domingo, 12 de mayo de 2019

Tiba y la Estrella del Cielo

La Estrella de Mar que quería ser una Estrella del Cielo:

 Tiba y la estrella del cielo

By: Tomedes











Un día de mar que me gustaría recordar, nace Tiba, la estrella de Mar que quería brillar como una estrella en el cielo.
Al nacer, desde que era una diminuta larvita, pudo ver desde el fondo del océano un rayo de luz que venía de una estrella del cielo, al verlo sintió que su existencia la bañaba de claridad y dijo para si:
-Que luz tan bella, algún día podré brillar como esa estrella del cielo.
En la calma del inmenso océano, la contemplaba, cuando éste se tornaba recio y el oleaje no la dejaba ver, igualmente pensaba en ese cuerpo luminoso que estaba fuera de su alcance, en la visibilidad y en invisibilidad la estrella celeste estaba presente como el día de su nacimiento, así pasaron los días, las noches y Tiba no hacía más que pensar en su estrella del cielo.

Tiba inicia la búsqueda

Tiba con el pasar de los años se hizo más grande, sus brazos se fortalecieron, comía algas marinas y plantón, no le gustaba comerse a los moluscos o los peces muertos, ella decía que sí le agradaban todos los animales, como se los iba a comer,   procuraba ganarse el aprecio de sus amigos y el resto de los seres marinos; vivía en un coral, mantenía limpio ese lugar e invitaba a todos su compañeros a mantener el lugar aseado, tenía el hábito de la limpieza.
Todas las mañanas le habla a la estrella del cielo, antes de hacer sus tareas, le decía: -Estrella gracias por tú luz que nos das desinteresadamente a los que habitamos en el mar y a los otros seres que viven en la superficie.
En los corales, donde vivía, otras estrellas de mar, los caballitos que se desplazaban en bandadas, pez espada, los caracoles, también habitaba en ese lugar un amigo en particular que no era una estrella de mar; Francisco un pez azul con manchas color naranja, levemente un poco más grande que ella, solitario pero entusiasta, que deambulaba siempre por donde estaba Tiba, conversaban constantemente, ella siempre le hablaba a Francisco de su deseo de brillar como una estrella del cielo.
Un día, se vieron y conversaron,
-Hola Tiba, con alegría saludo Francisco.
-Hola-, respondió Tiba, con cierta nostalgia.
-¿Ya conseguiste la forma de brillar como una estrella en el cielo?,- preguntó Francisco.
-Aún no, pero sigo pensando en eso-, contestó Tiba.
Hizo un gesto reflexivo e irrumpió a lo que dijo con entusiasmo:
-Tiba y si hacemos algo para que eso suceda-; Con determinación de ayudarla respondió el amigo.
-Es cuestión de atreverse de hacer tú sueño realidad,- agregó.
En ese momento al escuchar esas palabras generosas de su amigo, se llenó de alegría y de nuevo la felicidad toco su alma, diciéndole:
-Gracias, siento que está amaneciendo una nueva esperanza para mí sueño de irradiar esa luz del cielo.-
Francisco, le dijo con exaltación, -Vamos a buscar quien nos puede ayudar, preguntemos a los conocedores, a los que saben.-
A lo que respondió Tiba: -Muy bien empezaré a preguntar, me siento tan feliz!!-

El tiburón arrogante

Desde ese momento, empezaron Tiba y Francisco a preguntar cómo brillar como una estrella del cielo.
Una vez estando Tiba buscando respuesta se consiguió con el tiburón, con  sus rémoras y Tiba abordó al tiburón, preguntándole:
-Hola Tiburón-, saludó Tiba.
Respondiendo el Tiburón, -Hola Estrellita.
-Tú eres un pez ágil, rápido y fuerte, eres un aguerrido depredador, ¿me podrías ayudar?
-Dime Estrellita-, contestó el Tiburón, complacido por esas palabras, que acariciaba su frágil ego.
-¿Cómo puedo brillar en el cielo?-, preguntó Tiba.
A lo que respondió el Tiburón, con una gran carcajada: -Pretendes tú ser estrella del cielo, es un chiste, ¿verdad?
Con decepción por la actitud del escualo, respondió Tiba, no es ningún chiste, la verdad es que quiero ser una estrella del cielo.
-Mira estrellita-, respondió el Tiburón: -Yo soy un pez que tiene poder en el mar y no pretendo ser lo que no soy, sigue viviendo en el fondo del mar, comiendo de moluscos y viviendo tú corta vida, hay quienes nacemos para reinar en el mundo y otros para vivir en el fondo del mar, como carroñeros y tu estrellita no eres diferente.-
Tiba después de esa conversación, se sintió como si el tiburón hubiese devorado sus sueños, pensó que estaba destinada a vivir en el fondo del mar, solo  la tristeza y desilusión acompañan a Tiba en el descanso de la noche.
Con desaire Tiba le habló a la estrella del cielo, diciéndole - Supongo que mañana será un día mejor-.
El Delfín y Francisco

Por su lado, Francisco nadaba: -Ya sé quién puede ayudar a Tiba… el, delfín, uno de los seres más inteligentes y los humanos lo admiran por su perspicacia, estoy tan feliz!.-
Al verlo se llenó de alegría, saludándolo: -Hola amigo Delfín.-
-Hola Pececito- respondió con entusiasmo el Delfín.
-¿A qué se debe, tú presencia por estos lados?-, con curiosidad pregunto el Delfín.
-Quiero ayudar a mi amiga una estrella de Mar, por eso vine a preguntarte, ¿cómo una estrella de mar, puede refulgir como estrella en el cielo?-.
A lo que repreguntó con cierta extrañeza pensativa… -¿Una estrella de mar quiere brillar como una estrella del cielo?-, se hacía la pregunta en voz baja, varias veces para sí, como si fuese una pregunta que no pudiera entender y después de unos segundos contestó a Francisco: 
-Mi pequeño amigo eso es imposible, las estrellas de mar, nacieron para vivir en el fondo del mar. Imposible-.
Con desilusión se preguntó Francisco, no sabía si el desengaño sufrido era por la respuesta del Delfín o por Tiba, que no podría convertirse en una estrella de luz, a lo él añadió. -Pero Delfín, tú eres de esos seres más inteligentes, donde los humanos te admiran, ¿me dices que no es posible?-
Y él le contestó: -Lo siento mi pequeño amigo, tú amiguita tendrá que acostumbrarse a ser una estrella… pero de mar.
Se despidió Francisco del Delfín, nadando hacia el fondo del mar, lentamente desilusionado y preguntándose: -¿Cómo se lo digo a Tiba?- Con la angustia de no saber cómo sería su reacción, y desilusionado por no poder ayudarla, continúo nadando.


