viernes, 7 de agosto de 2015

El Barba Roja de Chirica o el Bochinche de #Guayana


El Barba Roja de Chirica

o el Bochinche de #Guayana





El defensor del gobierno y no del pueblo atraviesa sus glamorosos labios retocados en las pantallas de todos los TV nacionales para abofetear la verdad diciendo que en Venezuela los saqueos son
Un retoquito a la boquita del hombrecito
provocados por grupos opositores que buscan el bochinche para derrocar a este sólido gobierno cívico-militar je,je,je… (Creo que va quedando lo segundo y a duras penas dolarizadas) en virtud del desespero de las parlamentarias. 

Te cueto abogado…La A.N. las gana la oposición de calle, no por lo buena que es la oposición, sino por el estruendoso fracaso y colapso de un gobierno inmoral como el actual. Quedó claro que este equipo de gobierno violó todas las banderas ideológicas con las que alcanzó el poder…y no me pondré histórica. El abogado sostiene en defensa del gobierno la misma perorata importada, aprendida desde hace ya 15 largos y enfermizos años… Que todo mal es provocado por la oposición…ya suena pueril el argumento.


¿Será que el abogado éste nunca se ha parao en una cola por horas, con sol a buscar comidita a precios regulados? ¡Claro que no!… ¡se le nota! ningún venezolano que haya enfrentado la terrible escasez y las largas horas de plantón inducido se lo creería. No manito, los estallidos en los mercados son generación espontánea…

Claro, el gobierno manifiesta que la cólera del pueblo es inducida porque cada ladrón juzga por su condición…expertos en el gobierno saben cómo alborotar al pueblo…generar conflicto…dar golpe de Estado…conspirar…engañar…asesinar por el poder ¿No?...no saben nada de heurística, hermenéutica y demás métodos para arrancarle el pescuezo a la mentira en segundos…el pueblo sabe…sabe que éstos defenderán sus reales y sus comodidades a cualquier precio…están claros. Pero el pueblo está harto de tanta pobreza, mentira y fraude general…


Los reto…párense en una cola y hable sapos y culebras del gobierno, de sus personajes, del inmortal… Los reto a que me consigan una sola persona que salga, públicamente, en su defensa…NO SALE NADIE… porque manito esta fue la revolución de los mega dólares, de la mayor fortuna dilapidada en la historia de Venezuela TODA. Cuando los economistas escribamos la verdad, no habrá forma de no aterrorizarse por que el pirata Barba Roja quedará como un bebé de pecho al lado del saqueo militar-civico ocurrido de forma constante en Venezuela.


El conflicto terminado en “dame lo mío en Chirica”, Valencia, Puerto Ordaz, Zulia, Aragua, Lara y demás lugares censurados, es sólo el tapón de un tonel de pólvora social que alcanza su nivel de calentamiento óptimo. El triunfo de la oposición en la AN va, tanto como la gente está harta de la humillación. Chirica quedará en la historia,…se lo digo yo…porque me leí al Barba Roja.



Así le gustaría verse...Muy difícil mami


viernes, 31 de julio de 2015

Aquí no hay quien viva 3x01 Erase un caos Capítulo completo1 #Video #Comedia #Alegría #Mudanza

Aquí No Hay Quien Viva - Temporada 5 - Capitulo 09











La Comedia es una forma de dar salida para algunas frustraciones

Severiano: el vampiro del Calvario y la comisario

   

Severiano: el vampiro del Calvario  y la comisario


Apenas si el sol despuntó por el este de Caracas, cuando el teléfono de Sonia Escambati, comisario general del grupo de inteligencia nacional, relinchó urgentemente: 
− ¿Cómo?; ¿Por dónde? ; ¿Cuándo la encontraron? −; 
Luego Risas…;
− ¿siiii, seguramente, el chupa cabras de Caracas? −; (pausa por el auricular)… 
− No seas pistola mijo, sabes que no soy mujer de creer en cosas raras. Ni fantasmas, ni aparecidos −; (Teléfono cerrado). 

