jueves, 15 de septiembre de 2016

Beauvoir del XXI



Beauvoir del XXI



Je, je y ¡Que viva la globalización tecnológica que permite recortar distancias y alargar informaciones!..., lo digo por la Mega Cumbre Margariteña… ¡El mundo lo tiene claro!..., digo, por lo de la presidencia del Mercosur y el atasco de los países Suramericanos.
¡No es no!, sin democracia no hay presidencia…, como lo del paraíso; ¿qué tal? Reconozco que los temas existenciales son la marcha por el Revocatorio y la Cumbre de Margarita, pero a mi curiosidad la seduce el surrealismo mágico de la cotidiana extrañeza en la noche venezolana. Que mis colegas opinaticos se encarguen de los encumbrados temas de la alta política internacional y bananera. Yo me sumerjo en las hondonadas entrañas humanas y aquí os relato.


En medio del calorón de la camionetica, ya mis pies rozaban la partida, cuando una mujer alta, de larga melena negra, perfectamente ataviada de tacones, cartera, zarcillos, pulseras, collares y maquillaje bien puesto, tomó el asiento alterno. Sólo con el roce de su aura lo supe: Era un hombre, aunque había que diagnosticar con fino bisturí para la verificación. Mi olfato sabe donde hay un hombre…

La conversación fluye con naturalidad entre dos mujeres que se saben cercanas por el obligado paseo que se avecinaba…, y emerge, un cotilleo entre amigas. Con suavidad se dan las confesiones de su parte... Yo, nada; nada raro, nada que contar… Ella es la estrella y se adjudicó un elegante nombre italiano, después que su familia comprendió, sin aspavientos, que aunque nació varón, era más hembra que otra cosa. Yo, me abalanzo hacia la aventura de conocer…, y emerge una crónica con un performance bastante cotidiano.

La pubertad de la exploración, donde el muchacho no sabe si es chicha o limonada…, pero, el peso del amor permite que la familia la asuma hembra, sin operación, sólo la fiesta de las hormonas, porque ella puede combinar sin trauma el tacón, la pestaña postiza y el falo originario. Todo va viento en popa con final feliz. ¡De pronto! Zas y confiesa que la peluquería está competida, no hay tintes, ni laca; la cosmética está acaparada por médicos y antes de morirse de hambre y para poder mantener la costosa estrategia de la feminidad, se entregó a la vida loca. ¡Dios Santo!, la competencia no perdona ni a la vieja profesión…

En ese momento yo saqué la libreta mental frente al análisis de mercado de la paisana/no. Hay tarifas de acuerdo a la condición: travesti (tarifa plana y regulada), transexual (personas completamente operadas con precios diferenciales) y las transgenero que se dividen en: hormonadas y operadas. Cada categoría está a la disposición de mercados, precios, circunstancias y estrategias de publicidad distintas, donde las redes sociales juegan un papel verdaderamente clave. El aspecto físico, la condición social y el mercadeo inciden en la frecuencia, tipos de clientes y precios. ¡Dios! Quedé empachada de tan minucioso análisis de mercado. Me llamó la atención el perfil de algunos clientes: ¡Hombres que les gusta mujeres bellas y fuertes…! Tan fuertes que usan pantalones… (métafora por la hora todo público).


Nos despedimos como buenas amigas y yo me alejé recordando el extraordinario tratado de la gran filósofa francesa, Simone de Beauvoir quien en 1949 parió un escandaloso y controversial libro: El Segundo Sexo



¿Quizás, la gran libertad femenina de hoy y de ayer, esté siendo expropiada por el nuevo hombre del siglo XXI que combina el alto tacón y las rígidas interioridades de algodón? ¿Es ética o mercadeo?, ¿Libertad o caos? 

¡Dios…, cuanto trabajo filosófico para pensar un nuevo hombre del XXI, tan andrógino, femenino en su masculinidad y macho dentro de apretados tacones... ¡







Yo, por esos montes de Dios, curucuteando entrañas ajenas


lunes, 12 de septiembre de 2016

LA EPÍSTOLA DEL FISGÓN ENAMORADO


LA EPÍSTOLA DEL FISGÓN ENAMORADO


Mi muy querida amiga:

En lo más hondo de mí no hubiera deseado nunca tener que haber visto lo que vi en este mes octavo, ni expresado lo que ahora recojo en este papel. Pero llegó, y saber esa inevitabilidad de las cosas mortales, es una de las condiciones que nos pone en un sitial en la Creación. 