Una lagrima de Luz

Al día siguiente, a pesar de lo mal que se sentía después de hablar con el Tiburón, Tiba decidió buscar otra respuesta, ya le habían hablado de una sabia tortuga que tenía más de doscientos años y ella podría ayudarla, y antes de ir en buscarla, llegó Francisco.
-Buenos días Francisco-, con mucha mesura saludo Tiba.
-Buenos días Tiba, con igual ánimo, como si ambos se hubiesen puesto de acuerdo.
-Francisco ¿cómo te fue?, ¿pudiste hallar algo?-, Tiba pregunto con cierta esperanza.
Y bajando la cabeza Francisco dijo: -El delfín me dijo que no era posible-; otra respuesta que hacía que creciera la desilusión de Tiba, con desanimo le dijo a Francisco:
-Es el momento de aceptar lo que soy-, cinco lágrimas salieron de sus ojitos que se confundieron con la inmensidad del fondo del océano, viajando a cientos de kilómetros.-
Sin embargo; en medio del dolor que la estremecía vio a Francisco, quien al igual que ella, tenía   sus ojos brillosos que la conmovieron y atenuaron su desilusión, diciéndole con una sonrisa enternecedora: -Gracias Francisco, has sido un gran amigo, porque me has acompañado en este corto viaje-.
Francisco no respondió porque si lo hacía el llanto lo invadiría; además, sus pensamientos se concentraban en lo triste que se sentía su amiga.
El silencio invadió ese pequeñito fondo de océano donde conversaban Tiba y Francisco.  
Así   pasaron unos segundos, cuando Tiba irrumpió diciendo a Francisco, si ambos nos caemos en la desilusión ninguno de los dos podrá ayudar al otro y ahora me toca a mí ayudar.
 Tiba de nuevo miró a los ojos a Francisco y le dijo: -A lo largo de estos días he aprendido algo, primero hay que tener el valor de iniciar un sueño y luego el valor de la amistad, ¡gracias amigo!-

 La Tortuga en búsqueda de Tiba

Las cinco lágrimas de Tiba que habían salido de ella, viajaban a cientos de kilómetros por el océano y llegaron a una tortuga de mar. Estas lágrimas se posaron en su caparazón y la sintió, como pudo las tomó y logró distinguirla como unas lágrimas de amistad sincera, al verla pensó la tortuga: -Uhmmm nunca a lo largo de mis doscientos cincuenta años de vida había conocido unas lágrimas de ese tipo, conocida por los expertos como gotas de luz.
 La tortuga sabía, que de quien venía estas lágrimas, podría era un ser luminoso, que su luz podría compararse con la luz de las estrellas, a lo que pensó: -Viajaré a buscarla ¿dónde está ese ser luminoso?-. Pero a su vez se preguntaba -¿Una estrella celeste en el océano?-.  Con determinación agregó para si, -Es mi hora de meditar esto aclarará mi mente y de mi profundo ser obtendré respuestas-. Así que la tortuga se dispuso a meditar, se posó en una piedra en el fondo rocoso, cerró sus ojos, empezó a respirar lenta y conscientemente. Su único pensamiento era la cadencia de su respiración, así se detuvo su pesado cuerpo y su sabia mente.
En lo profundo de su meditación una voz interior le decía: -Sigue la estela de luz más clara y perfecta…, cuando no veas el camino busca la luz más clara y perfecta-.

La Tortuga y los extraños seres marinos

Al salir de su meditación, la tortuga se dispuso a partir. Para hacer el viaje, tomo solo como mapa, su intuición y el deseo de conocer la fuente de esa lagrima de luz. Se dejó llevar por una corriente submarina, a una velocidad de cientos de kilómetros por hora, no pudo sincronizar su nado con esa corriente submarina donde fue lanzado directamente hacia un hoyo profundo en medio del océano. Su caparazón sirvió de escudo para amortiguar el golpe que le propino la caída hacia la profunda fosa… por unos minutos estuvo inconsciente, se recuperó y luego de sacudirse la cantidad de arena que le cayó encima; exclamó: -Debo haber caído bien profundo, no veo nada-, con serenidad lo expresó, actuando sereno y pensando: -¿Cómo podría hacer para salir de ese lugar?, no habían pasado unos minutos cuando vio unos peces que poseen luz propia y  habitan en las profundidades de ese lugar , e inmediatamente les habló, les pidió que le iluminaran la salida de esa profundidad.
Accedieron las extrañas criaturas marinas y la tortuga pudo ver la salida, agradecido por la ayuda, se despide de estos peces luminosos, cuando repentinamente uno de ellos le preguntó a la tortuga: -¿Cómo llegaste acá?-, a lo que contestó la tortuga: -La corriente marina me trajo hasta acá-, agregó. –Estoy haciendo un viaje donde busco a un ser luminoso-, a lo que con cierta duda, otro de los extraños peces, le afirmo: -Pero nosotros somos las únicas especies marinas hasta ahora conocidas con luz propia, dentro del fondo del mar-, agregó escéptica, -¿Existen otros seres luminosos? , a lo que contesto la tortuga: -Su luz no es la como la de ustedes, es aún más luminosa, da claridad a la acción y solo algunos privilegiados la pueden ver con otros ojos, exclamó burlonamente otro de ellos: -Creo que la caída a estas profundidades te golpeo la cabeza, estas disvariando[jlt1] -, al que el resto de los singulares seres soltaron una risotada, la tortuga sonrió gentilmente ante el comentario sarcástico y la burla, a sabiendas que lo infructuoso que era discutir sobre el tema y decidió nuevamente despedirse: -Otra vez muchas gracias, hasta luego amigos-. Respondió serenamente, la tortuga, salió nadando de esa profundidad, los peces se quedaron extrañados de su reacción calmada y natural, y viéndose entre sí, como diciendo: -…pobrecita la tortuga, el golpe  le afecto la cabeza….

