jueves, 4 de septiembre de 2014

EL PORTAL DE TEJERIAS

EL PORTAL DE TEJERIAS


Ríspero Mogollón López se graduó de ingeniero mecánico en la ilustrísima Universidad Central de Venezuela, en la ciudad de Caracas, contrajo nupcias con una despampanante rubia que le fue infiel con su mejor amigo y de tanto alcohol y juerga por el despecho terminó boquiabierto un lunes en la bahía de Cata, en el estado Aragua. Obnubilado por el sol de las once y la resaca perene, quedó impresionado ante las curvas y tongoneos de la mulata Rita Alcone González, una mestiza de grandes ojos verdes que ayudaba a su familia con la venta playera los fines de semana y trabajaba en la gobernación como contable, el resto de la semana. Se enamoraron perdidamente se casaron y engendraron tres muchachos sólo en cuatro años. Así comenzó su verdadera responsabilidad.

El cambio fue endógeno cuando realizó el juramento: -Seré fiel hasta el día que me muera. Mi cuerpito no da más, así como mi bolsillo-. Rispero, el ingeniero, era experto en las cuentas y en
su prospectiva sabía bien que los gastos crecían exponencialmente respecto al placer y los divorcios; por ello se juró- No pasó más por el jaleo del divorcio, me casé con esta loca y allí me quedaré-, confesó en su nueva oficina. La crisis y el desabastecimiento lo arrastraron a vender artículos para la sexualidad. La maleta de su carro era un antro de perdición y placer: consoladores, cremas, juguetes y disfraces para el disfrute sexual era su stock de mercancía. Él era un arsenal de sexo ambulante y sus clientes asemejabanse al último eslabón del infierno.

Pero la tarde del último día de quincena, mientras contemplaba el atardecer aragüeño rumbo a Caracas un caucho explotó en plena autopista de la Regional del Centro. El accidente lo obligó a detenerse en la zanja del camino, justo en un claro que aperturaba el paso hacia Tejerías. Lopecito, seudónimo que le inventó su mamá, se bajó cauteloso mirando en círculos, abrió la cajuela, sacó el triángulo de seguridad y lo colocó varios
metros a la derecha para avisar de su presencia. La tarde cálida lo tranquilizó a pesar del miedo que causaba quedarse sólo en medio de la peligrosa autopista pues miles de asaltos y asesinatos eran ampliamente conocidos por aquellos lares. De la nada una mujer alta, asfálticamente vestida lo saludó.

Al principio él se asustó un poco, pero luego, la inconmensurable belleza de la visitante, su exótica vestimenta de fiesta y sus grandes ojos crepusculares lo hicieron olvidar su condición de accidentado viajero. En el furor de la conversación paró un carro y al instante ella le comentó al inquieto Lopecito: -Quédese donde está. Estos hombres son asesinos y ladrones. Yo me encargo-; y con la misma se acercó hasta ellos. Parecía que flotaba sobre la hierba y luego al tocar el asfalto una niebla pesada explotaba desde sus pies. El ingeniero calculó que sus visiones eran por el miedo.


Cuatro hombres con pistolas y cuchillos en las manos se movieron hasta ella; pero de pronto, quedaron paralizados y de un solo brinco huyeron corriendo y gritando como si hubiesen visto al mismísimo diablo. El ingeniero dominó únicamente la espalda de la mujer quien de inmediato giro hacia él con su risa aterciopelada incrustada en su faz de luna llena. -Estarían drogados o borrachos. Hay muchos de esos locos por este camino amigo. No se preocupe más que yo me encargue ya de ellos-; y finalizó la conversación invitándolo a tomar agua en su casa. Él, pensó que se trataba del pueblo de Tejería, pero ella le indicó con la mano. Increíblemente para Lopecito, en medio de la isla que abre el paso al camino que conduce a los Teques y Tejerías, una hermosa casita de campo se dibujó y a pesar del asombroso hallazgo, el ingeniero se
acercó y una puerta semejante a una piedra se abrió a su paso. La casa era modesta pero limpia, se sentaron frente a frente y ella le acercó un vaso que contenía un vino raro, rojo y dulce como sangre de toro. Nunca supo cuántas horas conversaron de lo humano y lo divino, pero el punto fue que Lopecito olvidó por completo la entrega de mercancía, el carro y a su familia.