La comisario dejó perder su imaginación por entre la bocanada gris del humo del cigarro que invadió el interior de su automóvil. Ya, a esa hora, un tráfico espeso la rodeó desperezando sus nervios. 

Llegó al sitio y como era inmenso su recelo por ver el cadáver antes que los forenses destruyeran las evidencias, atravesó el vehículo en medio de la calle, como policía con poder
en un país sin ley, creando una inmensa cola de carros y ganándose bien temprano el merecido insulto de los transeúntes, por boca de choferes apurados y demás ciudadanos.


De niña siempre le mortificó la presencia de fantasmas y demonios. Fue ¿quizás por ellos? que se hizo policía ascendiendo, rápidamente, al máximo grado. Sonia era un sabueso de cacería y no lograba conciliar el sueño si no conseguía un culpable…creíble o no, como ella misma alegaba. Remontó las escaleras del
Monumento del Calvario, para mantenerse en forma. Al tomar la cúspide divisó los edificios ministeriales, la plazoleta del centro, la hilera de carros. 

Quedó sin aliento y comprobó que los años, el tabaco y el alcohol dejan cicatrices. El monumento del Calvario, en Caracas, era infraestructura de la penúltima dictadura nacional, construida por Pérez Jiménez. Mostrabase caduca y modesta como todo lo que se amasa con sangre del pueblo. Más allá, en el horizonte, la luz del amanecer germinó por el este, reflejándose en sus pupilas de tigra cazadora. 

− Caracas, siempre bella y cargada de asesinos y matones−; suspiró tristemente, dio la vuelta y caminó hasta el cadáver.

Sin decir palabra, se abrió pasó entre mirones, mendigos y funcionarios, mientras se apretó sus guantes de lona. La tétrica escena de moscas sobre el rostro del cadáver la asqueó como siempre. Era una mujer india, sin zapatos y el cadáver yerto no tendría más de seis horas de distancia con la muerte. 

La blusa abierta y en el cuello dos grandes orificios como cráteres daba cuenta del origen del deceso. El cuerpo sin sangre, palidecía seco sobre hojas verdes, cerca de un banco de cemento. Sin
testigos, alguien llamó a la comisaria del centro. A lo lejos un loco gritó: −chupacabras−; y siguió corriendo, sucio y maloliente, con un saco despedazado sobre el lomo. Pero la mirada cazadora de la comisario, atenta a la escena del crimen, percibió a una mujer con bata de médico que abriéndose paso entre la gente se le saltaron las lágrimas. Sonia grabó la escena… 

− ¿Funcionarios de salud que lloran frente a un cadáver? Raro−… Hizo un guiño a uno de sus agentes para que la siguieran. Sonia
encontró una conexión emocional.


Las evidencias eran claras, le extrajeron la sangre por el cuello. Éste, era el cuarto caso de asesinato en la circunvalación con las mismas caracteristicas. Primero, un mendigo, luego una prostituta, un obrero y ahora ésta desconocida…todos desangrados…; había que esperar la autopsia. 

Al mediodía todos los datos estaban en sus manos. Según lo recogido el asesino atacaba en horas de la tarde y desangraba a sus víctimas. Por otra parte, la médico era una mujer recién graduada que vivía con su familia en una de las casas de la ranchería, cerca del monumento. Nada tenía sentido…


La comisario se vistió de paisana y subió a la plazoleta del Calvario. Llevaba su arma y un libro en la mano. Se apoltronó en un banco y desde allí espero la tarde. Los vecinos cada vez eran menos a medida que entraba la noche y los indigentes le daban
vuelta para ver si podían atracarla, mientras ella les enseñaba el arma sin inmutarse como santo y seña de lo que les esperaba. 

¡De pronto!; un hombrecito enjuto, ataviado en una vieja chaqueta de cuero, con bigotes amarillentos como escobas viejas, la saludó amablemente. Ese día no pasó nada, así como las próximas tres semanas, a excepción del saludo cordial del sesentón de chaqueta ruñida. 