El caracol atrapado

Mientras tanto Tiba había desistido a ser una estrella de luz, se dedicó ayudar a otros animales marinos, peces, mantarrayas, almejas y quien estuviera en aprietos, además, mantenía aseado el coral, recolectaba algunas algas, que las guardaba con la intensión de  compartir con algún pececito  enfermo, así transcurrió la vida de Tiba.
En los corales vecinos, había uno en  particular que estaba en un acantilado en el fondo del mar y por ahí se encontraba atascado un caracol, que gritaba: -¡Ayúdenme estoy atrapado!.- a lo que escucho Tiba mientras venía de recolectar algunas algas, lo vio y decidió actuar rápido, porque el caracol era presa fácil de los depredadores que merodeaban cerca, por ejemplo  sus hermanas las otras estrellas de mar, ya que estos equinodermos son carnívoros y carroñeros, pero no el caso de Tiba , que solo comía algas marinas porque era vegetariana, cosa que la hacía especial dentro de estos animales marinos.

Al principio se asustó mucho el caracol, cuando atrapado, vio acercándose a la estrella de mar y sintió que era su fin, hacía un gran esfuerzo por desatorarse, pero no podía, y pensó el caracol: -voy a morir- al instante de forma repentina  Tiba, le dijo: -Tranquilo… caracol no tengas miedo, voy ayudarte-, pero él escéptico, seguía luchando y ahora se debatía, entre creerle a quien pensó que era su potencial comensal  o la trampa donde estaba y no lograba salir. Mientras tanto pensó Tiba:    -No hay tiempo que perder, si no lo ayudo, se van a dar cuenta los otros depredadores y va a ser su fin-. Esta se acercó donde se encontraba él y con sus extremidades lo envolvió y con el resto del cuerpo hizo una gran fuerza, aprovechando el peso de ambos, para desatascarla de ahí. Al primer intento no lo logro, al segundo, y listo salen y caen, Tiba al verse que van caer termina de envolver al caracol para amortiguar la caída de este.

Ambos caen al fondo del acantilado, ileso el caracol pero Tiba un poco aturdida,  relaja sus extremidades  para liberar y en medio del atolondramiento de la caída, le dijo al Caracol -No te iba a comer  lo que hice fue para sacarte de ahí,  sino otros depredadores te hubiesen almorzado, el caracol con extrañeza le dijo a Tiba, mientras esta se recuperaba de la caída, -Gracias, pensaba que me ibas a comer , a lo que le respondió recuperándose del golpe, -Soy vegetariana, como solo algas-. entonces respondió con sorpresa el caracol, -Es extraño conseguir una estrella de mar que no sea carnívora y además siempre son muy golosas-, inmediatamente dijo la estrella de mar: -Así se alimentan ellas, pero desde hace mucho tiempo me pregunté, si me gusta tener muchos amigos, ¿porque me los voy a comer?
Entonces el Caracol le contesto; -Desde ahora seré tú amigo estrellita, gracias por ayudarme-,  y se fue lentamente andando, Tiba por su lado lo ve desaparecer en el fondo rocoso, mientras ella  termina de recuperarse del golpe que le propicio la caída, pensó: -Eso de ayudar a otros trae sus consecuencias… pero  a pesar me siento tranquila, repentinamente se fue al momento que contempló por primera a la estrella del cielo sintiéndose  envuelta por esa luz que estaba más allá de la superficie… percepción que tuvo por unos segundos para luego desvanecerse, pensó ella, -Creo que el golpe me afecto la cabeza-, como pudo se sacudió la arena y siguió caminando por el océano, pero sin saber que ese acto noble con el caracol la había conectado con su estrella de luz   


Francisco y la medusa

Pasaron varios años,  Tiba siempre ayudaba a los demás seres marinos amigos o desconocidos, limpiaba el coral constantemente, no dejaba que los residuos se acumularan, sabía que eso podría afectar el equilibrio de la comunidad, recogía algas marinas para compartirlas, un día se vio con Francisco, ambos sintieron una gran  felicidad , se reían y hablaban de los días en que se habían conocido, mientras tanto, comían pequeños bocados de algas marinas que tenía Tiba almacenado en un pequeño lugar del coral, dispuesta a compartir, conversando, le pregunto Francisco, -Has podido hallar una respuesta-, a lo que ella responde con un aire de entusiasmo, -¿Respuesta de qué?- Francisco respondió- Eso de brillar en el cielo respondió inmediatamente el pequeño pez – ¡Ahh! bueno creo que eso se quedó atrás con mi juventud, consigo satisfacción ayudando a los seres marinos, a limpiar el coral,  ahora soy una estrella que tengo 25 años ya he vivido,- le dice Francisco -Eres una abuelita estrellita -, con tono jocoso y a la vez tierno.
Mientras tanto se encontraba observando a lo lejos entre las rocas del coral, tratando de no ser vista una medusa; Francisco y Tiba eran la presas, no dejaba de observar tan mortal criatura los movimientos de Tiba y Francisco, fijando su estrategia para devorarlos; al mismo tiempo conversaban Tiba y Francisco, le platicaba Tiba que sentía esa sensación de paz  cuando ayudaba, esa impresión no la sentía desde  hace mucho tiempo, desde que había contemplado la estrella del cielo, desde que la vio por primera vez, eso lo percibía en cuestión de segundos.