Ella empezó a sentir calor y comenzó a desnudarse y el quedó prendado del cuerpo perfecto de sirena que se develaba ante sus ojos. Pero cuando ella intentó besarlo, él la rechazó categórico; -Juré que sería fiel a mi esposa y mis hijos. Discúlpeme por favor-. Pero ella insistía en poseerlo contorneándose como una culebra frente al invitado. López llevaba candela en la sangre, sudor con olor a flores y a miel. Tenía ganas de saltarle encima y poseerla como una fiera, pero tomó una decisión. -Cumpliré mi promesa señora y ya me voy. No puedo estar con usted-. La dama se sonrió y le replicó un;- te salvaste hombre-; mientras López caía en un sopor espeso, sus parpados pesaban demasiado hasta que finalmente se durmió plácidamente.

Rispero abrió los ojos y un centenar de hombres vestidos de azul lo rodeaban, lo ayudaron a incorporarse preguntándole cómo se sentía. El ingeniero estaba bien y así lo hizo saber. Su impresión se desató después, al constatar que hacia quince días que estaba desaparecido, su familia rescató el carro de un estacionamiento policial con toda la mercancía y en perfecto estado. También supo que cuatro delincuentes armados habían
muerto en un choque el mismo día de su desaparición en el tramo Tejerías-Caracas, en la Autopista Regional del Centro. Nunca creyeron la versión de Rispero Mogollón acerca de su extraña amiga, pues en el lugar que el hombre señalaba como la casa de la extraña mujer sólo había un tronco viejo y seco.

Algunos cuentan que un diablo con cuerpo de mujer a veces sale a través de un portal espiritual incrustado en Tejerías y deambula por la trinchera de la autopista Regional del Centro. Otros dicen que se trata de un ánima que se quitó la vida al encontrar en su cuarto a su esposo con su mejor amiga y su espíritu atribulado quiere el perdón después de asesinar a su esposo y a la amante traidora. Lo cierto es que Ríspero Mogollón, alias Lopecito, cumplió su juramento de fidelidad y gracias a ello el monstruo de Tejerías le perdonó la vida, como también su esposa Doña Rita Alcones le dejó regresar a la casa
cuando en un sueño, un diablo rojo con negro, le narro la historia oscura del portal de Tejerías. Otros portales aún más tenebrosos se ocultan en el Estado Aragua esperando a los traidores  e infieles para torturarlos para siempre. A lo mejor esperan por ti.




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domingo, 31 de agosto de 2014

¿Consanguíneo o afín? #Venezuela


¿Consanguíneo o afín?



Una sociedad rica es sinónimo de educación, buen trato y cortesía; las anteriores son síntomas de lo mismo: ética. La falta de ella delata un gran deterioro social que se muestra en inseguridad, guerra, baja productividad, desorganización empresarial, caos, deterioro ambiental, dependencia tecnológica, insalubridad, entre muchos otros males mayúsculos subsidiarios con la pobreza de naciones y gente. 


Pero hay un dato más allá, enraizado en la raigambre del tejido social venezolano, que con harta sapiencia  fue diagnosticado por el odontólogo de profesión y filósofo por antonomasia, el Doctor Rafael Castillo, que desde el cenáculo de su consultorio, me explicó los derroteros y entramados éticos derivados de la consanguinidad y la afinidad.

Amar a los hijos no requiere de mayores esfuerzos éticos, pues la familia une y llama a través de gen y costumbre. Es la alianza de la sangre común que promueve la organización
familiar. Sin embargo, la sangre llama, tiene un poder pero hay estímulos y alianzas que superan el código genético y forman el macro tejido complejo que dan pie a las sociedades.

