía sentado en las
sillas medio destartaladas de la secretaría de la dirección. El lerdo transcurrir del tiempo y el papeleo sucio que se derramaba a través de los metálicos archivos  acrecentaban su angustia. Era como si una daga invisible de hierro sólido se le clavara, lentamente, en el estómago.

En ese momento, el negro Urulo, el asistente de la dirección de administración, abrió la puerta de su oficina para que entrase aire fresco, al tiempo que una bocanada de humo negruzco, con cara de diablo, se escapó danzante por la puerta de su minúscula oficina de ayudante e invadió, sin más, ni más todos los espacios blanquecinos de la receptoría ministerial. La secretaria  de la Dirección; Doña Arminda; miró de reojo al portero que medio adormitado por la resaca de la noche anterior, luchaba con sus
parpados vencidos por el sueño y con la melancolía de siempre se dirigió a Jorge Luis murmurándole:

-Válgame Dios, últimamente esta  oficina ya no parece la administración del ministerio, sino un nido de brujos locos -.

Repentinamente,  como salida de la nada, la vieja Nancy entró al recinto esparciendo con una mano un líquido desinfectante con olor a lavanda, mientras trataba, con la otra mano, de estregar las gotas que se desparramaban alegres y desordenadas por las demás paredes y escritorios, mientras en voz muy bajita mascullaba una plegaria campesina.

Urulo era un hombre de escasa estatura y rostro agorilado. Sentenciado a una cabeza puntiaguda que mantenía incrustada en
un gorrito nigeriano multicolor, ostentaba en su pecho  múltiples collares tornasolados rebosados a través de una camisa mantecada que siempre llevaba semi-abierta.

- El loco lo que quiere es que le vean el montón de collares de santería que tiene, pero le digo algo señora Arminda, según yo sé, los collares de los Santos son tan sagrados que no pueden estar a la vista de los mortales, por eso insisto, ese negro retrechero lo que es un gran adulador y exhibicionista con eso de la Santería y la brujería, pero más na…, ja, ja…Si se mete conmigo le voy ha enseñar quien es bruja de verdad, ja, ja…-; repostaba la vieja Nancy en alguna pasada tarde bucólica de diálogos ministeriales.

Inmediatamente, desde lo profundo de los dominios de su olorosa oficina latió un lento y amenazante: - Armindaaaaaa-. Pero Nancy le replicó sin vacilaciones: 

- No crea que tenemos que soportar la hediondez de su tabaco a toda hora. Arminda tienen razón, las oficinas del gobierno no son para hacer brujería, sino para apoyar al pueblo, ¿no es así? -; remató estridente la limpiadora mientras detallaba altivamente al hombre, de arriba abajo, cuando éste se plantó en el centro de la
puerta de su oficina como gallo de pelea.

Arminda regresó con testarudez su rostro hacia el trabajo amontonado sobre su escritorio y acostumbrada desde antaño a presenciar los espectáculos de las peleas laborales de los funcionarios de cada estación, sabiendo desempeñar varias actividades al mismo tiempo y sin retirarle la vista de encima a Jorge Luís, apuntó con su faz de corcho:

-¿Se siente mal licenciado, quiere una aspirina para los dolores- mientras hacia notas en un libro grisáceo y aceitoso de entrada de documentos.

El contador, desconsolado, con la vista perdida en el vacío, sacudió la cabeza de un lado a otro en negativa señal, sin pronunciar palabra. Meditaba acerca de las injusticias de su vida. Pensaba en su hija María Eugenia y en su frustrado viaje a Europa; en Cecilia, su mujer, tan abnegada en las tareas del  hogar y en su carrera truncada de funcionario. Una desesperanza honda aguijoneaba su
sensible corazón, aderezada con sonoros chillidos telefónicos. Allá afuera, en medio del ronco rugir de la agitada ciudad, la tarde se desasía por entre los vitrales mugrientos de pastoso hollín, y los transeúntes se movilizaban caóticamente en una danza neurótica, parecida a las que perpetraban las hormigas locas de la plaza principal del centro.