Cuando de pronto vio aparecerse la medusa, que iba directamente a tomar a Francisco con sus tentáculos, no sé dónde salieron fuerzas y  velocidad de Tiba e inmediatamente se  abalanzo sobre el pequeño pez empujándolo y exponiéndose al feroz ataque de la medusa, quien la envolvió con sus tóxicos tentáculos  y empezó a suministrarle el ardiente veneno, Tiba sentía que no podía soportar el veneno que penetraba hasta lo más profundo de su ser, gritaba por daño que le propinaba  su victimario, la estaba inmovilizando preparándola para  devorarla, el ataque que le estaba causando era mortal.
A lo lejos Francisco por su parte observaba la carnicería y la impotencia lo invadía, no podía hacer nada, la fatalidad al parecer estaba llegando para Tiba.
En ese instante en plena embestida,  Tiba, se debatía entre la lucha y la muerte, ve  hacia arriba, contempla la estrella del cielo y su mirada de angustia atraviesa las profundidades, la superficie donde los humanos son inconscientes amos, y sale al  espacio, se transformó ese tormentoso momento, en un viaje a la velocidad de la luz, cuyo destino, fue un lugar luminoso, con cristales, que destellaban colores que contrastaban, con la brillantez del lugar, se escuchaban imperceptiblemente coros muy armónicos que le causaban mucha tranquilidad a pesar del dolor que experimentaba su cuerpo; intuitivamente ella sabía había llegado a su Estrella del Cielo, había una extraña unión entre ese nuevo lugar jamás visto y ella.

Tiba y La reina de la Estrella

A lo lejos escucho una voz dulce: -El momento ha llegado Tiba-, se  hizo silencio y luego esta voz agregó: -Es, el momento de estar aquí en donde algún día saliste… estas retornando a casa es el momento de despedirte de tu océano, tus amigos, de tu ideas...-, a lo que agregó: -Ya eres parte de esta estrella del cielo, ya estás aquí, lo has logrado Tiba, tus acciones te han hecho merecedora de vivir aquí y formar parte de esta estrella, …, siempre te hemos acompañado, pero no lo podías saber,  debías vivir, en medio de tus iguales e inspirarlos a ser mejores seres marinos,

-Pero quien eres pregunto Tiba a esa voz-, -Soy la reina de luz y mi reino es esta Estrella,… te vi nacer… el día de tu nacimiento te entregué mis dones, y tú te iluminastes sin saberlo… nuestras almas se juntaron en una mirada.

Tiba intuía que era el fin de su vida en el Océano, tenía que seguir su camino en otro espacio y tiempo, sin embargo, estaba una tarea pendiente  a lo que pensó,      -Debo despedirme de Francisco, mi amigo, siento que la culpa por no lo ayudará, entonces  le hizo una súplica a la Reina:  -Por favor puedes darme la posibilidad de regresar, debo culminar algo; Francisco mi amigo debe saber que yo estoy bien y continuaré mi camino en paz, insistió ésta, a lo que contestó la Reina  -En este momento tu depredador está suministrando el veneno, para luego devorarte, no tendrás tú cuerpo para hacerle llegar tú mensaje…-, con determinación contestó Tiba Inmediatamente, -Correré el riesgo-, con gran admiración le dijo la soberana Estelar:  -Por eso es que eres una de las nuestras, tú valentía y arrojo siempre nos inspiraron a dar luz a este universo, sobre todo a los seres que reinan la superficie de la tierra, que necesitan de claridad  para salir de sus sombras… agregó, -Está bien. Ve y termina tú labor. Puntualizó la reina.

El encuentro Tiba y la Tortuga

Tiba retornó de forma inmediata al fondo del mar, sin garantía de cumplir su propósito final y sufriendo los embates mortales que la medusa  le causaba el veneno transmitido desde sus  ponzoñosos tentáculos; no había más remedio la dosis letal estaba cumpliendo su objetivo, Tiba estaba agonizando y la medusa estaba relajando sus tenazas para devorar su cuerpo; repentinamente la medusa siente  el impacto de un objeto contundente en  su cuerpo gelatinoso;  era la  caparazón de la tortuga, que veía lo que estaba pasando y decidió actuar sin pensar, tanto que nadó tan rápido que logró chocar con la medusa e hizo que perdiera su  presa, la soltó, ésta cayo y Francisco  expectante tomó rápidamente a Tiba y pudo arrastrarla  hasta los corales para  ocultarse de la medusa. Al otro lado se debatía la Tortuga y la medusa, está grito, -¡Deja  mi presa!- le dijo a la tortuga  a lo que esta respondió:  -Dejó de serla al instante soltarla, si la quieres tendrás que vértelas conmigo, esta caparazón  es mi escudo,   pero mi arma más poderosa son mis  250 años, sí aprecias tú vida  y tú amor propio, mejor que te alejes- segura y con tono desafiante  exclamó la tortuga  que veía fijamente a su rival con la serenidad propia de la experiencia de haber ganado muchas batallas, pero la más gratificante; la interna. La medusa dentro de su practicidad, no le quedo más que voltearse y alejarse.