A este sumun imperceptible, pero profundamente poderoso, el doctor Castillo lo denominó la afinidad. La palabra afinidad viene del latín adfinitas, adfinitatis, que es la cualidad del adjetivo adfinis, compuesto de ad+finis (límite, frontera). Así el afín es en principio el que está próximo al límite de otro, el vecino, el semejante.


Su contenido trasciende la esfera familiar, personal, familiar, local y lo sitúa en la infinita multidimensionalidad de factores que permiten el encuentro humano. Desde lo profundamente sensible y emotivo hasta los lazos cívicos que nos impulsan a lo transnacional; por ejemplo, somos afines con tribus arcaicas de Guayana y con sofisticadas computadoras japonesas, al mismo tiempo.


Luego con resignación, y cierto dejo de melancolía, continuó su disertación filosófica. “En Venezuela la siembra de
infinitos odios ha sido una estrategia bien pensada: políticos, raciales, económicos, intelectuales, de clase, religión, etc. Todos cuanto separen y hagan ruptura entre la afinidad de los venezolanos han sido mortal y deliberadamente esparcidos por años, ha sido una estrategia muy reforzada sostenida como fórmula de control del poder nacional e internacional. María, los venezolanos hemos perdido nuestra afinidad y eso nos está llevando a la destrucción total-, concluyó el Doctor Castillo con  decepción y tristeza ahogándole la garganta.


No pude agregar nada a su disertación pues sus garras de acero aniquilaban sanitariamente la caverna de mi boca, pero reflexioné que esa afinidad entre venezolanos abre el camino hacia la cooperación y hacia la organización social, fundamentos esenciales para el crecimiento económico y el desarrollo endógeno e integral de los pueblos. Sin afinidad no son posibles sueños comunes, visión compartida, ni trabajo en equipo. No es posible el bienestar que es el bien común.


La siembra de odio inyectada en las venas del tejido comunitario venezolano, ha traído beneficio a unos pocos nacionales y extranjeros a costa de la destrucción y la debilidad nacional. La mejor arma contra los imperios, que quieren someternos desde lo emocional, hasta lo militar, es alcanzar por nuestras propias acciones nuestro desarrollo. 


Reflexioné sobre estas cosas, me deshice de la sangre en la
boca y corrí para terminar éste artículo por la afinidad que siento con todos mis compatriotas venezolanos. Saber aceptar la diferencia, con verdadero respeto, es un gran síntoma de inteligencia colectiva y de ética para la buena vida. Todos lo necesitamos en Venezuela






La Luna del Polvorín y por eso el sol de #Aragua #Guayabita #Turmero

La Luna del Polvorín
y por eso el sol de Aragua


Rafael Luna de Polvorin
¡Cuidado!, mucho cuidado y no se confunda mi querido lector que no se trata de la luna en femenino. ¡No!. No es la compañera enamoradísima de la tierra que coquetea y asoma su rostro a trozos para dar lumbre a ciertos enamorados y mortales. ¡No señor! Mi escrito versa sobre una Luna varón, una Luna macho. Esta narración es sobre un hombre de apellido Luna que a lo largo de los
años ha regado con trabajo duro y esfuerzo denodado la tierra de sus antepasados y de sus herederos en una parcela de su propiedad, ubicada en la ruta hacia la población del Polvorín, en nuestro querido Estado Aragua.

Luna es hombre recio hecho para la brega y
amante de la naturaleza y de su familia. Y cuando me refiero a su familia entiéndanla como la ampliada, es decir, tendrán que incluir visitantes, clientes y además, todos sus animales que son varios y de diversas especies. En la finca de Don Rafael Luna será cordialmente recibido por una imponente manada de perros que moviéndote la cola le darán la bienvenida. Pero entérese, ese
amor muere en el ocaso, porque después de las seis y media de la tarde puede buscarse un problema si entra sin avisar y sin que el señor Luna organice su jauría de perros de todas las razas. A Don Rafael Luna le gustan todos los animales: con pelos, plumas, pequeños, grandes y
pare usted de contar. En algún tiempo, él, se dedicó a la ganadería, a la cría de caballos estelares y cuando los fines de semana el compadrazgo llamaba, hasta los toros quedaron coleados por los bríos de Don Rafael Luna. Este hombre nacido y criado en las tierras que hacen límite en la ruta hacia el Polvorín de Turmero está hecho para renovar la vida rural.