Muchas veces te he dicho que en el timbre y tono de tu voz revelas no sólo la calma o turbulencia internas del ser sino la totalidad de
tus vínculos con el ambiente. Desde el instante mismo que me comunicaste lo ocurrido capté la serenidad, el autodominio sobre una situación desdichada y extrema. Y allí, en esos segundos de aquel mediodía triste, la manera tan aplomada y enérgica de tus palabras me afianzó más aquella convicción.

Oírte hablar fue revelador. Y aun cuando nunca he conocido tu silencio, adivino que éste ha de ser de igual modo elocuente. Por supuesto que no aludo a la mudez que dicta el espacio, que se mide en kilómetro físicos, esa que se sobrelleva cuando la vida cotidiana nos coloca en puntos remotos, que anula los encuentros, que los aleja hasta tornarlos en raros acontecimientos. El punto al que me refiero, es el silencio que se da en la proximidad, el que sofoca
porque no hay gran cosa que decir, por incomunicación, por desarmonía espiritual. Esa es la clase de silencio que se tiñe de vacío, y no dudo que en ti podría ser tan hiriente como un alarido despectivo. Y de él tuve una porción, pues con tu admirable serenidad esa tarde le negaste a Thánatos el poder de arrancarte un grito; lo desdeñaste con tu silencio, porque callar es una forma suprema de ejercer el desprecio, cuánto más contra aquello que está dotado de un poder tan abrumador como la muerte. 

Creo que nadie como tú sabe de distancias y de consuelos. Y algo fascinante de observar era cómo en ti no había ese lobreguez callada, sombría e inerme de quien se ensimisma por el dolor, sino acción pura, inquisitiva, incluso consoladora para con los demás, pese al destrozo interno; movimiento en pos de cada cosa necesaria,
lucidez que se preserva a cualquier precio, incluso el del propio dolor. Verte así era constatar lo absurdo de asociar lo femenino con la debilidad, por lo menos en lo esencial, no en la vicisitud menor, en lo superfluo en lo cual la mujer es tan cómplice como su castigador. 

Los pocos minutos en el cafetín, quizás sirvieron de algún desahogo, pues no se trae a colación el dolor si no se está dispuesto a conjurarlo. Allí dijiste que esperabas escribir algo pronto, lo cual, observé, era urgente que lo hicieras, pues no sólo hay que drenar ese sufrimiento sino marcar cuanto antes una distancia ante él, para preservar la interioridad, la salud, el equilibrio; “poetizar el dolor es una cualidad que sólo pueden practicar espíritus muy especiales y desarrollados”, comenté. Y a tu amiga, que allí se encontraba, le tocó en su sensibilidad el que yo dijera que el sufrimiento nos hacía vivir con una intensidad única, que anulaba todo lo que creíamos valioso, que hacía cobrar una urgencia apremiante a cada detalle vivido con alguien a quien súbitamente ya no tenemos al lado. Esto también halló eco en ti, ya que lo habías sentido a fondo al entrar al apartamento desierto de tu hermano. Al preguntarnos qué es el dolor, justamente en esa fracción que dura la interrogación, allí estamos trascendiendo la dimensión pura, salvaje y simple del sufrimiento. Esto también expresé. Y coincidiste conmigo.

Para mis adentros vi que la vida en ese justo instante te imponía un sello parecido al que llevo yo: te hallabas sola, sin tu hermano que amaste; yo, por mi parte, nunca conocería ese estado porque fui hijo único, pero sabía de soledades, no de las que sobrevienen por la desgracia, sino de las naturales, de esas que simplemente no tienen comienzo ni fin.

Sí amiga, verte era consolarse, llenarse de la contraparte femenina de la divinidad, que hay sabiduría en prepararse para lo inevitable para cuando debamos padecerlo. Ver a tu madre, dirigirle unas escasas y difíciles palabras, era también presentar todo el respeto a la fortaleza de una mujer de carácter. Allí estaba tu mejor maestra, y es fácil suponer que de la misma cepa estaba hecho tu padre. Recordé la tarde cuando me diste la noticia de su pérdida, ya habían transcurrido varios días, y la calma era como ésta, la misma que descubre cómo en ti apenas se abre la herida y ya empieza al unísono la sutura del alma. 