Francisco observaba la situación, mientras Tiba sufría las quemaduras del veneno que ya habían penetrado sus órganos vitales, dándole paso a lo que sería su final, haciendo un gran esfuerzo le dijo a Francisco: -Amigo pude unirme a la estrella del cielo, a lo que Francisco no cuestionó por respeto, sin embargo lo tomó como un síntoma del veneno, Tiba insistió, -Es verdad, es tiempo de despedirnos, administrando cada palabra, cada halito vital; no obstante, soltó una última lagrima y Francisco fue testigo de eso, de nuevo se posó en la tortuga que se incorporaba después de su heroica defensa, está  se acercó a la estrella de mar y a francisco, ¿esa lagrima ha salido de la estrellita de mar? A lo que pequeño pez le contestó afirmativamente con la mirada baja consternado por la agonía de su amiga y le dijo a Tiba: -¡Por años te he estado buscando!...  ¡tú eres ese ser!, la evidencia viviente que las estrellas de cielo vierten su amor en el mar y viven con nosotros, nos  indican el camino hacia la luz por medio de acción.

El viaje a casa: la despedida

Francisco escuchó atentamente lo que le decía la tortuga, intuyó que podría hacer algo para salvarle la vida a su amiga, a lo que le preguntó: -¿La puedes salvar?, contestando con aire resignante la tortuga; -Aunque pudiera amigo, no puedo interferir en su destino, es necesario que siga su camino y el de ella es brillar-, Tiba interrumpió con gran dificultad al hablar: -La tortuga dice la verdad Francisco, llegó el momento de mi partida. –Con lágrimas en los ojos y con duda, expresó, -Pero el ataque era para mí-, la tortuga se refirió a Francisco y le dijo: -Esta estrella de mar es una expresión de amor de luz y ella te amaba-, acercándose la tortuga al pececito le susurró, -Déjala ir-, sin pensarlo Francisco, le dirigió a Tiba, -Para mí siempre has brillado… me enseñaste el valor de amor hecho acción Adiós, te extrañaré -, en ese momento poco a poco el cuerpo de Tiba se iba iluminando, transformándose repentinamente en un rayo de luz que surcó el fondo del mar hasta el espacio, confundiéndose con las Estrellas del cielo.
Ahora Tiba se encuentra iluminando desde una Estrella en el cielo dándonos su luz a sus amigos conocidos y desconocidos.









 [jlt1]Mejor decir alucinando

jueves, 12 de octubre de 2017

La Sayona de Turmero


El Secreto de la Plaza y la Sayona calva de #Turmero

La amante del marido de la Sayona
de Turmero



Todos los originarios de Turmero, capital del Municipio Santiago Mariño hemos sido testigos, silentes o activos, del misterio que envuelve la plaza principal, anclada justo frente a la añeja y aturquesada Iglesia de la Candelaria. − La gente se pierde −; es el corrillo popular. Así sucede…el pueblo se pierde; originario o forastero. Miles de relatos anegan la cesta de testimonios sobre la magia, mefistofélica o hechicera, del centro del acalorado pueblo. Todos, sin excepción, pueden ser víctimas del sinsentido que rodea sus pasos cuando, a ciertas horas, en ciertos días, la gente cruza por el centro de la plaza y es sólo la desorientación lo que les asedia el aura. Se pierden, extravían, hasta ¿quizás?, se descocan; por los senderos de Hades, dicen los cultos, por los derroteros de Oya, tararean los santeros y hechiceros, por el caos de la Virgen de la Candelaria, murmullan las viejas beatas de la iglesia en Semana Santa. 

Cuando el frenesí del oscurantismo toma la mente de sus víctimas que trasiegan por el centro del pueblo, sus pasos siempre llegan certeros al cementerio. ¿Al nuevo o al viejo? Algunos cuentan que la Virgen de la Candelaria se asustó el día que Boves, el realista español, ¡la furia de Dios! Como lo llamaban los patriotas. se sintió despreciado por los curas de la iglesia y los asesinó a todos sin contemplaciones. 

La leyenda versa que el general Bolívar y sus centauros patriotas cruzaron el pueblo de Turmero y los pobladores largaron una gran fanfarria por el festín del cruce de los visitantes libertarios. Los curas salieron en tropel al tiempo que sonaron la pesada campana de cobre y un; tin, ton, tin, ton alborozaron los sombreritos que aletearon entre palmas, mientras un corrillo de alpargatas se amontonaron en hilera a lo largo del camino, hasta llegar a la plaza, para saludar al Libertador. Días después del alborozo, Boves, persecutoriamente esperó un recibimiento con idéntico alborozo, pero sólo un desprecio espeso sumergió las calles, el aire y la iglesia del acalorado pueblo de Turmero. Ninguno de los habitantes se asomó a recibirlo, ni un mustio saludo desde las casuchas más lejanas. 

La ira de Boves creció como un Samán y ordenó la ejecución de todos los curas, justamente en la plaza principal, como forma y medida de aleccionamiento a los todos los habitantes. Los cuerpos bamboleantes de los hombres con sotana colgaron yertos, goteando una lluvia de sangre y regando la tierra con la comparecencia del asesinato. Fue entonces cuando La Virgen de la Candelaría salió de la iglesia y frente al crimen horripilante se asustó, ¡asustooó, asustooooó!..., aún hoy, el eco de su desazón vaga a través de la polvareda maloliente. Así quedó, por segundos, minutos, horas, años siglos…, en lugares inimaginables del espanto y la perdición. Lugares malditos por el odio y el crimen.

También cuentan que una mujer de Turmero, Mirla Esquival, en luna llena, paseando por la plaza se desorientó y cuando arribó hasta el nuevo cementerio, acurrucado en la Encrucijada, encontró entre tumbas y mogotales, a su marido manoseando a su bella amante. Fue tanta la indignación y la cólera de la esposa fea por la traición y la infidelidad, que todo el cabello se le cayó al instante y un escorbuto perenne, hecho de hiel y sangre, anegan su garganta para siempre. Desde ese día, la turmereña recorre las calles, ataviada con su pantalón gastado de licra coloreada, arrastrando el carrito de mercado a cuestas, la calvicie desolada, envuelta en tules malolientes y gritos de corneta vieja, desmadejada en el dolor dolor, eructando un gargajeo sangriento y odiando a las demás mujeres, particularmente, aquellas buenas mozas, con cuerpos de sirena y lacias melenas. 

