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lunes, 25 de agosto de 2014
domingo, 24 de agosto de 2014
Cuando las letras saltan solas Trompicones de poder en Aragua
Trompicones de
poder en Aragua
o la historia
de una revolución
Ampliamente difundido, documentado y
extendido que desde los tiempos de la Guipuzcoana la presunta rivalidad de la
partidocracia es sólo cuento de hadas para niños y niñas, a los fines de
mantener a los incautos descerebrados, insuflados con banderas patrias, para a
la hora de dar y acoger la orden de ir a votar por el poder de turno en
la urna electoral. Dan
cargos, dinero y controlan la libertad. Ni modo? Pues el poder está en relación
directamente proporcional a los reales y al control de la chequera fiscal.
Pero, no quiero ahondar en esto, pues rojos, blancos y verdes municipales
siempre se sientan en las mesas del cabildo y terminan en fraternales acuerdos
que llevan suculentos regalitos en metálico, siempre por debajo de la misma
mesa, donde minutos antes, se insultaron y a la vista de todo el público, se
despedazaron ideológica y políticamente. Esta es la historia del compadrazgo
político en los municipios de Venezuela y de muchos oscuros rincones de América
Latina y del mundo desde hace centurias.
Se trata de los acuerdos de los
poderosos sobre el lumpen proletariado que toma la decisión y tienen el poder, tan
sólo por un día; el día de las elecciones. Pero mi historia es distinta, como
dice la ñangara canción, no voy a hablarles de los políticos y concejales
venezolanos comunes cuyos actos son ya, para todas las comunidades, tan
hartamente conocidos. Voy a contarles la historia de un ser de otro mundo, de
una niña galáctica, es una historia querible, amable, besable la de Julieta
Janeth Guasare Herrera-Rodríguez Acosta de los Tenorio de Cagua, prima hermana
y contemporánea con la rozagante Beatriz Herrera Guasare, alias
Frescolita de Turmero.
Julieta no es dulce, ni con buenos modales,
como su educada prima Beatriche. Por el contrario, dicen que su emparentamiento
con el General Sucre, varias generaciones atrás, la caracterizaron por su mal
carácter y su sed de justicia a cualquier precio. Es una mujer que el poder lo
escribe con su puño y letra. Una tarde, en la esquina de la ferretería Fayad,
en Cagua, un grupo de camionetas y motos, con dotes de caravana
casi la matan
al moverse a una increíble velocidad. Ella cayó al suelo, su cuerpo sufrió
moretones y no se puede decir que se asustó porque ella no conoce de sustos. Es
un sentimiento que está fuera de su cuerpo. Despidió la bicicleta dejándola en
la orilla del camino y partió hasta los cuerpos de seguridad del pueblo
narrando su historia, buscando justicia a cualquier precio.
La mayoría de los receptores la
escucharon, más bien con aburrimiento, su emocionada letanía. -¿Pero
qué importancia tiene que un grupo de grandes cacaos del pueblo, ya sean
empresarios u hombres de negocios, gente del gobierno o pranes, casi atropellen
a una adolecente de negra melena rizada y ojos azules, una tarde acalorada, en
el centro de Cagua?- Julieta
al comprender que su historia no era importante para
Mientras los abogados hablaban con la
abuela y con el resto de la familia de las estrategias de la denuncia ante el
agravio a la nena, Julieta llamó a todos sus amigos del liceo y de la
universidad. Explicó que necesitaban un cambio de ciudadanía. Así comenzaron
entre todos a organizar foros, reuniones en todas las cuadras, caseríos,
barrios y urbanizaciones. Un trabajo agotador que empezaba con el alba hasta
alta horas de la noche, estructurando estrategias para mejorar la vida en común
de la gente de Cagua y sus adyacencias. Así, el pueblo comenzó a organizarse y
a realizar
actividades de limpieza, seguridad, deporte, ambiente, salud,
lectura y actos culturales y hasta se formaron brigadas de vigilancia de día y
de noche, custodiando todos los rincones del pueblo con el consabido sistema de
inteligencia para la seguridad, organizado con todas las chismosas y entrépitos
del pueblo, que mire, como hay muchos, y quedó estructurado perfectamente, de
tal forma y manera, que eran la envidia de la CIA y la KGB, juntas. En poco
tiempo, nadie solicitaba la cooperación, ni la ayuda de las autoridades del
Municipio pues
la auto sostenibilidad integral de las comunidades de Cagua fue
de tan perfecta organización que no fue necesaria, nunca más, la intervención
del gobierno. Es sistema de gestión vecinal y comunitario fue envidiable en toda Aragua y en Venezuela
también.