Ahora, años después, cómo admiré, y parecerá como extraño y forzado insistir en ello, pero te repito que admiré con intensidad esa prestancia de la que estabas llena, ese difícil balance entre lo fino y sensitivo, con lo imbatible; la belleza y la granítica fortaleza; la calma tallada en ese rostro dulce y a la vez marmóreo. La cúspide llegó cuando agitando una porción de tu cabellera te pusiste a la delantera del ataúd, asiste con firmeza la manija y arrastraste esos treinta o cuarenta años de existencia y felicidad extintas que allí yacían. Te dije luego, por teléfono, que sólo la imagen de una mujer blandiendo un fusil de asalto o tirando de un cañón, en el fragor de un combate, manchado tu bello rostro con pólvora o grasa, emularía aquella dignidad y valentía. Me sorprendió oír una carcajada por respuesta. Sólo podía venir de tu tremenda fuerza.

Y luego, evocando todo, cuando te digo que aquel soberbio espectáculo arrancaba admiración es porque ésta lleva algo de fruición, porque también porque estaba consciente de que nadie estaba registrando ese acto con una cámara, fijando ese clímax para arrebatarlo al poder destructor del tiempo y el olvido. Tú no podrías jamás haber percibido aquella visión de conjunto, porque eras parte de su tema, pero yo, en mi propio silencio y dolor, en el frenesí de ese acto contemplativo, lo estaba plasmando no sé en qué sustancia, pero sé que se quedó allí para siempre.

Me quedé observando la partida, definitiva, inexorable. Aquel límite, tu límite llevado al extremo de lo absoluto, y aquella tu admirable serenidad pregonaba que el conocimiento espiritual es una forma de bordear el Absoluto, que poseer aunque sea una pizca de esa condición superior es rozar la gran liberación. Guarda siempre este testimonio, como yo guardaré con igual devoción mis más elevados sentimientos por ti.

ANÓNIMO 
Septiembre 2009
















jueves, 8 de septiembre de 2016

El Pueblo unido… jamás será vencido



El Pueblo unido… jamás será vencido



Si el poder está del lado político que cuenta con los votos para ganar las elecciones, entonces, está del lado de la cosmopolita oposición. La califico así, por la variopinta de partidos, personajes, intereses, fortalezas y vulnerabilidades. ¿Estas últimas? ¡Claro que las hay!, pero el saberlas, los hace muy fuertes y su acción ha sido coherente y contundente. Han podido superar el ego del tradicionalismo, la historia, el anhelo de la tenencia juvenil, las fortunas de algunos o los cargos ganados por otros. En fin, han superado egos, rencillas y han logrado una copa común donde ahogar la sed poder. Es una oposición al servicio de la liberación de Venezuela… ¡Eso son!..., por ahora…, como dijo el muerto.



Pero no sólamente cuentan con el apoyo popular contundente, también han apostado por un camino democrático y eso, estimados camaradas, como dicen los viejos y nuevos ñangaras gubernamentales, es otra de sus históricas decisiones. Nunca han pisado la trampa del camino de la guerrilla y de la insurrección violenta, como si lo han hecho la mayoría de los que hoy detentan el poder. ¿Dónde están los que dan golpes de Estado, asesinan inocentes que andan en sus trabajos, (caso VTV), movilizan soldados diciéndoles que van a una práctica, con balas falsas y cuando los colocan en la vanguardia del combate en la Casona, les informan que no es una práctica, sino un golpe de Estado, con balas de pólvora? ¿Quiénes han cometido semejantes fechorías? Vean los videos…, allí están retratados y cuando Venezuela vuelva a ser democrática y los tribunales no estén en manos de puros sobrinos, primos y tarifados de la corte de los poderosos, sino en manos de personas serias, abogados y reales jueces, que impartan la justicia con igualdad, saldrá la verdad. 


En la Venezuela post revocatorio, sin cachuchitas, debería haber una justicia prístina, sin carreras, sin odios personales, sin teatros publicitarios y agendas debajo de la manga. Creemos en ese día en que la justicia resplandezca para que todos los venezolanos, tanto los poderosos de hoy, como todo el pueblo, retome el camino hacia la buena vida y el desarrollo. Un pueblo sin ley es un pueblo de demonios, ya que sin normas, no hay ética y ese, es el mega drama en Venezuela, nudo gordiano del problema fundamental nacional. Se perdió la moral y por eso estamos tan desgraciaditos todos...