La secretaria Arminda, con su voz de ébano y su cotidiana parsimonia gubernamental, bien aprendida a lo largo de treinta años de servicio ininterrumpido, mantuvo su paso señorial de trabajadora, acompasada del concierto esquizofrénico de los teléfonos, mientras la aseadora y Urulo realizaban su propia cruzada.

- Esa fumadera de tabaco no está permitida en las oficinas del gobierno, porque está contaminando el ambiente. Hay una resolución, y se la voy a buscar, para que la lea y se la aprenda, pues nos tiene asfixiados a todos los que trabajamos aquí. Lo que hace es ensuciar todo el ambiente.  ¿Cómo se ve que usted no es el que limpia? -, remató la mujer indignada.

- O se calla o la mando a despedir inmediatamente de aquí, sirvienta engreída. Mire que sí le fumo un tabaco al revés y se lo
conjuro con el espíritu del eterno despido, mañana no amanece en el carguito de obrera. Solo sabe chismear y no limpia nada, lengüetera del demonio. Sálgase de la Dirección ahora mismo o la mando a desalojar con seguridad. Mire como está la oficina por allá afuera, bien cochina, y usted sólo vegeta pendiente de la vida de los demás. Vieja maldita -; dijo Urulo encrespado, mientras de un portazo quedó preso en su oficina.

Definitivamente no era un buen momento para que Jorge Luís atendiera más conflictos laborales, frases descoloridas y las estupideces de siempre. - Más demagogia no, por favor-, se repetía internamente el hombre. El contador no portaba las fuerzas suficientes para oír, estoico como antaño, las peleas, sinsabores, los embustes y las eternas explicaciones, concebidas desde el ombligo de la rancia burocracia de los gobiernos de la temporada.

En medio de la algarabía, del llanto y las amenazas de la vieja Nancy y de los insultos que seguía propinando el negro Urulo desde lo recóndito de su oficina, Arminda respondía los teléfonos, 

- La señora directora -, insistía la secretaria en tono de edecán de campo,- Se encuentra muy ocupada en este momento, atendiendo una reunión muy importante y giró instrucciones precisas para que por ningún motivo se le interrumpiese. Pero si desea dejarle algún mensaje con muchísimo gusto..., bla, bla, bla -; las mentiras de siempre. 

Jorge Luís se resistía a seguir oyendo el mismo parlamento gastado y falso, que a lo largo de su peregrinar ministerial había insensibilizado sus oídos. En ese momento desesperado la aseadora grito un terrible, - te arrepentirás de tú bocota, negro mojino, más pronto de lo que imaginas. Vamos a ver quien será el botao -;  y partió hecha un velorio por el pasillo principal.

En ese instante, la puerta negra de la dirección se abrió, derramando sus sórdidos crujidos de siempre, portadores de tantas buenas y malas noticias a lo largo de los años. Pero esta vez, los sonidos no arrojaron los acordes conocidos. La directora traspasó rápidamente la sala de espera, acompañada en tropel, de su sequito de funcionarios de confianza y con ojos amelazados se detuvo ante Jorge Luís comentándole un retórico:

- Lo siento mucho licenciado, pero ya no hay nada que se pueda hacer por usted. Verdaderamente lo lamento de corazón-, y sus irónicas palabras escoltaron la acústica de su rumbo apresurado. 

Luego se detuvo  frente a la puerta principal del despacho y le refirió a la Señora Arminda un tímido, 
- no es bueno tantos escándalos y gritos, mira que se pueden escuchar desde el despacho del Ministro. Dile a Urulo que controle al personal-, y con la misma Renatta Firizzola desapareció como fantasma.

Con el entendimiento nublado por la noticia que acababa de recibir, el hombre, de pantalón cenizo, intentó incorporarse lentamente sin conseguirlo. Una nueva explosión de ácido se le derramó a través de las entrañas carcomiéndole el estomago y a penas, si logro balbucear cortas palabras de despedida, que de inmediato se volvieron lejanas. - No se preocupe doctora y gracias por todo-, replicó el contador.