Pero me cuenta Julieta que un día, el
mismo carro que casi la atropelló meses atrás, se detuvo frente a su casa y
estando ella en plena reunión comunitaria, un hombre bajito, con cara de
iguana, se acercó hasta ella diciéndole:- con que
tú eres la agitadorcita de Cagua-. Ella
como resorte brincó hasta clavar sus ojos frente al rostro del hombre y
colocándose en punta de pie le gritó en el oído: -no
agito, más bien revoluciono para vivir mejor, ¿por qué? ¿Cuál es tu
Yo sudaba copiosamente y el pecho
estaba acelerado. La escena
me retumbaba en el cuerpo como aguijoneándome la
vida. En esta condición de angustia y desasosiego medité que el poder es una
posibilidad propia, individual, es el imperio de cada quien. No hay motivo
verdadero para que cada sujeto no construya una realidad que le permita,
conscientemente, amar u odiar a los otros. Se trata de una decisión y
convicción personalísima.
Nadie tiene poder sobre otro, si ese otro, no se lo
permite. La organización comunitaria es una necesidad y un trabajo que no está
teñido, ni de falsas ideologías, amarres de partidos o a los millardos de los
ricos, sean del gobierno o privados. Eran las tres de la madrugada y no pude
llamar a Julieta Guasare. Me recosté pensando en estas cosas de ahora, en el
odio sembrado entre los
venezolanos, en el poder que tenemos de amar, mientras
miraba extasiada la danza de una chicharra saltarina entre los brazos de mi
lámpara de terciopelo. Pensé, en mi tía abuela Luna Libertad, jefa de la
revolución en San Mateo y en lo mucho que hacen falta buenos líderes en
Venezuela en estos momentos.![]() |
| Dile no al racismo contra el blanco y contra el negro |
![]() |
| Dile si a la PAZ de Venezuela en Libertad, Igualdad y Justicia |
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| Todos estamos trasnochados en Venezuela |
![]() |
| Pensamos en buenos Líderes |
viernes, 22 de agosto de 2014
EL Camino de los Enanos #Cuento para #Menores El camino está aquí
EL Camino de los Enanos
Cuento Infantil
Todas las
noches la anciana bruja de cabellos de oro y ojos bellos, sollozaba la tragedia
de lo sucedido en su jardín: un grupo de jóvenes endiablados había cortado las
flores para venderlas en el mercado y
comprar trajes nuevos para asistir a la fiesta de la plaza del pueblo.
La vieja
mujer, en su indignación por lo
sucedido con su jardín, conjuró a los ladrones
y los convirtió a todos, en horribles ranas llenos de escamas y pelos. Y tanto
fue el sollozo y la tristeza de la bruja por las
flores, que tres hermosos
enanos que siempre estaban escondidos en el campo, al escuchar la tristeza de
la anciana, decidieron ayudarla. Por eso, Fifina, la más
joven de las enanas
salió brincado desde las piedras y le contó a la vieja bruja su plan de
reconstrucción con las flores. La mujer, conmovida por el buen corazón de los
enanos les explicó, que a raíz de lo
sucedido había realizado un maleficio en
el jardín, para que, cualquiera que lo
pisase durante el día quedase atrapado en él para siempre.
Pero los otros dos
enanos, Manuel y Susana, salieron corriendo a narrarle a la anciana lo
dispuestos que estaban por recuperar el hermoso jardín durante la
noche.