Dicen que en las tardes, la calva del escorbuto hediondo, se sienta en los bancos de la plaza y deja colar su odio y resentimiento, chismeando y despotricando de las damas bellas de Aragua toda. A veces, los curas narran que cuando la confiesan se alertan que algo muy malo está tramando, pero ellos saben que la Virgen de la Candelaria la vigila por su perversidad de bruja mala y su hipocresía de buena beata. 

En las noches Mirna Esquivel, la vieja del centro de Turmero,  ciñe su mofletudo cuerpo en trapos blancos, se amarra un viejo tul en la cabeza y toma la plaza, recordando el día de su boda y deambula, vociferando y gritando, insultando a todos los habitantes por la traición de su esposo y de su bella amante. Si algún día se topan con la calva del asqueroso escorbuto, es la Sayona de la Plaza de la Turmero. Entonces, crucen la calle con velocidad felina, pues ésta sigue arrastrando su magnánimo resentimiento por el encuentro del cementerio y es capaz de arremeter contra cualquier mujer. 

También se cuenta  que en luna llena ella vaga abatida por los lares del odio. A veces, cuando me la tropiezo de frente, siempre busco mi Rosario y lo riego entre mis manos para que Mirna, La loca del centro, vuelta un demonio se aleje de mi vera. 

¡Uuuuuuu que miedo! ¿Cuántas veces nos perdimos en Turmero?... ¿Cuántas?... 


¡Suspiro Hondoooooooooo!









martes, 12 de septiembre de 2017

Entre tubos de Neón

Entre tubos de Neón
A    los participantes del taller:
“Vamos a Escribir sin Miedo”
 
Hay muchas formas de abordar un taller de literatura, desde los empinados cenáculos de los clásicos inmortales, hasta la poesía y narrativa breve…, más bien brevísima…, que vuelan en instantes a través de las redes sociales, nuevos mandamás de tendencias y modas, que van dando forma diaria a la vida humana y a su obra, en medio del colapso de la sociedad del rectángulo, que sólo deja tiempo para posar sus pupilas en letras condensadas, con significados impactantes y luminosos, repletos de figuras turgentes y tubos de neón. La literatura, como toda obra humana, cambia y se despereza como la lechuza de Minerva, mostrando el aroma y el sabor de su terruño, usando temas añejos, con deditos nuevos que tintinean sobre computadoras de última generación. Este es el fenómeno del referido taller de letras, donde se escogió al Estado Aragua como telón de fondo para reencarnar el arte de la literatura.


¿Pero quién puede contra la magnificencia canónica de los clásicos de la literatura? Sus castillos y personajes… ¡¿Quién se atreve a retar la inmortalidad de los grandes de las letras?! ¿Un Cervantes, con su Quijote a cuestas y la mansedumbre de su Sancho?… Dostoyeski, Hamelt, El Marqués de Sade, Goethe, Mary Shelley , Victor Hugo, Charles Dickens, Julio Verne, Oscar Wilde, Franz Kafka, Marguerite Duras, Truman Capote, Andrés Bello,  Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo.


¿Quiénes?..., tantos, tantísimos escritores célebres que ya lo han escrito y han inventado todo…, todo, sin dejar espacio para una letra más… ¿Qué hacer y qué escribir cuando los personajes están completos en el repertorio de lo sagrado que constituye la obra de arte literaria, como símbolo entre el inmortal y la obra humana? ¿Quiénes, pues, han retado al destino? ¿Quiénes han abierto una senda nueva?…. Tamaña herejía de los naipes letrados…

Así es el ingenio y el deseo humano, que preñado de lirismos y sueños buenos, nos emocionamos ante los poemas de Tania Pacheco, quien con sus ojos de melaza la arrastraron hasta la realización de su deseo: Hacer un taller de escritura que la enseñara a navegar a través de las profundas aguas de la literatura. Como si mirase a lo lejos por la circunferencia de un viejo calidoscopio, un nuevo mundo. Y como Dios premia a los hijos buenos, no tuvo que alejarse grandemente de su casa, surcar los aires, ni remontar empinadas montañas, para encontrar el cántaro de nuevos conocimientos y sensibilidades que le permitieran lograr sus deseos de artesana de la palabra. Fue como si la poderosa Maracaya, arcaica y de fiera raigambre, le hubiese arrojado la presa sobre su regazo. 


Así, en los recovecos y luces opacas del salón universitario, Tania comenzó un viaje sin retorno hasta el nunca volverás atrás. El miedo salió de sus huesos como si una delicada aguja le extrajera la sangre y empezó, pueril y lentamente, a mostrar su sonrisa y a develar que la poesía, los estribillos y la armonía de los versos, no sólo formaban parte de su repertorio…, que había más, mucho más. Sintió el gélido impacto de la explosión creativa que reventó dentro de sí, justamente a la hora de cantar el gallo y sin más, tomó el lápiz y el papel y narró su primera historia. El relato del amanecer que la
comprometía con trasegar un camino. Así, Tania Pacheco, la mujer de los poemas y las poesías, nos relató su historia compromiso donde, finalmente, comprendió su teleología: Ella era una escritora; escritora con E mayúscula, más allá del sentimiento y el dolor, más allá del compromiso familiar. Así, Tania en las letras madrugadoras nos contó como algo que explotaba a diario dentro de ella, tan importante como el gran amor por sus hijos y por su marido Iván, se había salido de control hasta llegar al cuaderno vigilante de la mesa de noche. Entonces, nos mostró un amor existencial que se da y se siente en la espesa asfixia que produce no querer ser y hacer más que eso: una escritora. Así, ella, decidió dar curso a la travesía y dejar que la pluma desmenuzara una narrativa que trascendiera los estribillos de siempre.