Así permaneció largo rato hasta que la Directora del Despacho del Ministro, -¡en persona!-, acompañada de una fauna de funcionarios diversos: Secretarias, vigilantes, abogados y personal de seguridad; embistieron a la Señora Arminda advirtiéndole:

- Que el doctor Urulo firme por favor, inmediatamente, la resolución de su destitución. Es una orden expresa del ministro. Ya todo está conversado con su jefa, la Directora de esta unidad. Si no estuviere de acuerdo con la medida de reemplazo puede comunicarse con la Consultaría Jurídica del Ministerio para que emprenda los tramites respectivos y sea asesorado en la materia que le competente. Y que se presente en la embajada de Cuba para su deportación inmediata-.

Arminda, atónita por lo que acababa de escuchar, se levantó de su asiento, golpeó dubitativamente la puerta de la oficina de Urulo y volvió a sentarse en su puesto como hipnotizada. El hombre salió lentamente del lugar, con la camisa abrochada hasta el cuello y un enérgico; 

- firme su destitución a la prontitud  y después apela si no se siente conforme con las medidas administrativas. Cuenta con ciento veinte días para reclamar ante los tribunales competentes, no obstante, bla, bla, bla -, sobrecogió a los porteros y demás secretarias de la Dirección.

Urulo observó a la mujer frontalmente y desconcertado a la vez, garabateó en el papel que tenía delante sin siquiera leerlo, recogió el abrigo colgado en su asiento y con la misma, dando un portazo salio del recinto y se marchó para siempre. No sin ignorar a su presunta verduga. Al cruzar frente a la puerta del baño de mujeres gritó un pavoroso:

- No te escaparas de mí,  vieja maldita, tú y tus descendientes me la pagaran muy caro-.
 
Nancy entretanto, temblando de frío en el baño de damas, volteó su rostro hacia Sofía, la aseadora del despacho del ministro y con semblante compungido le confesó a su colega de trapos y jabones:

- Urulo es palero, un adorador de la muerte, seguramente me hará un Budú para matarme, ¿qué hago? -, preguntó con desespero la vieja.

- No se lo permitas-; respondió la mujer del veintiséis con rostro de obviedad.
  




Esta historia de novela continuará en otra entrega...





miércoles, 24 de septiembre de 2014

Contra el virus de la Chicungunya Acetaminofen

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El martillo de la Brujas y sus escobas de sanación en #Turmero


El martillo de la Brujas y sus escobas de sanación en Turmero


San Lugido aseguró no rendirse ante las mujeres diciendo: -No, no iré. Porque allí donde está la mujer, se halla el pecado; allí donde está el pecado, se halla el demonio; y allí donde está el demonio, se halla el infierno -  Existe una amplia literatura sobre la bruja y se considera el personaje central de Occidente. Aclaró que la historia de la brujería es la historia del martirio de las mujeres. La magia, ciencia de los secretos del mundo, es tan arcaica como la existencia terrícola y ha sido practicada desde el inicio de los tiempos. El primer texto de brujería serio data del año 1.435 llamado Formicarius y se remite a
sostener que todos los crímenes cometidos por los nuevos brujos endemoniados son sueños. En 1.487 nace un libro que muestra la relación de las mujeres con el satanismo: se trata del malleus maleficarun, o El Martillo de las Brujas, obra cumbre elaborada por dos curas dominicos; Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, considerado como el trabajo más misógino jamás escrito sobre la tierra.

Pero las brujas no se remiten a la exclusiva literatura medieval. Sus ritos, pócimas, acciones de encantamiento, destructivas o bondadosas, forman parte de la
variopinta que constituye el mundo inexplicable y velado del misterio. Sus fiestas son de antología y han quedado reseñados en todos los campos del saber y de las artes. Son famosos los aquelarres o fiestas de brujas en luna llena, donde las viejas horribles y malvadas salen a devorar entrañas de niños recién nacidos como prenda al demonio. Diego  Velázquez y Francisco Goya lo patentaron magníficamente en sus obras pictóricas. La bruja encanta, miente, mata y destruye desde tiempos inmemoriales, tanto como cura, sana, libera y pare usted de contar. ¿Quién no
desea el poder de una gran bruja? ¿Cómo hacerse del caduceo mágico de Mercurio, en torno al cual se enroscan dos serpientes, que es a la par, báculo de viajero y varita de mago?