Fifina, la enana llorona, por fin, se puso a reír al ver el esfuerzo de los enanos mayores, y
muy conmovida, la bruja otorgó el permiso para realizar el trabajo,
recordándolas:
- Antes de
salir el sol deberán retirarse del jardín porque de no hacerlo como les
advierto, quedaran atrapados para siempre. El maleficio no los perdonará -.
Inmediatamente
comenzaron el trabajo. Julio, el enano reilón se pasó toda
la noche escarbando
la tierra y podando las matas mientras reía y se carcajeaba por los cuentos e
historietas que le susurraban las flores y las plantas. La enana llorona se
sentó en la puerta a pulir las piedras del jardín con las lagrimas que
derramaba,
cada vez que Julio, el enanito menor, conseguía un bichito en los
huequitos que habría con los dedos gordos de sus manos alegres y Susanita, la
enanita de las flores, sembraba las semillas y las soplaba con
un agua mágica
que desde siempre había guardado en una botellita de cristal que, celosamente, cargaba
atada al cuello.
Toda la noche
Fifina, Julio y Susana
cantaron, sembraron y rieron restaurando el jardín. Pero
minutos antes del amanecer, cuando todos los arreglos estuvieron listos, los
enanos se quedaron extasiados contemplando el murmullo de las flores que
conversaban felices y agradecidas
por el trabajo. Miles de colores y aromas
rociados por la aurora engalanaron el jardín y el brillo del polen y los finos
pistilos comenzaron a abanicar a los
pájaros.
Tan extasiados estaban los enanos con
lo bello del jardín que,
contemplándolo, Julio comenzó a reír desaforadamente, Fifina empezó a llorar amargamente
y Susanita se puso a regar sin cesar las flores con el agua de su botellita
mágica, mientras el sol, en su teatral cruzada les iluminó el rostro
convirtiéndolos súbitamente en estatuillas de piedra.
Desde entonces, todos los
habitantes del pueblo recorren el floreado jardín donde tres enanos de piedra:
el reilón, la llorona y la jardinera; adornan el exquisito camino donde yacen
con cara de placidez los tres enanos.lunes, 18 de agosto de 2014
LA BRUJA DE GUAYABITA Y el enano verde... Venezuela llena de enanos verdes ASCOOOO
LA BRUJA DE GUAYABITA
Y el enano verde
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| Beatriz Herrera Guasare |
“La juventud es un tesoro que no
se hereda” es una máxima que reitera mi madre diariamente en el desayuno. “Multiplicar
esa riqueza es una obligación familiar” forma parte de la letanía y
advertencias, particularmente, a la joven Beatriz Herrera Guasare, alias
Frescolita. La niña con cara de ángel quedó presa del afresado apodo por sus
redondos y rozagantes cachetes que mantuvo hasta bien entrados su años mozos.
Siempre dio muestras de una inteligencia despierta, buen humor pero se
caracterizó, hasta la saciedad, por su gusto ante lo exotérico, místico y oculto.
A los siete años fue sorprendida en el solar de las guayabas y mangos fumándose
el primer tabaco y la abuela para acallar el escándalo de mi madre explicó que,
seguramente, esa muchacha era la reencarnación de la combativa Luna Libertad
Herrera, líder mantuana, sempiterna de San Mateo. Que la niña tenía candela
incrustada en los ojos y por tanto la dejaran en paz pues, ella se encargaría.
Fue por ese evento que se prohibió, terminantemente, llevar ningún tipo de tabaco
a la vieja casona. Así lo hicimos.