¿Qué hubiese pasado si la oposición atraviesa a la mega marcha del histórico jueves frente al Palacio de Miraflores?... ¿Dime, pues?... Los videos hablan solitos. La marcha pasa avasalladoramente frente a colectivos y motorizados de la Vega, en Caracas y éstos se retiran sin mucha payasada. La fuerza del pueblo unido es ¡IMPARABLE!..., no los pueden vencer grupitos, armas, tanques, ejércitos, celadas.

¿Estará dispuesta la Fuerza Armada a enfrentar la ola del pueblo Venezolano que busca su libertad? ¿Qué órdenes acatarán si la oposición decide mover al pueblo hasta el balcón del pueblo? ¿Qué harán las falanges importadas tarifadas que no les duele el pellejo de los nativos?… Sólo digo lo que recojo en las colas: El pueblo de Venezuela va palante en busca de su reconciliación. 

¡EL pueblo unido jamás será vencido! ¡EL pueblo unido jamás será vencido! Y no hay fusil, ni tanqueta que pueda con eso ¡mano!...





viernes, 2 de septiembre de 2016

El Doctor Maza Zavala y la Palas Atenea del Banco Central de Venezuela: Una biblioteca para el desarrollo



Maza Zavala y la Palas Atenea del Banco Central de Venezuela:
Una biblioteca para el desarrollo



Pasos apresurados me conducen hacia el “Monstruo de la inflación”. Así se intitula un excelente cuento para niños, autoría del BCV, puesto en manos del público, hace varios años atrás, donde con carisma magistral se les explica a los menores, los intríngulis de dicho fenómeno económico. Arribo a la tradicional tienda de libros del banco, en el centro de Caracas, cuando recibí la mala noticia: 

− Hace tiempo no se reedita la obra, el problema del papel, la economía de la restricción…, bla, bla, bla −; los argumentos del momento. Sin embargo, la amabilidad, el buen trato, la educada explicación y la pertinaz información de los responsables de la tienda, condujeron mi humanidad hasta la nueva Biblioteca del BCV, acurrucada, frente al Ministerio de Educación y diagonal a la añeja iglesia caraqueña de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la deprimida ciudad capital, siempre flanqueada por el Ávila.



El no hay de la tienda me deprimió. Necesitaba el cuento para Gabriela, una despierta niña, pichón de escritora quien me formuló la filosófica pregunta: ¿Qué es la inflación?..., yo animé mi mente para la respuesta sabihonda pero fracasé, pues, siempre he trabajado con universitarios, nunca con niñas de cinco años. Salí de la tienda y me senté en los marmoleados muros rojizos del inmenso Banco Central de Venezuela. Recordé al doctor Maza Zavala, tan educado, erudito en materia económica, humilde para tratar y
explicarle las enconadas leyes de la economía, tanto al pobre como al rico, al doctor y al obrero, al presidente del BCV y a la señora que modestamente le acercaba la tasa con café negro a su escritorio o su humilde arepita, con queso blanco, preludio de los dos mustios soplidos que siempre acostumbró dar al corto tabaquito que consumía, minuciosamente, a lo largo de la semana. ¡El profesor Maza Zavala y su gran don de gente! El doctor Maza Zavala… ¡Un profesional integro! ¡Un maestro ejemplar¡ ¡Un gran economista de Venezuela!.

Su recuerdo exorcizó mi cansancio y alcé el vuelo hasta la nueva biblioteca del Banco Central, dos cuadras más arriba. −Si el doctor Maza trabajó hasta su último aliento, el cansancio debe ser derrotado en mí−, pensé. ¡Así fue! Llegué al lugar y me deslicé a través de una elegante rampa, de pasamanos platinados, encontrándome con una plazoleta cubierta, que me condujo hasta la inmensa puerta de cristal, custodiada por dos gendarmes risueños, mulatos y un tanto aburridos. Al traspasar hasta el recibidor se abrió el camino hacia una aristocrática escalera que me condujo hasta mi destino.