Las armas de la bruja son variadas, con su escoba vuela por los aires con fuerza liberadora, su pavoroso rostro se muestra en la oscuridad que cobija su maldad y horripilancia. Brujas famosas anegan la historia, la literatura, la música, la pintura y demás artes. Desde los tiempos originarios, los
primeros pasos del ser humano sobre la tierra, la arcaica y legendaria sociedad Yoruba cobijó la cosmogonía de la vida a partir de la comparecencia de la “Gran Bruja Universal”,  la inefable Yemaya, dueña de todas las aguas, misterios y secretos del planeta, madre de todos los seres vivientes, mundo de vida, al tiempo que comparece patibularmente ante las injusticias. Los griegos develan un centenar de brujas en su amplia mitología cosmogónica, siendo la poderosa “Circe”, hija de Elios (el sol) la que vive en el monte y trabajaba en telar, donde atrajo a los hombres de Ulises convirtiéndolos en cerdos. Sólo uno de ellos escapó para contarlo.
Ulises fue a rescatar a su tripulación gracias al beneficio del dios Hermes o Mercurio que le proporcionó una hierba mágica y liberó a toda su tripulación, logrando que Circe se enamorara de él.


Las acciones de las brujas son diversas y extremas; tanto curan, como matan. En el Municipio Santiago Mariño hay muchas brujas escondidas desde los tiempos que el Libertador visitaba sus fincas y posesiones en Aragua. Son brujas legendarias, escondidas entre los montes, ríos y humildes casuhas, tanto como las que se encriptan en los encumbradas haciendas y mansiones mantuanas del Castaño. Fue ejemplo de ellas la líder de San Mateo; Luna Libertad Guasare Herrrera, enemiga del general Gómez; una de mis tátara abuelas maternas.

Quizás, la brujería se hereda y se lleve en la sangre, pues, con
bastante frecuencia comparto el mañanero café con las brujas de Turmero y armamos nuestros aquelarres con los primeros rayos del sol. A mí me toca hacer el café recién colado, a ellas el tema y los cortos minutos del compartir en medio de la calle, con las escobas alzadas, acompañadas por el carrito rodante donde se almacena y arrastra la basura de todo el Municipio Mariño. Yo, las imagino como unas hermosas brujas blancas, asidas a su escoba desde que sale el sol, hasta el ocaso, de bellos rostros volando sobre el Picacho y llegando hasta Chuao en el atardecer. Son mis amigas, compañeras y camaradas, las
barrenderas de las calles de Turmero que con modestia, esfuerzo y cariño hacen un gran aporte al Municipio, recogiendo la gran cantidad de desperdicios que la gente sucia, inconsciente y patética del pueblo, lanzan en medio de la calle.


Si el demonio existe, se muestra cada vez que ensuciamos nuestro propio suelo patrio, dañamos la naturaleza y nos marginalizamos deshaciéndonos malamente de la basura, sin
pensar en los demás, en los menores, en los animales…en fin!, en nuestros propios hijos. Estas brujas son madres, hermanas, esposas, amigas de nuestro terruño que se ganan el sustento barriendo el pueblo y recogiendo nuestra basura. Es un trabajo muy importante, que requiere constancia y buen humor. Ellas son maravillosas, están muy claras en los esfuerzos y acciones requeridos para cambiar la cultura del mariñense, del Aragueño más bien! y poder contar con una nueva oportunidad de vida. Las brujas blancas y limpiadoras del Municipio Santiago Mariño son mi mejor
aquelarre amaneciendo. Y me despido con alegría felicitando a mis colegas barredoras por su mágico trabajo. Que Dios las bendiga a todas y nos vemos por las estrellas, en las noches de luna llena de nuestro incomparable Estado Aragua.