Pero el primer día de la cuarta semana de cacería Escambati vio a la médica llorona acompañada del hombre de la chaqueta. Estructuró una alerta. Días después, cuando éste se le acercó a saludarla ella lo abordó. Él se identificó como Severiano Monedaro, escritor y militar retirado. Su mirada perdida y la forma como intentaba seducirla alertaron a la policía. En medio del dialogo Sonia se abrió la chaqueta y saltó su rosario por encima de la blusa. El viejo abrió los ojos y rápidamente se alejó de ella. Sonia quedó segura que algo turbio encubría el escribidor. 


La comisario mantuvo su estrategia de gozar la tarde-noche en el Calvario. Pero ese día regresó tarde, abrió la puerta de su casa y entró. Revisó el perímetro como siempre hacía y divisó el jardín trasero. Se impresionó al ver a Severiano parado allí, con las manos en el bolsillo, sonriéndole como si nada. Ella abrió la gaveta de los cubiertos, sacó dos granadas y se las metió en el bolsillo, pero al dar la vuelta el hombre la asediaba por la espalda con los ojos rojos y la boca abierta. Allí comenzó un feroz forcejeo entre ambos.



Sonia percutió dos tiros sobre la humanidad de Severiano mientras él intentaba golpearla. El escribidor se abalanzó sobre ella como si los disparos fuesen de salvia y la golpeó con fiereza elevándola por los aires como papelillo. La comisaria, luchadora profesional, recia en el combate y campeona de Judo, se incorporó para matarlo. Monedaro se reía mientras su rostro y sus ojos se volvían sangre. 

Golpes, tiros y gritos anegaron la estancia empujando la mujer hasta su habitación y derribándola sobre la cama. Allí, el viejo excitado intentó violarla y clavarle sus inmensos colmillos en el cuello. El forcejeo fue sin igual y en el torbellino de violencia, justo cuando el vampiro sobre la cama trató de matarla, Sonia, con un movimiento súbito, sacó el viejo crucifijo de acero que recogió de la tumba de su padre y con fuerza lo clavó en el pecho del vampiro. Toda la alcoba se anegó de sangre. 


Dicen que en el Calvario algunas tardes la comisario sube a mirar el crepúsculo y muchos cuentan que la han visto volando sobre Caracas vuelta un vampiro… ¿Quién sabe?... ¿Quién sabeeee?
















Bola de Cebo y el terror de Cabudare #Lara



Bola de Cebo y el terror de Cabudare


lunes, 27 de julio de 2015

Pueblo con diente roto - Opinión

                           El diente roto                                  [Cuento. Texto completo]

                                    Autor: Pedro Emilio Col
                       (Gran Escritor Venezolano 1872-1947)

A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente; la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña.

Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así, de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo.
Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico, y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación de Juan.
Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática, como en éxtasis; mientras, allá adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, la lengua acariciaba el diente roto sin pensar.
-El niño no está bien, Pablo -decía la madre al marido-, hay que llamar al médico.
Llegó el doctor y procedió al diagnóstico: buen pulso, mofletes sanguíneos, excelente apetito, ningún síntoma de enfermedad.
-Señora -terminó por decir el sabio después de un largo examen- la santidad de mi profesión me impone el deber de declarar a usted...
-¿Qué, señor doctor de mi alma? -interrumpió la angustiada madre.
-Que su hijo está mejor que una manzana. Lo que sí es indiscutible -continuó con voz misteriosa- es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable señora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un filósofo precoz, un genio tal vez.
En la oscuridad de la boca, Juan acariciaba su diente roto sin pensar.
Parientes y amigos se hicieron eco de la opinión del doctor, acogida con júbilo indecible por los padres de Juan. Pronto en el pueblo todo se citó el caso admirable del "niño prodigio", y su fama se aumentó como una bomba de papel hinchada de humo. Hasta el maestro de la escuela, que lo había tenido por la más lerda cabeza del orbe, se sometió a la opinión general, por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Quien más quien menos, cada cual traía a colación un ejemplo: Demóstenes comía arena, Shakespeare era un pilluelo desarrapado, Edison... etcétera.
Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no leía, distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto, sin pensar.
Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso, sabio y
"profundo", y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. En plena juventud, las más hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel espíritu superior, entregado a hondas meditaciones, para los demás, pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto, sin pensar.
Pasaron los años, y Juan Peña fue diputado, académico, ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República, cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua.
Y doblaron las campanas y fue decretado un riguroso duelo nacional; un orador lloró en una fúnebre oración a nombre de la patria, y cayeron rosas y lágrimas sobre la tumba del grande hombre que no había tenido tiempo de pensar.