Al subir, pase ante un Jardín Zen, hecho de arena blanca y caliza, cercada por grandes piedras nevadas, que me recordaron la fortaleza de los paradigmas de la economía…, tan simples para algunos científicos, y a la vez, tal lejanos para mentes cotidianas. Finalmente, se develó ante mis ojos la prístina biblioteca del Banco Central de Venezuela. Era como arribar al desarrollo, iluminada y ergonómicamente perfecta. Libros espléndidamente ubicados me daban la bienvenida, una luz agraciada se perfilaba a través de confortables butacas y espacios con mesas, cuyos destellos asemejabanse a una mansión moderna. La Biblioteca del Banco Central es elegante, moderna, con una aristocrática modestia que la hace resplandecer de primera mano. Una vez que sus destellos arquitectónicos, la decoración hicieron su trabajo en mi mente, la calidez decorativa me invitó a pernoctar, fue cuando llegó lo mejor. 

De inmediato y con extrema educación y amabilidad, un licenciado, ataviado de corbata y paltó de fiesta, me recibió cordialmente, orientándome en mis solicitudes sobre el cuento de Gabriela. Con parsimonia y protocolo, me condujo hasta el encuentro con los cuentos infantiles y “el Fantasma de la Inflación” compareció sin problemas antes mi inquieta mirada. Además y para mi deleite y paz espiritual, me mostró los modernos sistemas de escaneado a disposición del público, que de manera gratuita, permite al usuario disponer de una gran cantidad de información, en tiempo record y completamente gratis. Comparecen unos escáneres que también son del primero mundo. 

La biblioteca del Banco Central de Venezuela es una delicia para economistas y profesionales de distintas áreas, estudiantes, profesores y en general; para todos los venezolanos, pues muestra un nutrido número de volúmenes, en diversas materias, que permiten satisfacer a los más exigentes temas, letras, artes y ciencias. A pesar de sus amplios espacios, el aire se vuelve acogedor y familiar, habida cuenta del magnífico trato que se recibe por parte de todo el personal encargado, que por demás está decirlo, son extremadamente calificados, altamente profesionales y muestran un elemento clave para el desarrollo profesional de Venezuela en este tiempo y momento: Un alto sentido ético para desarrollar su trabajo. Ellos saben hacer sentir como en casa a los visitantes de la biblioteca del BCV. 

A los estudiantes de economía en postgrado, pregrado y para todos los doctorados de los centros de saber de Venezuela, a los investigadores del campo de las Ciencia Social, visitar la biblioteca del BCV es paseo obligado pues, allí encontrará un ambiente de primera, distinguido, relajado y excitante a la vez, para desperezar las mentes que deseen encontrar en lo profundo de los libros los datos, los paradigmas, la ética y la información correcta. También, cuenta con hermosas obras de arte, antigüedades, exposiciones y libros de antología, que permiten a cualquier usuario tener entre sus manos y delante de sus ojos, verdaderos tesoros de la ciencia económica y de otras ciencias. El recorrido a través de los espacios sosegados de la mantuana biblioteca corrieron como segundos, hasta que me percaté, del número de horas acaecido y me situó en una Venezuela completamente diferente a la que últimamente vivo a diario, entre colas, inseguridades y malos humores de todos mis convecinos. En la biblioteca del BCV parecería que existe la Venezuela de la cordialidad, del buen trato y del saber… La que todos deseamos por igual.

Yo volveré muy pronto por esos lares y llevaré a mis alumnos, profesores amigos y conocidos para apoyar el trabajo de estos adoradores de la Palas Atenea de la economía, que con su lira, sus monedas y su inmensa lechuza sobre el hombro, cargada de saberes y de conocimientos, descansa placida, hecha un recinto del saber, acurrucada en las faldas del inmenso Banco Central de Venezuela. ¡Muy Pronto!...