De pronto, emerge Dania Loggidice, con su morral escarchado a cuestas, lleno de acertijos y sueños. Sus largas y esbeltas manos de pianistas que se aferran al lápiz y al papel, que como náufragos buscan salvar su vida. Sus historias, recrudecen todas las historias del mundo, reencontrándose en el espacio infinito, como recreando un nuevo Principito, mirando culebras y elefantes saltarines o emergiendo desde pozos de sangre fétida que se albergan en las líneas de libretas viejas… ¡Oh!, la adolescencia, la juventud llena de horizontes, inocencias y colores. Entonces, su padre y madre, candorosos y eternos compañeros de vida, la acompañan hasta la puerta del taller, pues barruntan, desde siempre que la magia de una imborrable escritora llenará para siempre su hogar y sus vidas. Ella tiene aroma y sabor a escritora famosa, pues ya, en sus ojos serios,  la profesión del crear sueños con letras, le tiñen la mirada curiosa. La niña de la casa tiene la vocación, la textura y el tesón para entregarse al comprometidomundo de la literatura y ellos, padres responsables y amorosos,lo dan todo para su fortalecimiento y formación.

¿Y no es de amor que está llena la literatura? Amor por las letras y el arte, por la historia y la metáfora, por existir más allá de los límites de la memoria… La niña Dania, alta como una espiga de trigo bien abonado, nos mueve para hilvanar el lenguaje correcto, cuidar el fondo y la forma, no perder la raigambre de sentir que en cada hijo o hija  de Venezuela tenemos uno que es propio, tal como alguna vez nos lo regaló el poeta Andrés Eloy Blanco a través de Los Hijos Infinitos.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda…

Y luego se toma agua, en vasitos que como enanos surgen de la amabilidad y la cordialidad de los colegas docentes, recreando la vista en el gato dorado que decora alguna lámina de la profesora. Ojos de acero y oro, ojos asesinos y bigotes de seda que rompen la quietud de las letras, dando paso a imágenes que recuerdan que en la vida, alguien muere convirtiéndose en víctima y alguien sobrevive como cazador. Leyes de la vida terrestre y mortal, planeta primitivo y desconocido aún, como los escritos de Tomedes que con sagacidad felina, el hombre callado entrega. Allá va el primer manuscrito del taller. Lo posa lentamente sobre el regazo de la facilitadora. Él la mira fijo a los ojos y le dice tantas cosas, sólo con el mimético gesto que deja escapar un susurro: 

−Léalo cuando tenga tiempo y después me comenta−, fueron los ecos lejanos. Entonces, la rubia toma el pliego y la curiosidad la ciega…, no tiene tiempo que perder, pues la ansiedad le anega el rostro. No puede esperar más para saber que dicen todas las palabras juntas. Es cuando la obra de Tomedes inicia su recorrido a través de ojos y mentes extrañas. Se descosen sentimientos y personajes que vagan a través de sensaciones que forman un nuevo relato que avanza incontrolable hacia la otredad.

Así, la historia prospera, dubitativamente por entre manos amigas y compañeras. Impele acurrucar amorosamente la obra nueva, alejándola de la crítica absurda y malévola del mercadeo interesado. Se reniega de los expertos literatos que desde el empinado espacio de sus propios intereses, usan el trabajo de los demás para sacar algo propio a cambio…, pues así, muchos críticos, sin dar nada, como zamuros, quieren vivir de la carne y las letras ajenas. Viejo bolso de iniquidades vanas las de ésos.
¡No señor!.  Entonces, la mujer sonríe avezada entre las letras, acurruca el manuscrito de Tomedes entre su falda floreada y luego mira al cielo, salpimentado de lámparas de neón apagadas y cierra los ojos como acuñando en la mirada cegada, un nuevo mundo. ¿Le habrá gustado?..., pensaron todos en silencio… ¿Qué escribió Tomedes? y  la curiosidad embistió las entrañas de los asistentes. Allá queda la obra de Tomedes, expectante, como el niño que entrega el dibujo a la maestra en espera de la nota, decidiendo si ¿será pintor o poeta?, ¿si el verde o el gris volverán a tocar el lienzo de la hoja?, ¿si, finalmente él terminará siendo funcionario o simplemente un poeta?


Nadie se mueve y la tensión no cambia de forma…, ni el hambre, ni la fatiga abaten a los nuevos escritores. La inmortalidad vale la pena y puede ser de cualquiera…Hay que pagar el precio por ella y Valentina lo sabe bien. Su sonrisa lo devela, siempre atenta y reflexiva. No se esconde como, por el contrario se muestra. Nació para estar en la vida sin que nada la moleste ¿Por algo se llama Valentina, como el Santo del amor? En ella no hay tragedia… ¿quizás un poco de épica? Su risa resplandece más que las luces del techo. Su curiosidad se expande y recrea su obra completa. ¿Qué y cómo escribí lo hecho? Un auto interrogatorio recursivo, íntimo…, quizás hasta un tanto melancólico. La historia no perdona y detrás del recuerdo camina la memoria, el sentimiento, la pasión… ¿la tristeza? Llega su hermana, la bella como la Remedios del colombiano, con su figura esbelta, dormida y lerda. Venus que reencarna en cada descripción de la belleza. ¿Y quién no se arriesga por la belleza? Ella es el Paris de la Helena dispuesta a desmenuzar, nuevamente, la historia de canto a la imagen de su hermana suelta.


Y como el amor siempre es caritativo y apoya la brega de los escritores…, jugosas naranjas y melocotones nos abrazan traídos por sus manos de seda. El olor pacífico nos invade y Valentina nos
recrea con su dulzura y sus mieles. Piensa, habla, comparte, dejando caer sus historias desde el suelo al techo, desde el corazón al trasmundo…, tierra de poetas y poemas cansados…, tierra de descubrimientos.