jueves, 16 de julio de 2015

Los Pranes de Colinas de Bello Monte y el asesinato del Centro Polo

Los Pranes de Colinas de Bello Monte y el asesinato del Centro Polo




Todos los días, sin faltar uno, desayuné en la lonchería El Peregrino, ubicado en la mesanina de un añejo conjunto residencial, renombrado como El Centro Polo. Lo hacía porque Noelia, la dueña del establecimiento, era digna de todo mi respeto y admiración. Pienso que el señorío se gana a través del recorrido de una vida proba y honesta, y doña Noelia,
madre, esposa y microempresaria mostraba su don de gente siendo un modelo de trabajo serio para todos los habitantes de las Colinas de Bello Monte, cerca de las majestuosas y putrefactas riberas del Río Guaire, en el Valle de Caracas.

El Centro Polo era entones, un enjambre humano constituido por tres inmensas torres que como colmenas albergaban una fauna diferencial. Una ecléctica sociedad se acurrucaba en las faldas de los cerros de la antigua finca de Bello Monte, que por demás está decirlo, pertenecían a mis antepasados mantuanos. Mi rito de escritor era siempre el mismo. Levantado sin que aún el sol despedazara el cielo y la copa del Ávila con su brillo centelleante, yo hacía de prosista trasnochado y antes que las
campanas de mi cucú dieran las seis matutinas yo tenía escrito, al menos, cuatro páginas, escapadas de la pereza y la modorra de mis huesitos recién levantados. Luego, el atletismo me arropaba y puesta mi huesuda humanidad en el salón de fiesta, con mis aperos gimnásticos, dedicaba una hora más a darle candela a mis músculos y mantener mi cuerpo, ahora un poco desgastado por los años y la vida, en un carapacho seguro para la mente donde, probablemente y en algún oscuro rincón, se albergaba la magia y el arte de la escritura. Tesoro que realmente valoraba en mi existencia.

Durante los recorridos madrugadores por los derroteros de la terraza del Polo una escolta gatuna me custodiaba el paso. Se trataba de las mininas: Jorgelina y Saskia Petunia. Habían llegado allí y la conserje de la “C”, mujer caritativa y amante de los gatos, las adoptó si más compromiso que las de acercarles debajo de la matica un traste con agua fresca y un pocillo con galletas animalescas. Lo demás fue trabajo felino. Las dos miaus crecieron
bellas y cariñosas convirtiéndose, sin mayor prisa, en la delicia de muchos (me incluyo), dando la bienvenida protocolar a todos los transeúntes del sector. 


Los vecinos las acariciaban y adoraban a excepción de los dueños de perros grandes y agresivos (por cierto impropios de vivir en espacios reducidos, malo para dueños y perros). Las gatas peludas, con ojos de candela y mar, eran el mayor atractivo de las residencias y sin que yo pudiera
pensarlo mucho, el encuentro diario con ellas terminó por ser la mejor parte de todos mis días. Eran bellas, inteligentes, cariñosas…sin duda, perfectas…dignas de una obra de arte.

Un día, Noelia comentó a viva voz que Sorrastra, la percusia conserje de la A, estaba dispuesta a envenenar las dos gatas por cuanto, y según la versión de la
sirvienta, se introducían a través de su ventana y cometían grandes delitos en su propiedad además de amenazar, sin compasión, la vida dos espelucados canarios, piojosos y feos que ya ni cantaban, por la tristeza de tanto años de encierro. Dos pranes, pensé yo. Obstinados de verle la trompa de bicha mala, por entre el enrejado, a la vieja bruja frustrada de la Sorrastra.