Su fauna es variada. A veces hay ardillas que comen pan con leche y suben y bajan a través de los pantalones de los visitantes ofreciéndote alguna hojita y revisándoles los bolsillos a los compradores de su colorido y multioloroso vivero. Constituye el popurrí tornasolado de luces y plantas que conforman su gran escenario para recibir a los visitantes. Otras veces son los loros que cantan, bailan y hablan de política si usted introduce el tema cerca de los emplumados.. Por
cierto, algunos están a favor del gobierno cantando Chávez corazón del pueblo… y otros de la oposición diciendo Hay una camino… Luna ha cuidado el equilibrio político entre sus loros. También supe de un zamuro que fue, durante algún tiempo, su mascota y cuando vio su adultez lo visitaba permanentemente aunque él decretó su libertad total, pues ningún animal está preso en los límites de la tierra del señor Luna. Igualmente se cuentan cochinos rescatados de los ríos que terminan comportándose como perros y hay que mencionar al
inconmensurable Neptuno, un rottweiler negro, con ojos y dentadura de infierno, mansito como un bebé, que saludaba mientras todo el mundo se petrificaba de espanto, con los ojos cerrados por varios instantes. Neptuno era un monumento canino. Un perro de raza perfecto. Un ejemplar de concurso tan hermoso como las perfectas rosas rojas del señor Luna.


Pero las virtudes de este hombre de campo no se agotan en las fronteras de la veterinaria, la cría, la pesca y el manejo de todo tipo de animales, grandes y pequeños. Su fama le trascendió y lo
sobrepasó desde hace varios años atrás, cuando la Universidad Central de Venezuela y otras Academias científicas lo catalogaron como el “ingeniero de la naturaleza” y más aún. Se ha hecho acreedor de metáforas como “artista de la naturaleza”. Imagino que en este punto el querido lector se preguntará si
estas denominaciones responden a una verdad fáctica o son puras imaginerías o charlatanerías de pueblo. Sepa mi alucinado lector que la prueba empírica, cierta, real y viviente de tales denominaciones comparecieron ante mí en el momento que fui llevada frente a un árbol raro. El señor Luna sacó su afilada navaja del pantalón y me dio a probar mandarina, pero
del mismo árbol desprendió una naranja resplandecientemente amarilla como el sol denominada California, grande y jugosa. Luego, tomó del mismo árbol una naranja más modesta poseedora de un sabrosito jugo dulce y para cerrar con broche de oro la polifonía cítrica del heterogéneo árbol, me invitó a que abriera mi mochila y vació un centenar de limones, unos criollos y otros más grandes, de fuerte olor para que la prueba de mis investigaciones fuese
patentada con agua y azúcar. Don Luna es un verdadero doctor de la sabia y del injerto en plantas y sus cítricos le han conferido premios municipales el día del árbol y en varias oportunidades patrias. El dedo verde lo llamé yo, el hombre sabia lo denominó el otro ingeniero que me acompañó y quedó extasiado ante la perfección natural de sus árboles, flores y demás plantaciones.


Finalmente, es un deleite sus explicaciones sobre las plantas ornamentales, particularmente, los rosales. Hay una intensa variedad de rosas que me hacen enajenarme ante la fuerte belleza de la naturaleza florida, cuando Rafael Luna nos invita a contemplar su plantación de rosales y arbustos
exóticos. Es como contemplar un cuadro de Claude Monet, un estallido de colores, un deleite y un relax vislumbrar su campo de rosales. Es una obra de arte. Me suenan acordes internos de los antepasados que aún reclaman notas desde el siglo XX español. Suenan en mi cabeza acordes del pasodoble “Luna de España” interpretado, primeramente, en la comedia musical “Hoy como Ayer” en 1945. Aún
Marujita Diaz Y "Luna de España"
recuerdo a la Diva de postguerra Española Marujita Díaz en el film “La Corista” de 1.960. Entonces me inspiro y como soy coplera Aragueña me pongo cantarina y canto:


La Luna es un varón
Y por eso el sol de Aragua
Anda que bebe los vientos
Por si el hombre se emborracha.