Finalmente, me imagine al Doctor Maza Zavala ofreciendo una conferencia, en uno de esos bellos y tibios espacios, acondicionados como para el bautizo de un libro o un conversatorio sobre la economía y la gerencia y me entristecí al pensar que ahora solo estaría en mi recuerdo… y en la historia de la biblioteca del BCV, también… ¡Visítela y que disfrute de su lectura!. 


martes, 30 de agosto de 2016

Hambre y pie hinchado…


Hambre y pie hinchado…




Cuando escribo estas líneas aún no se ha ejecutado la marcha de la oposición. Para los que están pendientes de la política en Venezuela el teatro es idéntico: el gobierno denuncia conspiraciones, golpes de Estado de la oposición. Los cuerpos de seguridad pendientes de algunos chicos de Voluntad Popular, acusados de conspiradores, con armas y esas cosas que tumban gobiernos por las malas. ¡Claro!, este gobierno sabe bastante de eso…, con asesores expertos en la materia…, y su enconada experiencia en conspiraciones profesionales ya que, si alguien conoce de golpes de Estado, conspira, engaña y demás patrañas para sostenerse en el poder, son quienes hoy lo detentan en Venezuela. ¿Será por eso que viven más pendientes de mantenerse en la silla de Miraflores que de gobernar? Y que ningún político les mueva una ley o un gatillo porque hay
escándalo y cadena nacional. ¿Los delincuentes? ¡Bhaaaa! Eso no les importa… Argumentan que es un problema multi, con no se qué cosa, que están en el plan del no sequé y todo el pueblo acuartelado en sus casas y ya… ¡Quieto es quieto y callado! A la postre, la oposición insiste que los votos y la democracia son la salida. Hoy, con el pueblo en contra del gobierno la oposición se alza como el camino al cambio. ¿Para dónde agarramos con el pie bien hinchado, no?

El pueblo de Venezuela, harto ya de tanta verborrea sin expresión contundente del desarrollo, no hace caso a los argumentos de lado y lado. Ellos están pendientes de los precios, dónde conseguir la comida, estirar los realitos hasta donde se pueda y saben que hay que cambiar. ¡Punto! Eso los coloca del lado de la oposición, aunque no les gusten muchos de los políticos y arrimados que hacen vida y se publicitan allí. Hoy, el gobierno no tiene una explicación seria para justificar cómo después de tantos años de bonanza, el país está en la mayor carraplana. Aquella frase célebre de la cuña ¿Dónde están los reales?, es la pregunta popular y la de los economista serios... Todos sabemos donde están y se conoce que no están al servicio del pueblo. ¡Estamos claritos!

¿Que demostró la marcha? Lo que ya se grita en todas las esquinas de Venezuela. Que el gobierno debe cambiar a la mayor brevedad, que fracasó la parodia socialista, que la utilería está en desuso y que sus actores ya no traen público a las butacas. Tienen un parlamento barato y sin la estrella central del mega show. ¡Nadie aplaude y la gente deja el teatro sólo y en penumbra! Moraleja: salir de la fuerza por vía electoral.


Venezuela tiene que obviar el teatro y hacer política y políticas de cambio y desarrollo serias, innovadoras e integradoras, con la sinergia de los sectores productivos y activos del país. Dejar la crítica obvia y explicar: ¿Cuál estrategia económica restablecerá el aparato productivo, con cuáles empresarios, dónde y cómo se creará la tecnología requerida, etc…, tantas preguntas? Hay que asumir que se le tocarán las interioridades al monstruo y eso tendrá consecuencias sociales. Conspiradores son conspiradores y ahora con dólares... Detener los mega negocios que se dan, en los entre telones de los negocios de las grandes importaciones. ¿Qué hacer con la seguridad nacional y los grupos armados? Liquidar las mafias carcelarias. Renovar organizaciones vitales como las de justicia, defensa, salud, educación. Cobrar deudas sin documentos
probatorios y lo más difícil ¿cómo restituir la moral para acabar con el odio político, racial, económico que se sembró entre los venezolanos? Finalmente, ¿cómo hacerles comprender, ¡sin violencia!, a los obcecados seguidores de la boina que la democracia no sigue cachuchitas y mega estrellas de televisión disfrazadas, sino planes serios, concertados y que sus principios suponen la alteridad del poder? Que lo de la reelección indefinida hay que derogarlo, inmediatamente, y que es propio de dictadores…, por ejemplo y entre las urgencias.



La marcha oposicionista mostrará la obviedad…, que el pueblo de Venezuela está EMPACHADO, OBSTINADO Y CANSADO de tanto teatro malo, que ya no divierte, sino más bien, enoja, deprime y mata de hambre. Con la barriga del pueblo no se juega, pues no sólo se pierde el prestigio, sino además el poder. Los políticos del siglo XXI en Venezuela deben superar el teatro cantinflerico, el pasquín y el panfleto eructante que llena mentes a descocados y traumatizados sin récipe. Sin duda hay algo que despierta la inteligencia más contumaz: ¡El hambre! 