Esa mañana cumplí mi rito diario pero me encolericé al no ser recibido por la Jorgelina y Saskia. Las gatas no corrieron a darme la bienvenida en el alba. Camine un rato pensando en la atrocidad cometida por la conseja-sirvienta. Su maldad al envenenar a mis ejemplares gatunos…La hiel corría por mi estomago tomando todo mi ser. ¡Ni un gato se puede acariciar ya en este patio lleno de arpías, traumatizadas, acomplejadas y frustradas…! El odio me encendió el entendimiento y perdí la razón…pero la inteligencia y la astucia se avivan con la adrenalina y al bajar por el asesor, rumbo a mi natural desayuno en la Lonchería, ya había perpetrado mi venganza.

Ordené lo de siempre para no levantar sospechas: pan integral con mantequilla y mermelada, huevos cocidos y mi intraficable jugo de cambur, que sólo Noelia sabía preparar a la perfección. En ese momento la vi salir de su edificio, a través de la puerta de cristal. También la cochina sirvienta hacia su rito madrugador: comer sus empanadas grasientas, café negro, para luego tomar el cuarto de la basura y husmear entre los desperdicios…A ver que conseguía de valor para su marginal vida…El rito de los pobres…

La mujer, engulló el desayuno como el perfecto animal salvaje que era y arrastró sus chancletas hasta el cuarto de abajo. Yo firmé mi cuenta y me despedí, como todos los días, con la diferencia que también terminé en el basurero…Abrí la puerta lentamente y sin ruido. Sorrastra, como rata, hurgaba la basura. Tomé en tubo oxidado y cuando ella volteó la cabeza para mirar, le asesté un brutal golpe en el cráneo y lo partí en dos…la sangre fluía libre por entre la masa hedionda que constituía la cabeza de la sirvienta…cayó de frente y medio cuerpo se embaldosó dentro del inmenso perolón de basura, medio vacío. Agarré las llaves que colgaban de su delantal, la impulsé por sus pantorrillas, levantándola y empujando sus despojos dentro del
recipiente de basura, tape aquella hediondez y salí. 

En la puerta me esperaban Jorgelina y Saskia Petunia, con cara de hambre y felicidad. Fue un momento mágico acariciar el terciopelo de sus lomos y contemplar el brillo de sus hermosos ojos egipcios…Supe que había hecho lo correcto…Me despedí de mis amores y caminé por
la ribera del río Guaire disfrutando de la media mañana. Luego, retorné a mi apartamento y escribí varias cuartillas. Mi día terminó en perfecto orden, sin ningún espaviento y con la conciencia tranquila por el deber cumplido…

Al día siguiente, después de saludar a mis amigas velludas y
bigotudas desayuné en El Peregrino. Noelia me comentó consternada lo de la muerte de la conserja y el enigma que representaba…Dos semanas después me solicitó el favor de cuidarle los canarios de la vieja muerta, pues la nueva conserje, no aceptaba animales feos y viejos en su casa. Con gusto acepté… llevé la jaula de canarios al salón de fiesta. Al lugar compareció de inmediato el dúo de mininas y al ver la mazmorra de plata, un resplandor de asesinas anegó la zona. Abrí las portezuelas esperando la contienda, pero
antes de un pestañeo gatuno, del primer garrazo, los canarios huyeron a través de los ventanales. ¡La vida se abre paso!...pensé yo… A la mañana siguiente escuché el cántico de los pájaros que entraron por mi balcón. Coloque alpiste y agua en una tazón que guindé en la reja y desde ese día los dos canarios pranes viven en mi casa, libres y seguros. Todos somos felices…como hermanos…cada quien en su lugar…vivos y muertos…ésta es una historia de la vida real…Miau, Miau.