Como la Luna sale tanto de noche
Una amante le aguarda en cada esquina
Luna, Luna de Aragua, cascabelero,

Luna de ojos de río cara morena…Y Olé


Luna de Aragua

Rafael Luna y su perro Picaso
La coplera de Aragua

domingo, 24 de agosto de 2014

Cuando las letras saltan solas Trompicones de poder en Aragua

Cuando las letras saltan solas
Trompicones de poder en Aragua
o la historia de una revolución



Ampliamente difundido, documentado y extendido que desde los tiempos de la Guipuzcoana la presunta rivalidad de la partidocracia es sólo cuento de hadas para niños y niñas, a los fines de mantener a los incautos descerebrados, insuflados con banderas patrias, para a la hora de dar y acoger la orden de ir a votar por el  poder de turno en
la urna electoral. Dan cargos, dinero y controlan la libertad. Ni modo? Pues el poder está en relación directamente proporcional a los reales y al control de la chequera fiscal. Pero, no quiero ahondar en esto, pues rojos, blancos y verdes municipales siempre se sientan en las mesas del cabildo y terminan en fraternales acuerdos que llevan suculentos regalitos en metálico, siempre por debajo de la misma mesa, donde minutos antes, se insultaron y a la vista de todo el público, se despedazaron ideológica y políticamente. Esta es la historia del compadrazgo político en los municipios de Venezuela y de muchos oscuros rincones de América Latina y del mundo desde hace centurias.


Se trata de los acuerdos de los poderosos sobre el lumpen proletariado que toma la decisión y tienen el poder, tan sólo por un día; el día de las elecciones. Pero mi historia es distinta, como dice la ñangara canción, no voy a hablarles de los políticos y concejales venezolanos comunes cuyos actos son ya, para todas las comunidades, tan hartamente conocidos. Voy a contarles la historia de un ser de otro mundo, de una niña galáctica, es una historia querible, amable, besable la de Julieta Janeth Guasare Herrera-Rodríguez Acosta de los Tenorio de Cagua, prima hermana y contemporánea  con la rozagante Beatriz Herrera Guasare, alias Frescolita de Turmero.
 
Julieta Janeth Guasare Herrera-Rodríguez Acosta de los Tenorio de Cagua
 Julieta no es dulce, ni con buenos modales, como su educada prima Beatriche. Por el contrario, dicen que su emparentamiento con el General Sucre, varias generaciones atrás, la caracterizaron por su mal carácter y su sed de justicia a cualquier precio. Es una mujer que el poder lo escribe con su puño y letra. Una tarde, en la esquina de la ferretería Fayad, en Cagua, un grupo de camionetas y motos, con dotes de caravana
casi la matan al moverse a una increíble velocidad. Ella cayó al suelo, su cuerpo sufrió moretones y no se puede decir que se asustó porque ella no conoce de sustos. Es un sentimiento que está fuera de su cuerpo. Despidió la bicicleta dejándola en la orilla del camino y partió hasta los cuerpos de seguridad del pueblo narrando su historia, buscando justicia a cualquier precio.

La mayoría de los receptores la escucharon, más bien con aburrimiento, su emocionada letanía. -¿Pero qué importancia tiene que un grupo de grandes cacaos del pueblo, ya sean empresarios u hombres de negocios, gente del gobierno o pranes, casi atropellen a una adolecente de negra melena rizada y ojos azules, una tarde acalorada, en el centro de Cagua?- Julieta al comprender que su historia no era importante para
nadie, digo, para nadie con poder para resolver y hacer justicia, hirvió como una cafetera exprés, se puso roja de la indignación, traspasó el recibidor del último policía que la atendió y de una sola patada le volteó el escritorio. Salió retándolo y diciéndoles que se arrepentirían de tanta indolencia, después de proferir el consabido insulto y propinarle algunas palabras groseras. En la reunión de familia acordaron dar parte a las autoridades y decirle al primo Pipito Rafael que activara su bufete de Caracas para dar inicio al litigio. Pero Julieta de un manotazo advirtió: -Hagan lo que quieran. Yo resolveré a mi manera-. Así pasó.