Pero no hay descanso para el alma infatigable de los investigadores y Malva Higuerey no se doblega ante las explicaciones. La ciencia duda, sin esta última no podría llamarse ciencia. No cree y no debe creer…, se interroga, se increpa a sí misma sobre sus historias, el mundo… va y viene, se pierde y se encuentra en el repertorio de sus reflexiones. Una nueva materia la arropa y presta indaga la verdad. Silente busca el jaque mate a sus disquisiciones.  Malva transita a ciegas por su nueva obra y eso le crispa el entendimiento, no hay método, ni episteme para la doctora Malva que la oriente en esta nueva faena. ¿Pero, como dejar atrás todo lo aprendido y sabido? ¿Cómo desandar el camino duramente construido durante toda una vida? Impele unos nuevos lentes y una nueva mirada. Sin método, sin razón, la científico tiembla. Pero la obra de arte la seduce, tanto como la verdad de la ciencia. Se inquieta y comienza nuevas búsquedas y estudios. Abatida por la alea de la creación confiesa a manera de himno novel:

Esto es nuevo para mí, ustedes han hecho que interrogue mis lentes y métodos de siempre−.


La novedad la arrodilla y la retorna a la caverna platónica desde donde ningún científico ha salido nunca jamás. Despistada y novata resuelve comenzar de nuevo, con sus disquisiciones e interrogatorios de siempre. Mantiene su paso de celadora universitaria, recrudece su rostro de piedra, acostumbrada a no saber y a comenzar de nuevo todos los días. Un trabajo repugnante como el dar vuelta alrededor de un viejo molino, sin descanso, ni tregua.

Por los recovecos del amplio libro que inicia su historia vigila Iván, cautivado por la novedad de todas las palabras y  las cosas. Es como si más allá de sus diseños y obras de arte se le develara un nuevo mundo. Él, convertido en un pequeño Colón se extasía ante el encuentro. Tantas cosas nuevas lo obnubilan y hasta cierto punto lo amedrentan, pero Iván es terrible y avanza hacia lo inaccesible. Reflexiona sobre el apoyo a los valores de la familia venezolana y se regocija ante el deber cumplido.  Lo importante que es la plasticidad de un buen gerente amanece allí.

El final llega inexorable y la profesora María Mas sale cansada de la sala de clase y cierra la puerta.


María Guasare Herrera Mas
Maracay, tierra de la Maracaya
Abril del 2017


miércoles, 24 de mayo de 2017

Los Heraldos Negros y una novel locutora que declama en Aragua

Los Heraldos Negros y una novel locutora que declama en Aragua


Una tarde de Aragua fue el tiempo del encuentro para nuevos locutores. La preocupación en la voz melódica y en su entonación flotaba por doquier. Los minutos corrían pensando el mensaje y los oídos de otros..., desconocidos..., lejanos..., pero deseables, al fin de cuentas. Ejercitábamos la garganta y el entendimiento para graduarnos como locutores de profesión.

Tanta gente distinta hacía una variopinta cosmopolita y divertida a la vez. En mi salón voces de grandes tenores acurrucaban la partida del sol, tanto como la coreografía armada por nuestro profesor que hacia las veces de mentor y mecenas de  acordes vocales diferentes.

Pruebas con micrófonos y sin ellos; trabalenguas y palabras saltimbanquis nos invitaban a la innovación y a la comunicación en masas. De pronto, llegó el ejercicio a las manos de Adriana Malvestuto y mi curiosidad no se contuvo. Revisé el pergamino cauta, por el rabillo del ojo. ¡Oh sorpresa! una clásico, sin parangón: Los Heraldos Negros, del gran poeta Cesar Vallejo.

¡Dios!, cuanta fuerza y tristeza... ¡cual voz puede darle sonido a tamaño poema, cumbre de la obra de arte. ¡Un inmortal!. Adriana,
Adriana Malvestuto
impresionada por la fuerza de Vallejo y su tristeza, escuchó sin reserva mi relato:

Es un poema triste de luto y dolor. La pérdida del hermano menor del poeta lo inspiró. Pero ¡quien no sufre por un gran amor que se va para siempre! ¿Quien no ha sentido el látigo de la muerte en las entrañas es aún medio humano?..., no sabe de dolor, soledad y lejanía.

Adriana con sus ojos de acertijo me observaba con la fijeza de una tigra Maracaya en cacería. Luego, balbuceo un soliloquio que removió  sus entrañas y concluyó con un "Comprendo"; que auguró una metamorfosis personal.

La hora llegó y Adriana Malvestuto inició la travesía hacia la reencarnación de Los Heraldos Negros de Vallejo. A media que corrió su interpretación perfecta, la melodía de su voz grave y aterciopelada dio sentido y entonación al poema y vimos como potros salvajes y desquiciados del temerario Atila destrozaba el sarcófago de las almas en el apacible calor de Aragua. Sus lagrimas corrían sueltas por sus mejillas morenas y el cuerpo le temblaba de tristeza honda.


Todos los locutores aplaudieron la magnifica escenificación hecha por la joven mujer, mientras yo, me quedé embelesada en tantas cosas: La magia y los múltiples talentos de la Adriana Malvestuto y de tantas mujeres Venezolanas, el privilegio de enseñar y educar, el encantamiento de la voz y la radio, lo inmenso e inmortal del arte, la poesía, la literatura y el dolor inmenso, infinito, inolvidable que produce la muerte del amor querido..., del que se va para siempre. Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! 

Poeta Cesar Vallejo

LOS HERALDOS NEGROS
By: Cesar Vallejos

Atila
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! 
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, 
la resaca de todo lo sufrido 
se empozara en el alma... ¡Yo no sé! 

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras 
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. 
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; 
o los heraldos negros que nos manda la Muerte. 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma 
de alguna fe adorable que el Destino blasfema. 
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones 
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. 

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como 
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; 
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido 
se empoza, como charco de culpa, en la mirada. 

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!






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