Pero los niños crecen y alzan el
vuelo tal como lo hizo Beatriz con su morral escarlata a cuestas quien se
dedicó a realizar excursiones para conocer, milimétricamente, todo el pueblo de
Turmero, desde el alba, hasta bien entrada la noche. Por ella el teléfono
repicaba sin cesar pues sus amigos y relacionados la buscaban a toda hora. Tenía
una vida social activa la cual acompañó con excelentes calificaciones,
manteniendo el aura infantil y mantuano. Pero un día traspasó los pasillos de
la casona con una joven alargada, un tanto desaliñada, provista de unos humildes zapatos
polvorientos y nos la presentó como su amiga de Guayabita llamándola:
–
Esta es Yaritza, Yaritza de los ríos, del río de Guayabita−,
terminó aclarando. La abuela pensó que se trataba de su apellido, pero yo, que
tengo los pies en este siglo asumí que estaba ante una ocurrencia de Beatriz y
que seguramente la invitada era hija natural. Su alargado y rimbombante
apellido
era todo invento de la astuta Frescolita que, conociendo a la abuela,
esperaba su feroz critica ante el que dirán por relacionarse con gente de
oscuro pasado familiar. Para la abuela, la moral era requisito indispensable
para pertenecer a los visitantes de la casona y a la esfera de las amistades
familiares. Mi mente de investigadora se puso alerta al sentir escalofríos
cerca de la jovencita.
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| Casita de Guayabita |
Frescolita visitaba a su amiga todos los
sábados. Al regreso de sus paseos nunca presentó rastros de nada extraño más
que un ligero olor a monte y humo. Sin
embargo, mis alertas se encendieron cuando verifiqué que Beatriz había
elaborado un
inmenso altar escondido entre el cuarto de las herramientas del
solar. Había recuperado todas las estatuillas viejas y rotas de las mujeres de
la familia. El trabajo de restauración era impecable y hermosamente realizado.
Con las reliquias familiares había renacido un suntuoso monumento, lleno de
frutas y flores. Por esta rezadera de quinceañera algo me dijo que las cosas
iban mal. Luego, la vida me lanzó hacia otras preocupaciones.
Pero una tarde
sabatina cuando exploraba los viveros frutales de Guayabita me tope con una
feria de gente. Indagué y la respuesta a la algarabía fue que el tumulto esperaba
consulta con la bruja de Guayabita. Cuál seria mi sorpresa cuando por
entre la
verja divise a Frescolita organizando la fila humana. Brinque de la camioneta,
me le pare enfrente y sin pronunciar palabra ella entendió mi reclamo. Dando
media vuelta desapareció del patio lleno de rastrojos. Sólo dejamos la estela.
En
el trayecto explicó que únicamente apoyaba a su amiga, pues ésta era muy pobre
y vivía de su actividad brujeril. Sin embargo, alegó que no se trataba de una
charlatana y que en verdad ayudaba a la gente a resolver sus conflictos. Fue
por ellos que la espigada Beatriz Herrera Guasare cooperaba
. Después y por
recomendación mía, a Beatriz la arrastramos hasta al viejo mundo para que tomara
otro aire. Al tiempo, mientras la niña remojaba su entendimiento entre los castillos
y el frío invierno español vino a buscarme la bruja Yaritza. Según ella, el río le advirtió que yo era la dueña de su futuro.
Me relató de su gran pobreza como
bruja de Guayabita y de sus responsabilidades familiares. Yo, únicamente, le
sugerí que cambiara de ramo laboral y que estudiara sus potencialidades
propias:
era bella, joven y trabajadora lo cual resultaba una tríada perfecta. Así lo hizo,
cambió de ramo y se dedicó al comercio.
Estableció un modesto abasto y
luego se alió con las fuerzas del gobierno. Al parecer, le fue tan bien que
pasó a dirigir la venta y distribución de comida en la zona. Las filas de personas se mantuvieron idénticas con los
mismos rostros pero con distinto sentido. Ya no querían
conocer su futuro sino
poder adquirir la escasa comida que quedaba en los anaqueles. Sin embargo, ella
prosperó con gran rapidez. Compró un apartamento en el centro del pueblo, un
comercio con local propio y me mostró, una de esas tardes acaloradas de Turmero,
su nueva camioneta, último modelo. Me alegré por ella y por Beatriz que sonrió
a través de la cámara, al conocer la historia.