Mientras los abogados hablaban con la abuela y con el resto de la familia de las estrategias de la denuncia ante el agravio a la nena, Julieta llamó a todos sus amigos del liceo y de la universidad. Explicó que necesitaban un cambio de ciudadanía. Así comenzaron entre todos a organizar foros, reuniones en todas las cuadras, caseríos, barrios y urbanizaciones. Un trabajo agotador que empezaba con el alba hasta alta horas de la noche, estructurando estrategias para mejorar la vida en común de la gente de Cagua y sus adyacencias. Así, el pueblo comenzó a organizarse y a realizar
actividades de limpieza, seguridad, deporte, ambiente, salud, lectura y actos culturales y hasta se formaron brigadas de vigilancia de día y de noche, custodiando todos los rincones del pueblo con el consabido sistema de inteligencia para la seguridad, organizado con todas las chismosas y entrépitos del pueblo, que mire, como hay muchos, y quedó estructurado perfectamente, de tal forma y manera, que eran la envidia de la CIA y la KGB, juntas. En poco tiempo, nadie solicitaba la cooperación, ni la ayuda de las autoridades del Municipio pues
la auto sostenibilidad integral de las comunidades de Cagua fue de tan perfecta organización que no fue necesaria, nunca más, la intervención del gobierno. Es sistema de gestión vecinal y comunitario fue  envidiable en toda Aragua y en Venezuela también.


Pero me cuenta Julieta que un día, el mismo carro que casi la atropelló meses atrás, se detuvo frente a su casa y estando ella en plena reunión comunitaria, un hombre bajito, con cara de iguana, se acercó hasta ella diciéndole:- con que tú eres la agitadorcita de Cagua-. Ella como resorte brincó hasta clavar sus ojos frente al rostro del hombre y colocándose en punta de pie le gritó en el oído: -no agito, más bien revoluciono para vivir mejor, ¿por qué? ¿Cuál es tu
problema gordo cara de perro?- Fue en ese momento cuando el hombre sacó un fuete e intentó asestarle un latigazo en el rostro de Julieta? Ella lo miraba con odio y sus ojos ardían en candela. Odio respiraban y exhalaban todos los presentes. Odio y violencia. De pronto desperté…

Yo sudaba copiosamente y el pecho estaba acelerado. La escena
me retumbaba en el cuerpo como aguijoneándome la vida. En esta condición de angustia y desasosiego medité que el poder es una posibilidad propia, individual, es el imperio de cada quien. No hay motivo verdadero para que cada sujeto no construya una realidad que le permita, conscientemente, amar u odiar a los otros. Se trata de una decisión y convicción personalísima.
Nadie tiene poder sobre otro, si ese otro, no se lo permite. La organización comunitaria es una necesidad y un trabajo que no está teñido, ni de falsas ideologías, amarres de partidos o a los millardos de los ricos, sean del gobierno o privados. Eran las tres de la madrugada y no pude llamar a Julieta Guasare. Me recosté pensando en estas cosas de ahora, en el odio sembrado entre los
venezolanos, en el poder que tenemos de amar, mientras miraba extasiada la danza de una chicharra saltarina entre los brazos de mi lámpara de terciopelo. Pensé, en mi tía abuela Luna Libertad, jefa de la revolución en San Mateo y en lo mucho que hacen falta buenos líderes en Venezuela en estos momentos.






Dile no al racismo contra el blanco y contra el negro



Dile si a la PAZ de Venezuela en Libertad, Igualdad y Justicia

Todos estamos trasnochados en Venezuela
Pensamos en buenos Líderes