¡Qué iluminada está la Venezuela de hoy con tanta hambre!






sábado, 27 de agosto de 2016

Pugilato político sobre rieles



Pugilato político sobre rieles




Voy lerda. El calor asfixia en el vagón, apretada entre carnes desconocidas del resto de los pasajeros, cuando a golpe del ángelus todos quieren regresar. Las puertas se cierran inclementes y sus metálicos rugidos nos recuerdan que comprimamos el cuerpo ante el tren en movimiento. Metro de Caracas, sin aire acondicionado en el vagón, hora pico… ¿éste será el averno? ¡De pronto!..., zas, un
profeta rompe el monótono rugir de la locomotora. Es un hombre joven, moreno, andrajosos, pequeño, maloliente. Se le nota que no creció más, por la pobreza y el hambre que pasó. Al verlo, pensé que mendingaba, luego, supe que era un predicador de Cristo Nuestro Señor. Así inició su monótona letanía, con Dios arriba y nosotros como sardinas en olla de presión, abajo y batidos sobre rieles.



Su discurso fue poli temático. Primero el apocalipsis, luego el matrimonio gay en Venezuela como indicador de su comparecencia y vertiginosamente remató, y eso fue lo que me gustó y me invitó a construir el artículo que hoy tenéis ante los ojos; con la crítica más feroz y contumaz contra el actual gobierno. Todos los calificativos
juntos de la oposición, salidos del alma de aquel joven cosido desde la ranchería más honda de Caracas rodaban, sin contemplaciones, en aquel tren. Por supuesto yo, sin emoción artística, me estreché los lentes de científica en la mirada y observé la reacción del público. Un vagón full, sentados y parados, ¡y el hombre ahí!, como dijo el sonero, exponiendo un discurso contra todo lo que oliera al poder en Venezuela. 
Pero ¡oh! destino paradigmático, la vieja transeúnte postrada a mi lado despertó de su letargo, cuando el profeta recordó la obviedad: ¡Está muerto y no es gigante! ¡Dios! Para que fue eso. La mujer abrió desorbitadamente los ojos y la ira le baño la faz. Se descocó, pensé yo. A partir de allí, el joven tomó fuerza y despotricó sin contemplaciones del gobierno, mientras el discurso de Dios se desvaneció, puerilmente, entre los rieles, al tiempo que la vieja iracunda, dejó que su rabia estallara como vapor en olla de presión y comenzó a gritarle al muchacho. 


−Anda a estudiar, ignorante, hipócrita, blabla…−, pero la cumbre fue cuando le gritó oligarca… ¡Eso fue de antología literaria!. Aquella pinta de pobreza radical del joven discurseador insultado desde el término de los mega ricos. No sé cuantos minutos ella denigró del joven. Lo hizo con fuerza, exaltada y a pleno pulmón.


Los pasajeros no querían guerra sólo llegar a su destino, pero el silencio se rompió cuando un hombre mayor, afro descendiente, bien negrito, le gritó a la vieja que dejará tranquilo al muchacho… y de repente, ¡Ay papá!, todos los pasajeros recriminaban la acción de la doña. Entonces, el predicador reforzado por el pueblo rodante, subió la voz y los menores miraban atónitos aquello, mientras la vieja se ponía morada de la rabia. 



¡Sin pueblo no hay Miraflores!, compadrito; y éste es todo el dolor
contra el revocatorio…, que están sin votos, sin líder, sin futuro, sin la hucha de los dólares que algún día se recuperarán. 



Reflexioné sobre la realidad de cada quien. Los que están a favor y en contra, opiniones todas muy respetables… ¡Que viva la democracia seria!... Sobre la Ciencia Social, sin pasión, emoción, fanatismo, despersonalizada de los motivos e intereses de los sujetos que la hacen y la actúan. ¡Verdad y realidad!, aspectos distintos de la vida social sobre un tren destartalado, lleno de fanáticos, hambrientos y esperanzados en que podamos volver a reencontrarnos en la fraternidad de nuestra bandera…. He llegado a mi destino…, hasta la próxima semana.