Una noche de fin de semana,
departiendo en un lujoso restaurante de Maracay donde siempre me reúno, alguien
me abordó por la espalda. Era Yaritza, bien ataviada, con ropa cara y me
agradeció mis sugerencias. Pregunté el motivo de su triunfo y señaló a un
hombrecito contrahecho con
rostro de chiripa que al salir del baño y se nos acercó.
Ella me susurro al oído; − fue mi enano verde quien me rescató de la pobreza−.
El general la tomó por la mano y juntos se perdieron por entre el humo y el
tumulto de la noche. Yo me quede pensando en el éxito de la Bruja de Guayabita
y la suerte que ciertos enanos verdes le dejan al pueblo.viernes, 15 de agosto de 2014
El último drama de la Batería OFF en Venezuela... ahora peor... y sin bateria
El último drama de la Batería
OFF en Venezuela
Una historia Verdadera
Traspasé el portal del estacionamiento,
caminé hacia el automóvil, abrí la puerta, acomodé mi humanidad en el asiento
del conductor y giré la llave en el arranque para ir al trabajo e iniciar la
brega del día. Y oh! Sorpresa fantasmagórica, el carro no encendió, no había
corriente. La conexión estaba muerta entre la energía y el montón de metales.
De inmediato salí despavorida buscando ayuda, pues, según mi pueril y
desubicado criterio, necesitaba algún cristiano de buena voluntad que me
auxiliara
con el mecanismo de cables y trompa con trompa vehicular, para encender
el automóvil y poder acercarme hasta el establecimiento de la esquina donde me
compraría mi nueva batería.
- Seguramente más cara-; pensé yo, por aquello de las 5 devaluaciones lineales en menos de un año.
Nada que la chequera de mi marido general no pueda resolver. Para eso tengo un
general en casa, para que traiga comida importada,
consiga electrodomésticos a
buen precio y me colabore con la cría de los cinco hijos que durante nuestro
maravilloso matrimonio de 20 años, hemos sostenido a fuego y pólvora.
De pronto, llegó el señor Renatto, el
dueño del estacionamiento donde aparco mi carro hace 20 años también. Llegó
presto ayudarme. Yo apuraita. Él, con paso longevo me detuvo con sus lacerantes
frases de siempre.
- Profesora, no hay baterías para la venta, ni en la esquina, ni más allá- . Allí me informó que las
baterías escaseaban de forma alarmante. Que había que hacer cola y anotarse en
listas de espera desde las 4 de la madrugada, a ver? Que además los precios se
triplicaban y que ya este dato no era importante pues lo sustantivo era poder
conseguirlas.
Explicó, asimismo, que para comprar alguna debería entregar la
batería vieja, ya que los distribuidores
las solicitaban para convertirlas en lingotes de plomo que se usaban como
materia prima en la nueva mercancía, pues acabaron con el mercado
de plomo puro en polvo, materia prima base para la elaboración de estos bienes.
Igualmente, me alertó que me olvidará de las garantías, que eso ya no existe en
Venezuela.
Entonces, llamé a mi esposo y me dijo que estaba
ocupado,
desbaratando guarimbas y poniendo preso a los estudiantes. Que resolviera yo
sola.
Renatto respiró profundo y continuó diciendo que el principal problema era la alta deuda con los proveedores internacionales, que ascendía a 203 millones de dólares y que dicho sector
requería que les cancelaran “ya las solicitudes de más de 150 días de retraso,
lo cual representaba unos $126 millones”.
Luego, me alertó que también
escaseaban los aceites, grasas, resinas y grafitos. Finalmente, Renatto bajó la
cabeza como toro cuando cornea al torero, me miró con sus ojos marinos alegando
que si la conseguía tuviese cuidado pues había bandas roba baterías y cauchos
en toda Venezuela, además del saqueo Colombiano fronterizo de siempre. Pero que,
yo no tenía problema por aquello de mi pariente el general, tan cerca de Dios y
de mi camita.
![]() |
| Gracias a Dios que desperté!!!!!! |
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